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Los stalinistas y la unidad orgánica[1]

 

 

19 de julio de 1934

 

 

 

Queridos camaradas:

 

Después de la reunión del Comité Nacional de la SFIO, la situación y, al mismo tiempo, lo que debemos hacer son cosas tan claras y evidentes que ustedes tendrían deliberadamente que cerrar los ojos para no verlas.

Los representantes del CAP [Comité Administrativo Permanente de la SFIO] y el Comité Central [del PC] han mantenido ya una discusión preliminar sobre la posibilidad de la unidad orgánica. Thorez ha declarado que él también considera la unidad de acción como un estadio conducente hacia la unidad orgánica. De esta conversación se hizo un registro estenográfico que Severac entregó al Comité Nacional para su lectura. (Debemos conseguir a toda costa una copia de ese texto.)

Este hecho nos da una idea de la magnitud de la retirada histórica que se ha producido, especialmente a nivel del partido. La necesidad de romper con la socialdemocracia fue proclamada en 1914. En Francia, esta ruptura se hizo en 1921, a lo que siguieron años de purgas partidarias. Y hoy, en 1934, las cabezas del Partido Comunista proclaman abiertamente que su meta es la unidad orgánica con el partido socialdemócrata. ¡Qué formidable retroceso!

Nosotros no lo hemos querido ni impulsado. Es un hecho que presenta la situación, especialmente por influencia de la burocracia stalinista. Pero también es un hecho que los que traten de rechazar o subestimar este dato básico inevitablemente se romperán el cuello. Pero este retroceso no ha recorrido aun todo su curso. No es suficiente que la dirección del PC se vea obligada -sin entrar a considerar sus segundas intenciones- a introducir la perspectiva de unidad orgánica por primera vez después de trece años de vida independiente y de veintitrés años de haber proclamado que era imposible trabajar juntos en el mismo partido con la socialdemocracia.

Las cosas podrían ser mejores y, también, podrían ser peores. Como marxistas, estamos obligados a reconocer que, por el momento, la fusión de los dos partidos podría constituir un avance, no en relación a las consignas de Lenin en 1914 ni al Congreso de Tours, pero sí respecto a la actual situación tal cual es. La fusión de los dos partidos daría la oportunidad de comenzar de nuevo. Y allí reside el quid de la cuestión. El movimiento obrero ha sido arrastrado a un callejón sin salida histórico y es la conciencia de este atolladero la que ha llevado a los stalinistas a sus esquemas "capituladores". Y es la existencia de este callejón sin salida lo que hace de esta "capitulación" un hecho progresivo.

La fusión de los dos partidos abrirla inevitablemente el camino a la discusión, al análisis, al estudio, a la lucha fraccional en gran escala, y, al mismo tiempo, a la cristalización de un nuevo partido revolucionario, una sección de la Cuarta Internacional.

Repetiré esto para darle mayor énfasis: este retroceso histórico consiste no sólo en que la burocracia stalinista se ve forzada a adaptarse a las exigencias de la clase obrera fraternizando con los socialdemócratas, sino también en el hecho de que esta fraternización -que es vulgar, sentimental, sin contenido- representa un tremendo paso adelante comparado con el absoluto callejón sin salida de ayer. Para verlo con más claridad, deberemos entender la extraordinaria dialéctica inherente al desarrollo de los últimos veinte años del movimiento obrero francés. Sin eso, estamos condenados a permanecer esclavos de nuestro propio subjetivismo o de fórmulas arrogantes pero vacías. Ante la situación que brevemente he caracterizado, quien diga: "¡nunca perteneceré a la socialdemocracia!, ¡capitulación!, ¡traición!, etcétera", no es más que un despreciable sentimental, que a lo sumo conoce algunas fórmulas marxistas aplicables a plantitas de jardín doméstico, pero que se asusta de los árboles vivientes y, en particular, de los bosques.

Si el análisis objetivo nos dice -¡y que alguien trate de negarlo!- que la fusión de los dos partidos, tal cual son, en este momento seria un gran paso adelante, ¿cómo se puede reclamar para la Liga el derecho a quedar aislada, a ser ajena a esta nueva e inmensa perspectiva?

No quiero decir que la fusión de ambos partidos ya esté asegurada desde su inicio. Por el contrario, hay demasiados factores involucrados como para poder anticipar matemáticamente el resultado. La burocracia stalinista, que hoy se halla en estado de pánico, puede afirmarse nuevamente y tratar de provocar una escisión abortiva en la SFIO. Doriot puede volver a esta última, nuevos sectores pueden pasar del PC al PS, etcétera, pero todos estos posibles episodios no cambian en nada nuestra caracterización de la actual situación del movimiento obrero y de sus necesidades urgentes.

Si la fusión no se concreta, si los stalinistas tratan de desorganizar al PS con sus métodos acostumbrados (zigzags, demagogia, e incluso el soborno individual), sólo nuestras ideas y nuestros métodos podrán inocular a los nuevos revolucionarios del PS la fuerza necesaria para resistir la completa disgregación. Hoy el ILP sería distinto si hace un año nuestra sección británica hubiera entrado a defender en su seno la política que expusimos en una serie de cartas y artículos. Esta es también la respuesta a la objeción que dice: "bien, esperemos hasta que se haya establecido la unidad entre los dos grandes partidos; entonces nos presentaremos con nuestra carta de llamado." Esto significa que, en vez de anticiparnos, de actuar y prepararnos, estaríamos esperando al margen el momento de ser prácticamente extirpados por obra de otros.

Camaradas: Nuestra responsabilidad ante el proletariado francés y el marxismo internacional es enorme. Debemos mirar la realidad cara a cara y sacudirnos los prejuicios de pequeños círculos cerrados.

No hay otro camino, pero éste es seguro.

 

V.[León Trotsky]



[1] Los stalinistas y la unidad orgánica. Autorizado por la Biblioteca de la Universidad de Harvard. Firmado "V". Traducido del francés [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Jesse Smith Esta carta, enviada a la dirección de la Liga francesa, llama la atención sobre los aspectos positivos de la posible unificación de la SFIO con el PC. Fue escrita una semana antes de que los dirigentes de ambos partidos firmaran el pacto de frente único, el 27 de julio de 1934. El análisis posterior, más completo, acerca de la cuestión de la unidad orgánica, aparece en el artículo titulado Sobre las tesis "La unidad y la juventud"



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