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Observaciones sobre la Insurrección de mayo

12 de mayo de 1937

 

Este artículo dictado en francés el 12 de mayo de 1937, aparecerá por primera vez en La Lutte ouvriére del 10 de junio, con la firma de «Lund». Las informaciones de las que disponla Trotsky eran muy escasas. En el mismo número del periódico del P.O.I. aparecen dos cartas que ofrecen detallada información de los acontecimientos de Barcelona, fechadas el 8 y el 12 de mayo, y, según todo parece indicar, hablan sido escritas por Cellini. Otro informe, redactado por el inglés Lois Orr, que aparecería en el Information Bulletin del julio del 37 con el titulo de «Los acontecimientos de mayo: una revolución traicionada», estaba igualmente fechado el 12 de mayo. T. 4147.

 

 

Las noticias que tenemos aquí sobre los últimos acontecimientos,[1] no sólo son incompletas, sino conscientemente deformadas. En estas condiciones, las conclusiones que formulamos no pueden tener más que un carácter hipotético y provisional.

Al parecer la insurrección ha tenido un carácter «espontáneo», es decir, que ha estallado inesperadamente para los dirigentes, incluyendo a los del P.O.U.M. Este hecho demuestra el abismo que se ha abierto entre los anarquistas y los poumistas por un lado, y las masas obreras por el otro. La concepción propagada por Nin de que «el proletariado puede tomar el poder por la vía pacífica» [2] ha demostrado ser radicalmente falsa. No sabemos nada o casi nada de la verdadera actitud del P.O.U.M. en el momento de la insurrección, pero no creemos en los milagros. La actitud de los dirigentes del P.O.U.M. en los momentos decisivos ha sido simplemente la continuación de su actitud en el periodo precedente[3]. Más exactamente: es precisamente en un momento decisivo, cuando la inconsistencia del centrismo de izquierda se ha revelado de la manera más ruidosa y más trágica.[4] Ése fue, por ejemplo, el destino de Martov en los acontecimientos de 1905 y 1917. Incluso en nuestras propias filas se ha tenido frecuentemente una falsa idea de Martov, como representante del centrismo de izquierda. En su crítica del régimen de Kerensky-Tseretelli-Dan, Martov se acercaba a los bolcheviques. Por el radicalismo de la critica, por la amplitud de sus perspectivas, Martov sobrepasaba con mucho a los redactores de La Batalla. Pero, en las profundidades de su conciencia, aspiraba siempre convencer a sus adversarios, no oponiendo el proletariado a su enemigo de clase. Aterrorizado por la esperanza de la lucha, saltaba a un lado, no para jugar el papel de dirigente de la acción revolucionaria, sino el de abogado de la masa vencida. Felizmente, a la izquierda de Martov, se encontraba un partido revolucionario que sabia lo que quería.

La situación en España es muy diferente. La dirección del P.O.U.M. aparecía hasta ayer ante las masas como la expresión de la tendencia más resuelta. La vanguardia obrera, por lo menos en Cataluña, tomaba muy en serio los textos del P.O.U.M. Pero justamente en el momento en que la masa se disponía a materializar esta crítica por medio de la acción, se encontró prácticamente decapitada.

¿Sucedió de otra forma durante la última insurrección? Me temo que no. ¿O quizá se ha producido el milagro a pesar de todo, y el empuje de las masas ha impuesto a Nin una actitud bolchevique? Sería verdaderamente magnifico y nos alegraríamos de la posibilidad de un trabajo en común con Nín sobre la base de nuevas experiencias históricas. Pero hasta nueva orden, no tenemos la más mínima razón para cambiar nuestra apreciación sobre la política oficial del P.O.U.M.

¿Qué significa el armisticio de Barcelona del que hablan los telegramas? ¿La derrota de los insurrectos, se debe a la inconsistencia de la dirección, o la capitulación directa de los dirigentes, atemorizados por la presión de las masas? Aún no lo sabemos. Por el momento, la lucha Parece continuar fuera de Barcelona. ¿Es posible una nueva ofensiva en Barcelona? ¿La represión por parte de los canallas estalino-reformistas dará un nuevo empuje a la acción de masas? Aún no lo sabemos. A falta de informaciones exactas, nos abstenemos de hacer predicciones. En todo caso, la critica de la dirección conserva su importancia decisiva, cualquiera que sea el desarrollo inmediato de los acontecimientos. A pesar de los errores y de las debilidades de la insurrección de cara al exterior, permaneceremos indisolublemente solidarios a los obreros vencidos. Pero eso no significa disculpar a la dirección, disimular su inconsistencia y silenciar sus errores, bajo el pretexto de una solidaridad puramente sentimental.

