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Los errores de los sectores de derechas de la Liga Comunista sobre la cuestión sindical

Prinkipo, 4 de enero de 1931

 

1. Si la estructura teórica de la economía política marxista descansa enteramente sobre la concepción del valor como trabajo materializado, la política revolucionaria marxista descansa enteramente sobre la concepción del partido como vanguardia del proletariado.

Cualesquiera que sean los orígenes sociales y las causas políticas de los errores y desviaciones oportunistas, siempre se reducen ideológicamente a una comprensión errónea de lo que es el partido revolucionario y de su relación con otras organizaciones proletarias y con el conjunto de la clase.

2. La concepción del partido como vanguardia proletaria presupone su independencia total e incondicional de toda otra organización. Los diferentes acuerdos (bloques, coaliciones, compromisos) que se realicen con otras organizaciones, inevitables en el curso de la lucha de clases, solamente son admisibles con la condición de que el partido se dirija siempre a la clase obrera, marche bajo su propia bandera, actúe solamente en nombre de él mismo y explique claramente a las masas los fines y los límites que tiene ese acuerdo determinado.

3. En el fondo de todas las oscilaciones y los errores de la dirección de la Comintern se encuentra una comprensión errónea de la naturaleza del partido y de sus tareas. La teoría estalinista de un partido “de dos clases” contradice el abecé del marxismo.

El hecho de que la Internacional Comunista oficial haya tolerado esta teoría durante varios años y que hasta ahora no la haya condenado con la necesaria firmeza es el signo más inconfundible de la falsedad de su doctrina oficial 4. El crimen fundamental de la burocracia centrista de la URSS es su posición falsa respecto al partido. La fracción estalinista pretende incluir administrativamente en las filas del partido a toda la clase obrera. El partido deja de ser la vanguardia, o sea la selección voluntaria de los obreros más avanzados, más conscientes, más devotos y más activos. El partido se funde con la clase tal cual es y pierde su poder de resistencia ante los aparatos burocráticos. Por otra parte los brandleristas y demás parásitos de la burocracia centrista justifican el régimen partidario estalinista mediante una referencia filistea a la “falta de cultura” del proletariado ruso, identificando por lo tanto partido y clase, o sea liquidando al partido en teoría, del mismo modo que Stalin lo liquida en la práctica.

5. La base de la política desastrosa de la Comintern en China fue renunciar a la independencia del partido. En cierto periodo eran inevitables los acuerdos prácticos con el Kuomintang[1]. La entrada del Partido Comunista en el Kuomintang fue un error fatal. El desarrollo de este error se transformó en uno de los mayores crímenes de la historia. El Partido Comunista Chino se creó solamente para transferir su autoridad al Kuomintang. De vanguardia del proletariado, se lo transformó en cola de la burguesía.

6. La desastrosa experiencia del Comité Anglo-Ruso se debe enteramente a que se pisoteó la independencia del Partido Comunista Británico. Para que los sindicatos soviéticos pudieran mantener el bloque con los rompehuelgas del Consejo General (¡supuestamente por intereses de Estado de la URSS!), debía privárselo de toda independencia. Para lograrlo, se disolvió prácticamente el partido en el llamado Movimiento de la Minoría, oposición de izquierda en el seno de los sindicatos.

7. Desgraciadamente la experiencia del Comité Anglo-Ruso fue la que menos se entendió, incluso en los grupos de la Oposición de Izquierda. Hasta para algunos de nuestras filas, la exigencia de una ruptura con los rompehuelgas parecía sectaria.

Especialmente en Monatte, fue en la cuestión del Comité Anglo- Ruso donde más claramente se manifestó el pecado original que lo arrojó en brazos de Dumoulin. Esto tiene una importancia enorme: si no se comprende claramente lo que pasó en Inglaterra en 1925-1926, ni el comunismo de conjunto ni la Oposición de Izquierda podrán abrirse paso hacia una perspectiva más amplia.

8. Stalin, Bujarin, Zinoviev (que en este asunto eran solidarios, al menos al principio) intentaron reemplazar al débil Partido Comunista británico por una “corriente más amplia”, que no estuviera encabezada por miembros del partido sino por “amigos”, casi comunistas, en todo caso buenos compañeros y conocidos.

