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Presentación a El programa de Transición y la IV Internacional

Es la primera vez que, según nuestro conocimiento, se publica en español, una compilación que reúne no sólo el texto “La agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional”, más conocido como El Programa de Transición, y sus discusiones previas, sino gran parte del material disponible en otros idiomas de la Conferencia o Congreso de fundación de la IV Internacional, del cual el Programa fue su documento fundamental1.
Esta compilación reúne discusiones, artículos, cartas de los momentos previos de elaboración (marzo de 1938); los documentos que fueron presentados para la discusión y votación en la Conferencia; los que discutió la casi paralela Conferencia de la Juventud de la IV Internacional, las discusiones realizadas durante la misma Conferencia, así como artículos y discusiones posteriores.
Por lo extenso del material reunido para esta edición, junto con los textos impresos adjuntamos un CD con un conjunto de otros artículos. La compilación de Rodolphe Prager, Les Congrès de la Quatrième Internationale, aporta gran parte de estos documentos, aunque no incluye el
Programa. Otros textos fueron publicados por Pierre Broué en Cahiers Léon Trotsky Nº 1. La primera edición inglesa que incluyó junto con el Programa parte de las discusiones previas fue la de Pathfinder Press en 1974, en francés fue reproducido por La Brèche en 1977 y en español por Editorial Crux2.
Una importante cantidad de artículos y cartas fueron publicados en español en los Escritos (1929-1940) por Editorial Pluma en 1979 y en Œuvres del ILT. El primer en inglés borrador del Programa se publicó en enero de 1938 y una segunda versión en febrero del mismo año. Las discusiones previas a su aprobación fueron extensas y las más importantes se dieron entre
Trotsky y una delegación del SWP norteamericano.
Como refleja la carta inédita en español3 de Trotsky a Rudolf Klement (organizador de la Conferencia), Trotsky escribió una versión definitiva del programa en abril de 1938 y se la entregó a Klement en ruso e inglés. Jean Van Heijenoort (secretario de Trotsky en México) realizó la inmediata traducción al francés, idioma en el que fue publicado por primera vez en la revista del POI, Quatrième Internationale Nº 8 de mayo de 1938. Klement, en otra traducción inédita en este CD, informa que se publicó en ruso el Biulleten ruso (Nº 66-67 de mayo-junio de 1938, según Editorial Crux) y en alemán como Boletín Interno del SI y en inglés en el Boletín Interno del SWP. También fue publicado en español. Estas publicaciones permitieron la discusión en las secciones nacionales. Éstas continuaron a través de cartas, entrevistas o artículos hasta días previos a la realización de la Conferencia.
Aunque se propusieron algunas enmiendas durante la Conferencia estas no fueron adoptadas por ser minoritarias. Por ello consideramos que las diversas publicaciones posteriores, con algunas modificaciones, se basaron en el texto original escrito por Trotsky en abril de 1938.

En la época actual, es necesario un programa de transición

Al igual que otras ediciones, hemos comenzado esta compilación con el prefacio “A 90 años del Manifiesto Comunista”4 bajo el fundamento que para Trotsky el Programa de Transición se corresponde a una época determinada. Haciendo un análisis de las ideas “que conservan todo su vigor como aquellas que requieren una modificación o ampliación importante” del Manifiesto, Trotsky reafirma en este texto que, a diferencia del siglo precedente y desde la Primera Guerra Mundial (cuando la economía mundial demostró su estancamiento y decadencia), las premisas objetivas para la revolución proletaria están más que maduras. Para Trotsky, Marx y Engels habían subestimado en 1848 las posibilidades que el capitalismo tenía de continuar desarrollándose y sobrestimaron las posibilidades revolucionarias del proletariado de su propia época. Esto, paradójicamente, les permitió elaborar una serie de consignas “que corresponden al período de transición directo del capitalismo al socialismo”. Desde este punto de vista para Trotsky, a pesar de la autocrítica posterior de sus autores respecto a que no habían advertido que el capitalismo iba a tener un nuevo momento de desenvolvimiento, estas consignas “conservaban todo su vigor”5.