Parece muy probable que esta grandiosa experiencia provocará una escisión en las filas del P.O.U.M. Los elementos que excluían a los trotskystas y fraternizaban con los dirigentes brandlerianos y sapistas,[5] esos residuos del estalinismo, van a traicionar definitivamente a la revolución, para ganar la gracia, y posteriormente el favor de la burocracia de Moscú.[6] Por otra parte, los elementos revolucionarios deberán comprender que no existe nada intermedio entre la IVª Internacional y la traición. Para facilitar y acelerar esta diferenciación política, nuestra crítica debe ser franca, abierta, e incluso implacable. En primer lugar, es imprescindible que todos nuestros camaradas comprendan la inconsistencia de la política de indulgencia pasiva, preconizada por nuestros amigos Víctor Serge,[7] Sneevriet, Vereecken y los demás. Hay que saber sacar todas, las conclusiones necesarias de los grandes acontecimientos, con el fin de preparar el futuro.

La analogía con los acontecimientos de julio es demasiado evidente como para insistir sobre ella. Lo que hay que subrayar sobre todo, son las diferencias. El P.O.U.M. sigue siendo una organización catalana.[8] Sus dirigentes impidieron su entrada a tiempo en el Partido Socialista, cubriendo su oportunismo innato con una intransigencia estéril. Sin embargo es de esperar que los acontecimientos de Cataluña producirán escisiones y fisuras en las filas del Partido Socialista y de la U.G.T. [9] En este caso sería fatal confinarse en el marco del P.O.U.M., que por otra parte, será muy reducido en las próximas semanas. Hay que dirigirse hacia las masas socialistas y comunistas. Hay que recobrar el tiempo perdido. Una célula de cinco revolucionarios en el partido socialista es mucho más importante que un grupo de diez o veinte obreros alejados de las masas. No se trata de conservar las antiguas formas exteriores, sino de crear nuevos puntos de apoyo para el futuro.[10]

Aunque la derrota sea grave -nosotros no podemos medir su gravedad- está lejos de ser definitiva. En la propia España, o en Francia, nuevos acontecimientos pueden producir una nueva oleada revolucionaria.

Es muy difícil predecir, sobre todo desde lejos, cuando y como llegará el octubre español. En todo caso, nadie puede afirmar por adelantado que -se haya agotado la fuerza revolucionaria de ese admirable proletariado ibérico. Pero para preparar el octubre, hay que curar a toda la vanguardia revolucionaria de todo lo que hay de ambiguo, confuso, equívoco, en la capa superior del proletariado, nacional e internacionalmente. Quien no tenga el valor de oponer la IVª Internacional a la IIª y a la IIIª, no tendrá nunca el valor de conducir a los obreros hacia los combates decisivos. Quien permanece ligado a los Brandler, la gente del S.A.P., los Maxton, los Fenner Brockway, no puede sino traicionar al proletariado la víspera del combate o durante el propio combate. Ahora es cuando los obreros ibéricos deben comprender que la IVª Internacional -significa el programa científico de la revolución social, la confianza en la masa, la desconfianza en centristas de todo calibre, la voluntad de llevar la lucha hasta el final.


LUND.



