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“Mis conspiraciones”

19 de julio de 1938

Durante los 18 meses de mi estadía en este hospitalario país, fui acusado de toda una serie de terribles conspiraciones.

Hace algunos meses, el Sr. Toledano declaró en un mitin que yo estaba preparando la huelga general contra el gobierno del general Cárdenas. Ni más ni menos.

El jefe del Partido Comunista (creo que se llama Laborde)2 declaró en una manifestación pública, en presencia del presidente de la República, que yo estaba involucrado en un complot fascista con los generales Cedillo y… Villarreal.

Al día siguiente, cada uno de estos señores acusadores arrojaba su propia acusación como se tira una colilla, las olvidaban y pasaban a inventar nuevos hechos.

Hoy, está a la orden del día mi viaje de vacaciones a Patzcuaro, Jiquilipan, Guadalajara y Morelia. Ahora ya no me acusan de preparar la huelga general o la insurrección fascista, sino de… viajar a México, alojarme en hoteles, encontrarme con ciudadanos mexicanos y entrevistarme con ellos. Sí, efectivamente he cometido todos esos crímenes (!), agrego que lo he hecho con gran satisfacción.

De parte de las diferentes capas de la población, obreros, docentes, militares, artistas, autoridades del Estado y de las municipalidades, no encontré más que atenciones y hospitalidad, que de forma general caracterizan tan vivamente a los mexicanos. En Patzcuaro, algunos maestros que vinieron a ver a Diego Rivera y a mí, por iniciativa propia, se informaron a través mío de la situación en la URSS y, más particularmente de la educación popular. Les expuse las mismas concepciones que ya había expuesto frecuentemente en mis libros y artículos. Para asegurarle la precisión necesaria, les adjunté la declaración escrita3 que ya había hecho. Hasta donde yo sé, ninguno de estos maestros se considera ni se dice “trotskista”.

En Jiquilpan, Guadalajara y Morelia, no tuve estos encuentros, desgraciadamente, porque estuve sólo unas horas en esas localidades.

En Guadalajara, el centro de operaciones de mi “conspiración” fue el Palacio Municipal, la Universidad y el orfelinato, en donde vi los frescos de Orozco4. Mucha gente vino a mi encuentro para pedirme autógrafos o simplemente para darme la mano. A algunos, tal como lo había hecho en Patzcuaro, les pregunté bromeando: “¿No tiene Ud. miedo de acercarse a un contrarrevolucionario y fascista?”. Todos me respondían más o menos lo mismo: “Nadie con sensatez lo cree”. Inútil es aclarar que esta respuesta me dio una gran satisfacción moral.

En lo que concierne a mi “conspiración” con el Dr. Atl5, sólo puedo decir que escuché por primera vez su nombre por las últimas “revelaciones”. Jamás me encontré con el Dr. Atl ni tuve el honor de conocerlo.

No dudo que esta declaración que contiene la refutación de una falsa nueva denuncia, será interpretada por los denunciadores como “una intervención en la vida interna de México”6. Pero este proceder no engañará a nadie. Hice una promesa precisa al gobierno de este país, es decir al gobierno del general Cárdenas, y no al gobierno de Lombardo Toledano. Nadie me ha dicho que Toledano estaba encargado de vigilar mi conducta. Jamás prometí callarme acerca de las calumnias o los calumniadores. Me reservé el derecho, tanto en mi casa como durante mis viajes, de respirar el aire de México, de encontrarme con ciudadanos de este país, de entrevistarme con ellos, visitar los monumentos artísticos y, cuando lo juzgue necesario, fustigar públicamente y llamando por su nombre a los “demócratas”, “socialistas” y “revolucionarios” quienes -oh, ignominia!- se han encargado de hacer, por la mentira y la calumnia, que quede librado a las manos de la GPU.

 

1. Traducido del francés de la versión publicada en Oeuvres, Tomo 18, pág. 160, editado por el Instituto León Trotsky de Francia.

2. Trotsky simula ignorar el nombre del Secretario General del Partido Comunista Mexicano. Hernán Laborde (1896-1955), fue erigido secretario general en 1929 luego de una severa purga. Estaba evidentemente dispuesto a todas las campañas contra Trotsky, pero se mostraba menos decidido para la “acción directa”.

3. Trotsky había redactado la declaración en ruso y Jean Van Heijenoort, que lo acompañaba en ese viaje la había traducido al instante.

4. José Clemente Orozco (1883-1949) era uno de los grandes pintores muralistas de la revolución y del México contemporáneo.

5. Dr. Atl era el seudónimo de Gerardo Murillo (1875-1964), pintor y poeta, también veterano de la revolución mexicana, colaborador de Carranza, había sido el maestro de Diego Rivera. Rápidamente evolucionó hacia el fascismo y estaba ligado con el general Cedillo. Se formuló la hipótesis de que se habían encontrado “testigos“ de haberlo “visto“ acompañando a Trotsky, dado su cierto parecido con André Breton.

6. Cada vez que Trotsky se defendía de un ataque calumnioso de gente como Lombardo Toledano, esta gente gritaba que al atacarlos, Trotsky “intervenía“ en la vida política mexicana y violaba así sus compromisos.



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