El Programa, como queda reflejado en esta compilación, fue elaborado en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, tras una serie de importantes derrotas sufridas por el movimiento obrero y de masas (Alemania, Austria, España). Cuando el fascismo, a través de la coerción y represión, y los “Frentes Populares” (el stalinismo y la socialdemocracia), a través de la colaboración de clases, atenazaban a las masas para ser usadas como carne de cañón en la guerra imperialista. La contradicción entre la madurez de las condiciones objetivas (el estancamiento de las fuerzas productivas enchalecadas por las fronteras nacionales, los enfrentamientos interimperialistas) y la inmadurez de las condiciones subjetivas (la conciencia de las masas, el partido revolucionario) para la revolución socialista, estaba en su brecha más aguda. Era necesario un programa de acción, un puente, para superarla. Y una dirección decidida a llevarlo adelante.
Como define Trotsky en el Programa de Transición: “La tarea estratégica del próximo período –período prerrevolucionario de agitación, propaganda y organización– consiste en superar la contradicción entre la madurez de las condiciones objetivas de la revolución y la falta de madurez del proletariado y de su vanguardia (confusión y desmoralización de la vieja dirección, falta de experiencia de la joven). Es preciso ayudar a las masas, en el proceso de sus luchas cotidianas, a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa de la revolución socialista. Este puente debe consistir en un sistema de reivindicaciones transitorias, partiendo de las condiciones actuales y de la conciencia actual de amplias capas de la clase obrera y conduciendo a una sola y misma conclusión: la conquista del poder por el proletariado”6.
Para Trotsky el programa es producto de la época pero, a su vez, de la experiencia histórica. En ese sentido, este programa expresaba la experiencia y las lecciones sacadas por la Oposición de Izquierda que surgió en la URSS en 1923, pero fundamentalmente es a partir de 1928, luego del VI Congreso de la Internacional Comunista y la formación de la Oposición de Izquierda Internacional, que “comenzó el trabajo colectivo que después de diez años llevó a la elaboración del programa que recientemente adoptó nuestra conferencia internacional”7.
Este trabajo colectivo incluía fundamentalmente la experiencia del fascismo en Alemania, la lucha contra los Frentes Populares en España y Francia, el análisis y la disputa contra la degeneración burocrática de la Unión Soviética y la Internacional Comunista y la intervención en la lucha de clases en EEUU. Sin embargo, Trotsky no consideró a éste como un programa acabado: “todavía no se trata del programa de la IV Internacional. El texto no contiene ni la parte teórica, es decir, el análisis de la sociedad capitalista y de su fase imperialista, ni el programa de la revolución socialista propiamente dicha.
Se trata de un programa de acción para el período intermedio. Me parece que nuestras secciones necesitan este documento”8.
El programa se había formado a través de múltiples experiencias, no era un programa elaborado a priori ni un programa acabado, pero: “¿Qué es el partido? ¿En qué consiste la cohesión? Esta cohesión en una comprensión común de los acontecimientos, de las tareas; y esta comprensión común, es el programa del partido”.
Al mismo tiempo, el programa necesita esta cohesión a través de un partido para ser aplicado: “La importancia del programa es la importancia del partido. El partido es la vanguardia de la clase. El partido se forma por la selección entre los elementos más conscientes, más avanzados, más fieles, y puede jugar un importante papel histórico y político que no está en relación directa con su fuerza numérica”9.