[1] Después de algunas semanas de creciente tensión entre la policía y las milicias de retaguardia, el lunes 3 de mayo se produciría la explosión en Barcelona, después de que algunos camiones con guardias de asalto, bajo la dirección general del jefe de policía -un militante del P.S.U.C. que había passado por el Bloque Obrero y Campesino- Eusebio Rodríguez Salas, con un mandato del ministro de orden público, miembro de la Esquerra del presidente Companys, bajaron sus tropas delante de la Telefónica. Los Guardias de asalto penetraron inmediatamente en el inmueble comenzando a desarmar a los milicianos de la C.N.T., que reforzaron la guardia al retumbar los primeros disparos. A causa de este tiroteo, en algunas horas, estalló la huelga general en Barcelona, y la ciudad se llenó de barricadas defendidas por obreros armados; por todas partes, se produjeron esporádicos enfrentamientos. En los días siguientes, los trabajadores inurrectos eran los dueños de la ciudad, pero no se despegaba de sus filas ninguna dirección, mientras que las directrices nacionales de la C.N.T. y de la F.A.I., sobre todo sus ministros Federica Montseny y Garcia Oliver, llamaban a poner fin a las luchas «fratricidas» y a abandonar las barricadas. Los dirigentes del P.OU.M. intentaban convencer a los de la C.N.T. que era necesario continuar; posteriormente, debido a que no consiguieron convencerles, se plegaron, lanzando después que la C.N.T., la orden de retirada, sin haber tomado directamente ninguna iniciativa. Relacionado con la «sección B.-L.», y sobre todo con Moulin, el grupo de Los Amigos de Durruti había llamado el 4 de mayo a la formación de una «junta revolucionaria». Serían desautorizados y posteriormente expulsados por la dirección de la C.N.T. y la F.A.I. La calma volverá finalmente a Barcelona el 8 de mayo, ocupada por importantes contingentes armados

[2] Ver el discurso en cuestión en La Batalla del 21 de marzo. Igual que el articulo precedente contra Nin, Trotsky lo había hecho traducir integralmente al francés.

[3] Poco más o menos en estos momentos, la célula 72 de Barcelona votaba un complemento a sus «contratesis políticas» para el congreso, que trataba sobre la actitud de la dirección del P.O.U.M. durante las jornadas de mayo: «Fiel a su conducta desde el 19 de julio, la dirección del P.O.U.M. ha ido a la zaga de los acontecimientos ( ... ). Durante los primeros días, la dirección del P.O.U.M. no publicó ni un solo manifiesto, ni siquiera un simple panfleto.»

[4] José Rebull, que había sido el portavoz de las tesis de la célula 72 resumiría en estos términos, en una resolución presentada al Comité Central del P.O.U.M. en octubre de 1937, la política del P.O.U.M. durante las jornadas de mayo: «La capitulación de mayo: a) La dirección no tenía una política independiente ni clara; b) ninguna iniciativa propia; c) encubrió la traición de la dirección anarcosindicalista; no se ha hecho ningún tipo de balance honesto.»

[5] La K.P.O. de Brandler y Thalheimer, dirigentes del K.P.O. hasta 1924, había firmado un manifiesto para la defensa del P.O.U.M., pero también se negó a condenar los procesos de Moscú. Los militantes trotskystas habían sido expulsados del P.O.U.M. y de la J.C.I. (Lenz) o no admitidos en sus filas (Grupo de Barcelona), sin embargo, militantes alemanes, brandlerianos y sapistas, ocupaban puestos de responsabilidad, como Landsman en Levante, manteniendo posiciones abiertamente favorables al Frente Popular y a la coalición con la burguesía. (Ver actas del 2.0 congreso de la Federación de Levante en El Comunista del 23 de enero de 1937.) Incluso parece que el principal agente de la G.P.U. en el seno del P.O.U.M. -la alemana conocida como «Patila»- cuyo papel sería decisivo durante los arrestos de los dirigentes del P.O.U.M., había sido presentada a los dirigentes del P.O.U.M. por un militante del S.A.P. Es cierto que fue desenmascarada en la emigración debido a las precauciones de Brandler y de su organización. ¿Se trataría de Pauline Dobler, mencionada por Gorkin?

