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Respuesta a algunos camaradas de Anvers[1]

 

 

Noviembre de 1935

 

 

 

Al Secretariado Internacional:

 

No cabe duda de que la carta de los camaradas de Anvers es dictada por las mejores intenciones, pero contiene una serie de evidentes malentendidos.

a. Los camaradas de Anvers nos acusan de no en­fatizar el trabajo común entre Charleroi y Vereecken. Consideran que nuestra actitud está guiada por un sentimiento "incorrecto" hacia Vereecken. Asombrosamente, los amigos de Anvers hacen caso omiso a que el grupo de Charleroi no esté vinculado al SI y no haya firmado la Carta Abierta.

¿A qué se debe? A la situación especial del grupo de Charleroi en el Partido [Laborista] Belga y en su ala izquierda. Que la línea política de Charleroi sea justa o no, es otro problema; pero esa línea política posee su lógica. Al postularse la tarea de influir en el ala izquierda mediante la colaboración fraternal, el grupo de Charleroi no quiere aparecer ante la misma como agente de una organización extrapartidaria. ¿Es legí­tima esa táctica "acomodaticia"? Desde luego, tiene sus aspectos peligrosos. Pero si existe una firme cohe­sión interna, los resultados positivos pueden compen­sarla con creces. Si el grupo de Charleroi considera que por el momento es imposible mantener vínculos oficiales con el SI y firmar la Carta Abierta, ¿cómo se les puede exigir que establezcan vínculos oficiales con Vereecken? Debe agregarse que ni el Secretariado ni las organizaciones que han firmado la Carta Abierta pensaban ni piensan que los camaradas de Charleroi sean capituladores o traidores. En cambio, el camarada Vereecken sí arrojó estas acusaciones en su contra, y no ha corregido estas posiciones falsas y evidentemen­te sectarias hasta el día de hoy.

b. El Secretariado está dispuesto a hacer todo lo posible para facilitar la futura colaboración; lo demos­tró al brindarle al camarada Vereecken la oportunidad de firmar la Carta Abierta y al entregarle todos los do­cumentos. Bastan dos segundos para romper una pier­na, pero el hueso necesita varios meses para soldarse. Todos conocemos bien las cualidades revolucionarias positivas del camarada Vereecken: su intransigencia ideológica, su dedicación a la causa, su constancia. Pero a través de los años también hemos llegado a co­nocer muy bien sus cualidades negativas: la falta de equilibrio y de sentido de la proporción, la propensión a exagerar, su indisciplina y sus caprichos: rasgos, todos ellos, característicos del sectarismo. El centralis­mo democrático también le impone obligaciones a la oposición: si cada cual actuara únicamente según su parecer, inevitablemente se destruirían tanto el centra­lismo como la democracia. No sé dónde han visto los camaradas de Anvers ese centralismo democrático ideal que ellos, a la zaga de Vereecken, nos enrostran; estoy seguro de que no en este mundo. Pero opinamos que al presente ninguna otra organización discute con tanta honradez y buena fe, no sólo de forma, sino también de contenido, y resuelve todas las cuestiones en debate tan democráticamente como nuestra organi­zación. Por supuesto que se cometen muchos errores, Pero Vereecken viola el abecé del centralismo democrá­tico diez veces más que el grupo de Charleroi. El ar­tículo de Vereecken de agosto, por su falta de equili­brio y de sentido de la proporción no sólo es erróneo, sino directamente criminal. Ningún obrero que crea realmente en el artículo de Vereecken se unirá a la Cuarta Internacional y, puesto que el grupo de Ve­reecken está condenado a vegetar impotentemente fuera de la Cuarta Internacional, el artículo sólo servirá para minar sus propias bases. Esa es la suerte que corre el sectarismo en general. Respecto a las cues­tiones francesa y belga (por no mencionar otras), Vereecken cometió tantos errores que debió volverse más prudente. Sin embargo, cuando el SI le arrojó una tabla de salvación, él respondió arrojando piedras. Es por ello que yo, personalmente, me vi obligado a escri­bir un artículo contra el sectarismo para nuestra pren­sa, tomando a Vereecken como modelo.

c. En relación con el centralismo democrático, los camaradas de Anvers trazan un cuadro donde el grupo de Charleroi aparece obedeciendo las "órdenes" del Secretariado. En realidad, el grupo de Charleroi deter­mina su propia política con gran independencia, aunque no en forma tan anárquica como el de Vereecken. Personalmente, he estado en desacuerdo con más de una resolución tomada por nuestros amigos de Char­leroi, y lo he dicho. Pero los considero camaradas, no capituladores ni traidores. Allí está la diferencia. Pero Vereecken quiere reservarse el derecho de fustigarlos por su capitulación, y al mismo tiempo... exigir su cola­boración. Naturalmente, es improbable que Charleroi acepte. Si quiere recuperar nuestra confianza, es decir eliminar nuestro temor a sus maniobras anarquizantes, Vereecken deberá reconocer abiertamente que su posición acerca de la cuestión francesa ha sido un error del principio al fin, que la realidad refutó sus acusa­ciones contra el Secretariado e igualmente contra el grupo de Charleroi.

Conclusión práctica: Vereecken rompió un hueso que debemos curar con paciencia y perseverancia. Para ello es necesario que Vereecken permanezca entre los grupos de la Cuarta Internacional. Por supuesto, eso no significa que pierda su derecho a criticar. Pero debe usar ese derecho equilibradamente, con sentido de la proporción (esa es la demarcatoria entre la crítica marxista y la crítica sectaria). Y no estaría de más si agre­gara... una pequeña dosis de autocrítica. Bajo estas condiciones se garantizaría la reconstrucción de la uni­dad. ¿Cómo? No puedo predecirlo. Depende en gran medida de la situación especial de Charleroi. Pero esta situación especial no se prolongará para siempre. El partido revolucionario puede y debe construirse simultáneamente desde distintos ángulos.

 

Crux [Trotsky]



[1] Respuesta a algunos camaradas de Anvers, De una carta o boletín mimeografiado del SI, publicado el 17 de noviembre de 1935. Traducido del francés [al inglés] para esta obra por Naomi Allen. Trotsky responde a un grupo de Anvers que había enviado una resolución al SI, relativa a las relaciones entre distintos grupos belgas. El grupo de Vereecken estaba en Bruselas; el grupo de Charleroi, dirigido por León Lesoil, era el centro de la sección oficial, que había entrado al POB.



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