Como el Manifiesto Comunista o como las resoluciones de los cuatro primeros congresos de la III Internacional, el Programa de Transición constituye uno de los textos programáticos fundamentales de la clase obrera mundial. Su actualidad no deviene de que tal o cuál apreciación no pueda ser precisada o reformulada, ni de que las condiciones en las cuáles fue escrito se mantuvieron inalteradas en los setenta años posteriores. Por el contario, como señalan en la entrevista publicada en el Apéndice de este libro Emilio Albamonte y Christian
Castillo, la salida de la Segunda Guerra Mundial modificó el marco estratégico en el que los revolucionarios debieron actuar, ya que “se dio un proceso históricamente inédito, donde un reestablecimiento del equilibrio capitalista en el centro coincide con una pérdida de su esfera de control económico directo en un tercio del globo y con un desarrollo nunca antes visto de los procesos revolucionarios en el llamado ‘tercer mundo’, emergiendo procesos revolucionarios en decenas de países coloniales y semicoloniales (…). A fines de los ‘60 este proceso comienza a agotarse al decaer la tasa de ganancia, cuestión que se expresará agudamente con la crisis económica mundial desatada entre 1973-75. Es en estos mismos años que se desarrollará, a su vez, un proceso de gran ascenso obrero, juvenil y de los pueblos oprimidos, que será contenido en el centro y aplastado en forma contrarrevolucionaria en el cono sur latinoamericano”10.
Sin embargo, luego de la “restauración conservadora” que implicó la aplicación de las políticas “neoliberales” durante más de 25 años y la reconquista capitalista de la ex URSS, los países de Europa del Este y China, vemos acentuarse ante nuestros ojos las contradicciones de un sistema social que no tiene nada progresivo que ofrecer a la humanidad. En este sentido, el Programa de Transición no es un texto del pasado, si no uno que se actualiza en cada enfrentamiento serio protagonizado por la clase trabajadora internacional.

Las discusiones previas a la conferencia

Las secciones numéricamente más importantes de la Liga Comunista Internacional eran EEUU (SWP), Bélgica (PSR) y Francia (POI). Además eran las tres secciones que tenían una organización juvenil11.
Las discusiones en las secciones se entablaron a partir de las distintas publicaciones del proyecto de programa escrito por Trotsky. Las más importantes se dieron con los tres dirigentes del SWP norteamericano que viajaron a México al encuentro de Trotsky (J. Cannon, M. Shachtman y V. Dunne) y duraron seis días hacia fines de marzo. También participaron de algunas discusiones Diego Rivera, Rose Karsner y militantes mexicanos. Luego continuaron las discusiones con otros visitantes como J. Weber, otro dirigente del SWP. El Socialist Workers Party, además de ser el partido relativamente más grande, era el que tenía mayor influencia en sectores del movimiento obrero y contaba con dirigentes obreros experimentados en importantes huelgas. Era un partido que podía no sólo propagandizar el programa sino que, por la situación abierta en EEUU (la crisis económica, el surgimiento del nuevo sindicalismo del CIO, de partidos de tipo “laborista”, tendencias fascistas y la próxima guerra como acelerador de las condiciones objetivas) y por su fuerza cuantitativa y cualitativa, podía poner el programa “en marcha”. La existencia del SWP, para Trotsky enfrentaba a la IV Internacional a las tareas del movimiento de masas: “El Programa de Transición es un reflejo de este importante cambio. Su importancia reside en que, en vez de proporcionar un plan teórico a priori, realiza el balance de la experiencia ya acumulada por nuestras secciones nacionales y sobre la base de esta experiencia abre perspectivas internacionales más amplias”12. Por eso, las discusiones en México se centraron en gran parte en la situación en EEUU, en la importancia de destacar dentro del programa la escala móvil de salarios y de horas de trabajo, la autodefensa obrera frente a los primeros fenómenos fascistas (como el intendente demócrata Hague de Jersey City y sus bandas armadas), las posibilidades de crecimiento del SWP y cómo aplicar la táctica-moción del Labor Party (partido obrero o de los trabajadores) la que, como aclara Trotsky no “es parte del programa ni para todos los países”. Era una táctica para ese momento y esa situación específica norteamericana, aunque sus fundamentos pueden extenderse a países donde el movimiento obrero no construyó fuertes partidos de clase. Ésta generó bastante resistencia dentro del SWP, especialmente en su juventud. Esto se refleja en las discusiones que sostienen Weber y Trotsky en México antes de la Conferencia. Según Trotsky se debía a que se repetían viejas fórmulas y no se comprendía la aplicación del programa de transición. También generó discusión, incluso en la dirección, la táctica propuesta por Trotsky hacia la Enmienda Ludlow13. Es que, para “presentar” el programa, había que tener en cuenta no sólo la conciencia de las masas sino sus ilusiones, su psicología, así como buscar la forma más pedagógica de llegar hacia ellas. En estas tácticas ofensivas (dentro de una situación defensiva teniendo en cuenta la marcha hacia la guerra) Trotsky muestra su gran flexibilidad14 al mismo tiempo que mantiene una gran intransigencia ideológica.