[6] Debido a que los elementos proestalinistas abandonaron el Bloque Obrero y Campesino antes de la creación del P.O.U.M. (evidentemente el caso más conocido es el de Eusebio Rodríguez Salas), el ala derechista de este partido jamás había disimulado su deseo de acercarse al Frente Popular. Ésta era la política de Portela en Valencia, y de la Federación de Levante, que hacía especial hincapié en «la unidad de los marxistas», buscando un entendimiento con el P.C. Nin hace mención a la fuerza de esta tendencia en su intervención en Valencia (El Comunista, 23 de enero de 1937). La derecha del P.O.U.M. juzgó severamente como aventurada, la actitud de la dirección en mayo. Con el titulo de «No se puede ir impunemente contra la corriente», el editorial de El Comunista del 15 de mayo «condenaba las provocaciones», pero «igualmente la falta de serenidad de los que han hecho el juego a los provocadores y les han allanado el terreno». El Boletín del Comité de Defensa del Congreso, n.º 1, 1º de julio de 1939, órgano de la «izquierda», que publicó este texto, subraya que por estas fechas, «la Federación de Valencia del P.O.U.M. estaba bajo el control personal de un miembro del C.E.» Recordaba igualmente que, en el momento de insurrección de Barcelona, se publicó en Sabadell un manifiesto (inspirado por otro miembro del C.E.) en el que se condenaba la actuación de los trabajadores en Barcelona. Portela votará contra el informe de la actuación del C.E. los días posteriores a las jornadas de mayo ya que juzgaba aventurada la dirección del P.O.U.M. La J.C.I. pediría su exclusión por actividades fraccionales, la víspera de la disolución del P.O.U.M. Por estas fechas el P.O.U.M. ya había sufrido la defección, en condiciones menos que onerosas (por el paso al campo estalinista) del oficial de carrera que mandaba sus milicias en Cataluña, el comandante Francisco Piquer. En diciembre de 1937, según un informe que nos ha sido imposible de verificar, pero que proviene de fuentes dignas de crédito, el jefe militar del P.O.U.M., José Rovira, había propuesto la adhesión del Partido al Frente Popular, reuniendo sobre este punto a la mayoría del Comité Central. (Ver el manifiesto «Ante la crisis del Partido» de Andrés Solano, Archivos Pierre Broué.) De hecho, sólo un elemento verdaderamente significativo del P.O.U.M. se uniría- a las filas estalinistas, el veterano dirigente de Lérida, del comité militar y miembro del 2.9 ejecutivo, Pellegri, que precisamente se había hecho amigo intimo de «Paula» (ver más arriba, n.º 6). Los dirigentes del P.O.U.M. que posteriormente se alejarían del comunismo, del que durante tanto tiempo se habían reclamado, evolucionarían, bien hacia la socialdemocracia (Gorkin, Gironella) o bien hacia un «socialismo catalán» (Rovira, Arquer). Por el contrario, la mayoría de los supervivientes, incluido Bonet, veterano del Bloc, Andrade, de la ex Izquierda comunista, Solano, de la J.C.I., y otros menos conocidos, permanecen fieles al P.O.U.M. y a su historia.

[7] Victor Serge, al que Trotsky no había logrado convencer, había salido decepcionado de la reunión de Amsterdam de enero de 1937, llamada del Buró ampliado del Comité por la IVª Internacional, ya que había encontrado allí una atmósfera «irrespirable», y la que consideraba como catastrófica, una política que, según él, conducía de nuevo a la escisión en el seno del P.O.U.M. (Carnets, pp. 4-45, y Anexo, p. 422.) Algunas semanas después, prestó su adhesión al P.O.U.M. y comenzó a colaborar en su prensa, sobre todo en La Batalla, defendiendo su política en los folletos de Spartakus y de la Révolution Prolétarienne.

[8] En el momento de la fusión de la Izquierda comunista con el Bloque Obrero y Campesino, el grueso de las fuerzas del P.O.U.M. -unos 5000 militantes- se encontraban en Cataluña, bastión del Bloc. Fuera de Cataluña, los núcleos del nuevo partido se apoyaban en algunos cientos de militantes, procedentes de la Izquierda comunista. «Fuera de Cataluña -había dicho Nin a Rous- el partido es nuestro.» Ahora bien, excepto en Madrid y Valencia, los núcleos de militantes que no procedían de Cataluña, se encontraban en las regiones en las que el levantamiento militar venció desde las primeras horas: Extremadura, Andalucía, provincias de Santander, La Coruña, etc. Un centenar de militantes del P.O.U.M. defendió Badajoz hasta el último hombre. (Rolf Reventlow, Spanien in diesem Jahrhundert, p. 114.) Entre los militantes del P.O.U.M., muertos con las armas en la mano o fusilados en las primeras horas por los franquistas, figuran, Luis Rastrollo, miembro del C.C. del P.O.U.M. y secretario regional del partido en Galicia, Manuel Fernández Sendón, hermano de Fersen, miembro del C.C., fusilado en La Coruña, Felipe Aútiz del C.C., fusilado en Pamplona, Luis Fernández Vigo, fusilado en Sevilla, etc... Por otra parte, a lo largo de las primeras semanas de la guerra civil, las víctimas fueron numerosas en sus filas: Así, cayeron en la defensa de Oviedo, Luis Grossi, secretario de la J.C.I. asturiana y poco más tarde Emilio García, veterano de la Izquierda comunista. José Luis Arenillas y Luis Cortezón, detenidos en Santander, fueron fusilados. Incluso en Madrid, en mayo de 1937, no se contaba ya más que con.150 supervivientes, de los 900 militantes que el P.O.U.M. había reunido a principios de agosto en la capital. El curso de las luchas a lo largo de los primeros combates, había hecho al P.O.U.M. un partido más «catalán» todavía, y habla visto reforzarse la influencia de los veteranos del Bloc, ya que los veteranos de la Izquierda comunista no serían más allá de una decena en toda Cataluña.