Los intelectuales norteamericanos, habían realizado en los recientes años un giro a la izquierda que permitió la formación del Comité de Defensa y la Comisión Dewey como contraproceso a Trotsky y su hijo Sedov frente a los Juicios de Moscú. Pero en 1938, varios de los que formaron parte de esta defensa, luego de declarar la inocencia de los enjuiciados, comenzaron un giro hacia la derecha, acompañando a un importante sector de la intelectualidad. Sin embargo, existía un sector de izquierda reflejado en la revista Partisan Review y, por otro lado, la adhesión de Diego Rivera, ya mundialmente conocido, a la IV Internacional fue para Trotsky un símbolo muy significativo. La importancia dada a esta cuestión queda manifiesta en artículos como “El arte revolucionario y la IV Internacional” de Trotsky15, como en el espacio dedicado a ella en las discusiones previas a la Conferencia. La discusión sobre la URSS giró sobre la verdadera situación social imperantes en el Estado obrero degenerado (dadas las falsificaciones de la burocracia) y el análisis de las distintas fracciones de la burocracia.
Los informes taquigráficos de las discusiones previas así como de las realizados durante la conferencia no fueron oficialmente revisados ni avalados por sus autores, pero son el único documento disponible sobre lo acontecido.

La Conferencia de fundación de la IV Internacional

La Conferencia, realizada en París el 3 de septiembre de 193816, que por las condiciones objetivas en las que tuvo lugar, sólo pudo sostenerse como reunión plenaria durante un día, tuvo como puntos principales la aprobación del Programa y la fundación de la IV Internacional17.
Veintiséis delegados representaron a 11 secciones sobre 29 afiliadas (según el informe del Secretariado Internacional). El resto de las delegaciones no pudieron viajar por diversos problemas, entre ellos, económicos. Se realizó bajo estrictas condiciones de seguridad. Sin embargo, el mismo organizador, Klement, fue asesinado poco antes de su realización, perdiéndose gran parte de los documentos que con él llevaba. Tampoco se pudo impedir la infiltración de un miembro de la GPU18. Erwin Wolf y León Sedov, el hijo de Trotsky, que realizaban tareas destacadas, también fueron asesinados por la GPU poco antes de la realización de la Conferencia. Éstas fueron parte de las “vicisitudes”19 que Trotsky y su corriente, desde la formación de la Oposición de Izquierda en la URSS venían sufriendo (asesinatos, campos de concentración, Juicios de Moscú, intrigas, etc., en manos de stalinistas, fascistas y “democracias” imperialistas).
El temario para la Conferencia era muy extenso (España, guerra, China-Japón, URSS, Francia, colonias, América Latina20, solidaridad internacional frente a las persecuciones, problemas de las secciones y estatutos).
Sin embargo, debido a la brevedad de la reunión, no todos los documentos ni puntos pudieron ser discutidos ni aprobados.
Entre ellos quedaron importantes documentos que aquí publicamos como la “Resolución sobre la lucha de clases y la guerra en Extremo Oriente” de Li Fu Jen21 y “El papel mundial del imperialismo norteamericano” de Trotsky22, que reflejaban la importancia que tenía para la IV tanto la guerra chino-japonesa como el rol EEUU en la guerra por venir.
Finalmente, el temario de discusión se centró en: 1) cuestiones sindicales, obreras, control obrero; 2) situación en la URSS; 3) guerra y situación internacional.
Con relación al punto, 1) la discusión giró alrededor del contenido de los comités de fábrica y la participación en ellos de los revolucionarios, a partir de una enmienda propuesta por la sección polaca. En el punto 2) se continuó con la discusión ya reflejada en el artículo de Trotsky “Es necesario expulsar a los soviets a la burocracia y a la aristocracia”23. La URSS venía siendo parte de numerosas discusiones internas. Craipeau, presente en la Conferencia, negaba su carácter de Estado obrero degenerado y estaba en contra de defenderlo como tal en caso de guerra y se pronunciaba por el “derrotismo revolucionario”. La delegación norteamericana presentó una enmienda que, en cierta forma, también reflejaba que en el SWP de EEUU, algunos dirigentes como Burnham planteaban posiciones similares.
En el punto 3) se discutió centralmente el párrafo del Programa donde Trotsky realiza una diferenciación entre el “patriotismo” de las masas y el patriotismo burgués o reformista, especialmente en las colonias o cuando aparece “mezclado” con la ilusión de defender la democracia (incluso en un país imperialista como antes de la guerra en EEUU). Rousset, Boitel y Pablo negaban cualquier aspecto “progresivo” en el patriotismo de las masas y pedían que este término fuera quitado del programa, pero esta propuesta no fue adoptada.
Los informes fueron anotados por Naville (del Secretariado Internacional) y un delegado norteamericano, pero estos no fueron oficiales, ni revisados, ni aprobados. Sin embargo, también es la única constancia que queda de las discusiones realizadas.

Movimiento por la IV Internacional o IV Internacional

La discusión de los estatutos era específicamente la de su primer punto, es decir, si la Internacional debía o no ser fundada. Ninguno de los allí reunidos dudaba de la necesidad de fundar una nueva Internacional, aunque una pequeña minoría cuestionaba si era el momento de “proclamarla”. La II y III Internacional habían dado amplias muestras de haberse convertido en agentes contrarrevolucionarios al servicio de la burguesía imperialista, quedando aún más claro por su rol en España y Francia. Desde 1933, luego de la traición del PC y la III Internacional en Alemania, la Liga Comunista Internacional (como continuación de la Oposición de Izquierda Internacional) venía luchando por la formación de la nueva Internacional. Diversas tácticas hacia grupos centristas que rompían con los partidos reformistas habían fracasado.
La táctica de “entrismo” en varios partidos socialistas había dado relativamente buenos frutos pero había llegado a su fin. Partidos centristas, como el POUM español, habían demostrado su total fracaso. Rápidamente se aproximaba la guerra que, en una primera etapa, aislaría fuertemente a los revolucionarios de las masas. Para Trotsky era necesaria una clara delimitación revolucionaria. Aunque no negaba la posibilidad de seguir manteniendo relaciones con grupos o individuos centristas (a los que incluso se invitó a la Conferencia), planteaba que esta relación tenía que desarrollarse desde una clara definición de los contornos de una organización que, a partir de la comprensión común del programa formara una organización centralizada y disciplinada. Ésta permitiría centralizar los esfuerzos y las lecciones teórico-prácticas de las experiencias de las secciones nacionales. Centralidad que, a su vez, permitiría golpear con más fuerza relativizando su fuerza numérica.
Algunos sectores o individuos, cercanos a la IV y dentro de ella misma, reflejaban las presiones oportunistas o ultraizquierdistas de las organizaciones centristas que vacilaban o se oponían a su fundación, argumentando unos, que era un momento de retroceso y que las Internacionales sólo podían ser fundadas como producto de un ascenso; otros, que no estaban suficientemente desarrollados los análisis o el programa.