[9] De hecho, en la U.G.T., el antiguo dirigente de las J.S., Carlos Hernández Zancajo, levantaba la bandera de la resistencia frente al estalinismo. En el seno de las Juventudes socialistas, federaciones enteras rehusaban seguir la línea estalinista de Santiago Carrillo, especialmente la importante Federación de Asturias, con Rafael Fernández, y la de Levante, con José Gregorí Martínez. Su rebeldía se apoyaba en veteranos dirigentes, como Leoncio Pérez Martín, Salvador Martinez Dasí, José Tundidor López, y se alimentaban de la simpatía por el Frente revolucionario de la juventud. Un fenómeno similar se estaba produciendo en el seno de la C.N.T.-F.A.I., donde el grupo Los Amigos de Durruti, animado por Jaime Balius, Pablo Ruiz y Francisco Carreño, faistas reconocidos, revisaban las posiciones anarquistas tradicionales, y planteaban el problema del poder, llamando a la formación de «juntas revolucionarias», y que durante las jornadas de mayo, continuaron mostrando independencia y resolución en su periódico Amigo del pueblo. En el seno del propio P.O0.U.M., se insinuaba una oposición de izquierda, la de la célula 72, con José Rebull, que ocasionalmente rebasaba el propio Comité Local de Barcelona: condenaba firmemente las vacilaciones de la dirección del P.O.U.M., as¡ como su decisión de llamar a la retirada en mayo.

[10] En definitiva, no iba a ser posible establecer ningún apoyo de este tipo. La rendición sin combate de Largo Caballero (Desde diciembre del 36 existía un plan franco-inglés, bien visto por los soviéticos (la U.R.S.S. siempre estuvo pendiente de no perder las simpatías de las «democracias» occidentales, para no quedarse aislada frente a Hitler), para mediar en la guerra civil española y ponerle fin. Franco siempre desechó una «conciliación», pero Largo Caballero hizo saber públicamente que no aceptaría ningún abrazo de Vergara. Si en los hechos de mayo se trasluce un problema de poder –de definición y organización del mismo- sus consecuencias hacen pensar también en una maniobra para envolver a Largo Caballero en una crisis irreversible, para dar paso a una situación más manejable por el P.C. El 15 de mayo se reunió el gobierno, y a Largo Caballero se le exigió disolver al P.O.U.M., al negarse tuvo que dimitir, sustituyéndole el gobierno Negrín-Prieto.), cortaba las alas a la minoría de la U.G.T. y de las J.S.U., privadas además, a causa de la derrota militar, de su bastión asturiano. El asesinato político -el del anarquista Camillo Berneri y del secretario del Frente de la juventud revolucionaria, el dirigente de las juventudes libertarias, Alfredo Martínez, abatidos en Barcelona a consecuencia de las jornadas de mayo- así como la represión gubernamental, acabarían de la misma forma que las medidas de exclusión tomadas por los dirigentes de la C.N.T. y de la F.A.I., partidarios de la colaboración, con la corriente «neobolchevique» y con los anarquistas «duros», que constituían, en muchos aspectos, el grupo de los Amigos de Durruti. Fuertemente golpeados por la represión y por el asesinato político, los militantes trotskystas de La Voz Leninista y El Soviet, sobrevivirán un año más a duras penas en la clandestinidad, aislados tanto del P.O.U.M. como de su izquierda.



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