Consciente de la debilidad de la organización pero convencido de su continuidad y futura victoria, Trotsky luchó para que la Conferencia se pronunciara por la fundación y dejara de lado a los escépticos. Su confianza residía en la perspectiva revolucionaria que abriría la guerra en numerosos países y que la misma situación forjaría los cuadros y la organización necesarios para llevar al triunfo a las revoluciones proletarias por venir: “Los escépticos preguntan: “¿Pero ha llegado el momento de crear una nueva Internacional? Es imposible”, dicen, “crear ‘artificialmente’ una Internacional. Sólo pueden hacerla surgir los grandes acontecimientos, etc.”. Lo único que demuestran todas estas objeciones es que los escépticos no sirven para crear una nueva Internacional. En general, los escépticos no son buenos para nada. La IV Internacional ya ha surgido de grandes acontecimientos; de las mayores derrotas del proletariado en la historia. La causa de estas derrotas es la degeneración y la traición de la vieja dirección. La lucha de clases no tolera interrupciones. La III Internacional, después de la II, ha muerto para la revolución. ¡Viva la IV Internacional!
Pero los escépticos no se callan: “¿Pero ha llegado ya el momento de proclamarla?”
La IV Internacional –respondemos– no necesita ser “proclamada”. Existe y lucha. ¿Es débil? Sí, sus filas son todavía poco numerosas porque todavía es joven. Hasta ahora se compone sobre todo de cuadros dirigentes. Pero estos cuadros son la única esperanza del porvenir revolucionario. Por fuera de ellos, no existe en el planeta una sola corriente revolucionaria que merezca realmente ese nombre. Si nuestra Internacional es todavía numéricamente débil, es fuerte por su doctrina, por su tradición, y el temple incomparable de sus cuadros dirigentes. Que esto no se vea hoy, no tiene mayor importancia. Mañana será más evidente”24.
A 70 años de su fundación, la IV Internacional no existe como organización única ni centralizada desde pocos años después de concluida la Segunda Guerra Mundial. Como señalan Albamonte y Castillo en la entrevista ya mencionada, “durante el ‘boom’, los trotskistas, cierto que en condiciones muy difíciles, fueron incapaces de reformular el marco estratégico que sostenía el Programa de Transición y mantener la continuidad revolucionaria, más allá de haber sostenido posiciones episódicamente correctas, lo que hemos denominado ‘hilos de continuidad revolucionaria’. Por el contrario, se adaptaron políticamente a los aparatos dominantes en el movimiento obrero durante los años de Yalta o a toda dirección episódica de un proceso revolucionario, disgregándose la IV Internacional en un conjunto de tendencias centristas, es decir, oscilantes entre la reforma y la revolución.
Por ello, cuando las condiciones comenzaron a cambiar, con el ascenso revolucionario iniciado en el ‘68, aunque atrajeron sectores de vanguardia nunca lograron peso para influir decisivamente en los acontecimientos ni retomaron un rumbo verdaderamente revolucionario que permitiera avanzar hacia una genuina refundación de la IV Internacional”25. Desde entonces, el movimiento obrero ha sufrido nuevas derrotas y retrocesos, favorecidas por la completa adaptación de socialdemócratas y stalinistas a la ofensiva capitalista. Muchos antiguos jerarcas de los partidos comunistas son hoy respetables políticos burgueses y antiguos altos funcionarios de la “nomenklatura” se transformaron en magnates en los países de la ex Unión Soviética. El Partido Comunista chino ha encabezado la restauración capitalista en este país. Pese a la degeneración oportunista de gran parte de las corrientes que hablan en su nombre, el trotskismo sigue siendo para las clases dominantes el “espectro de la revolución”. “Trotskista” sigue siendo hoy el nombre con el que designa a quien sigue persiguiendo el objetivo de la revolución socialista. Entre ellos nos contamos. En los últimos años, el movimiento obrero ha comenzado un lento y tortuoso proceso de recomposición subjetiva. La necesidad de contar con un instrumento revolucionario internacional como el que se propuso construir Trotsky con la fundación de la IV Internacional hace 70 años es tan aguda como en aquellos momentos. En la pelea por reconstruir-refundar la IV Internacional, el Partido Mundial de la Revolución Socialista, quienes editamos este libro esperamos sea un aporte para las nuevas generaciones de trabajadores y jóvenes que retoman estas banderas de lucha revolucionaria.
La compilación de textos fue realizada por Gabriela Liszt. Agradecemos especialmente la colaboración de Rossana Cortez a cargo de las traducciones y correcciones del francés junto a G. Liszt y Juanjo Singe y de Bárbara Funes, las correcciones del inglés. Agradecemos también especialmente la colaboración para la corrección de textos de Martín Noda, Virginia Rom, Diego Dalai, B. Funes, Verónica Zaldívar y Clara Mulet.

1 Creemos que esta reunión de materiales tampoco existe en otros idiomas.
2 Aunque no figura la fecha en la edición creemos que se realizó pocos años después de las ediciones inglesa y francesa.
3 Ver “Nosotros somos la IV Internacional” en el CD de este libro.
4 Este prefacio a la edición en afrikaan del Manifiesto Comunista fue escrito siete meses antes de la redacción definitiva del Programa de Transición, en octubre de 1937.
5 Podría decirse que así como en lo relativo al carácter permanente de la revolución, este es otro de los grandes puntos donde Trotsky retoma, actualiza y revaloriza lo planteado por Marx y Engels.
6 “El Programa de Transición”, p. 68 de este libro.
7 “La fundación de la IV Internacional”, en el CD de este libro.
8 “Nosotros somos la IV”, en el CD de este libro.
9 “Completar el programa y ponerlo en marcha”, p. 265 de este libro.
10 Ver en p. 339 de este libro.
11 Con el partido belga, el PSR, había diferencias importantes, ya que tenían una política sectaria y oportunista a la vez: sectaria en cuanto a la política hacia los sindicatos (su principal dirigente, Sneevliet, dirigía una especie de sindicatos “rojos”) y oportunista hacia partidos como el POUM que acababa de revelar todo su centrismo en la guerra civil española. En Francia, el POI y su publicación eran relativamente importantes, pero la desorganización y las peleas internas sumadas a las diferencias políticas, paralizaban su actividad constantemente. Esto se refleja en la extensa resolución de la Conferencia planteando una reorientación esencialmente hacia el movimiento obrero. Otra sección que estaba en crecimiento era la Indochina, pero su principal dirigente Ta Thu Thau se encontraba en ese momento en un campo de concentración.
12 León Trotsky, “Un gran logro”, p. 40 de este libro
13 Ver en p. 204 de este libro.
14 Así como en sus primeras elaboraciones en el Programa de lo que luego se denominará
Política Militar Proletaria frente a la guerra. Ver L. Trotsky y otros, Guerra y Revolución.
Una visión alternativa de la Segunda Guerra Mundial, Bs. As., CEIP, 2004.
15 En el CD de este libro.
16 Inicialmente, estaba previsto realizarla en octubre de 1937, pero se fue posponiendo por falta de preparación.
17 A partir de la aprobación de los estatutos, la II Conferencia de la IV Internacional (tomando en cuenta que la I del Movimiento por la IV Internacional se realizó en 1936) pasó a llamarse Congreso de fundación o I Congreso de la IV Internacional.
18 Se trata de Étienne, que luego se develaría como delator de Sedov a la GPU.
Aunque, debido a ciertas sospechas, le informaron sobre el lugar de reunión a último momento, lo que impidió que el daño fuera mayor.
19 Como dice la “Carta”, traducida para esta edición, que la Conferencia dirige a
Trotsky, frente a la imposibilidad de su asistencia. Ver en p. 60 de este libro.
20 Rivera había presentado unas tesis sobre América Latina que se habían publicado en la revista Clave.
21 Ver p. 113 de este libro.
22 Ver p. 137 de este libro.
23 Ver p. 279 de este libro.
24 “El Programa de Transición”, p. 111 de este libro.



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