Por supuesto que los buenos compañeros, los “dirigentes de peso”, no querían someterse a la dirección de un Partido Comunista débil, pequeño. Estaban en todo su derecho. El partido no puede obligar a nadie a acatarlo. Los acuerdos entre los comunistas y los “izquierdistas” (Purcell, Hicks, Cook[2]) sobre la base de tareas parciales del movimiento sindical, eran bastante posibles, y en ciertos casos esenciales. Pero con una condición: que el Partido mantuviera su total independencia, incluso dentro de los sindicatos; actuara en su propio nombre en las cuestiones de principio; criticara a sus aliados “izquierdistas” siempre que fuera necesario, y ganara, paso a paso, la confianza de las masas.

Pero este camino, que era el único posible, les parecía muy largo e incierto a los burócratas de la Internacional Comunista.

Consideraban que por medio de su influencia personal sobre Purcell, Hicks, Cook y demás (charlas de trastienda, correspondencia, banquetes, palmaditas amistosas, exhortaciones amables), podrían llevar a la oposición izquierdista (“la corriente amplia”) lenta e imperceptiblemente a la cama de la Internacional Comunista. Para garantizar el éxito con mayor seguridad no se debía fastidiar, exasperar o molestar a los queridos amigos con chicanas, críticas inoportunas, intransigencias sectarias y demás.

Pero como una de las tareas del Partido Comunista es precisamente la de alarmar y quitar el sueño a los centristas y semicentristas, tenía que tomarse una medida radical, subordinando el Partido Comunista al Movimiento de la Minoría.

En el campo sindical aparecían solamente los líderes de este movimiento. El Partido Comunista británico había dejado prácticamente de existir para las masas.

9. ¿Qué exigió la Oposición de Izquierda rusa al respecto? En primer lugar que se restableciera la total independencia del Partido Comunista británico respecto a los sindicatos. Afirmamos que solamente mediante la influencia de las consignas independientes del partido y de su crítica abierta, el Movimiento de la Minoría podría tomar forma, precisar mejor sus tareas, cambiar de dirección y fortificarse en los sindicatos, al mismo tiempo que se consolidaba la posición del comunismo.

¿Qué contestaron Stalin, Bujarin, Losovski y Cía[3] a nuestras críticas? “Vosotros queréis llevar al Partido Comunista británico por la senda del sectarismo. Queréis empujar a Purcell, Hicks y Cook al campo enemigo. Queréis romper con el Movimiento de la Minoría”.

¿Qué replicó la Oposición de Izquierda? “Si Purcell y Hicks rompen con nosotros, no porque exijamos que se transformen inmediatamente en comunistas (¡nadie pretende tal cosa! ) sino porque nosotros queremos seguir siendo comunistas, eso significa que Purcell y Cía. no son amigos sino enemigos disfrazados.

Cuanto más rápido revelen su verdadera naturaleza, mejor para las masas. No queremos para nada romper con el Movimiento de la Minoría. Al contrario, queremos prestarle la máxima atención. El más pequeño paso adelante que se dé con las masas o con parte de las masas vale más que una docena de programas abstractos de círculos de intelectuales, pero el prestarles atención a las masas no tiene nada que ver con la capitulación ante sus líderes o semilíderes temporales. Las masas necesitan una orientación y consignas correctas. Esto excluye toda conciliación teórica y toda protección a confusionistas que exploten el retraso de las masas”.

10. ¿Cuáles fueron los resultados del experimento británico de Stalin? El Movimiento de la Minoría, que reunía a casi un millón de obreros, parecía prometedor, pero llevaba en sí mismo el germen de su propia destrucción. Las masas conocían como líderes del movimiento solamente a Purcell, Hicks y Cook, a quienes, además, avalaba Moscú. Estos amigos “izquierdistas” traicionaron, a la primera prueba seria, al proletariado. Los obreros revolucionarios quedaron confundidos, sumidos en la apatía, y naturalmente extendieron su desilusión al propio Partido Comunista, que no había sido más que una pieza pasiva de todo ese mecanismo de traición y perfidia. El Movimiento de la Minoría quedó reducido a la nada, y el Partido Comunista regresó a su existencia de secta deleznable. Así, gracias a una concepción radicalmente falsa del partido, el mayor movimiento del proletariado inglés, que había llevado a la huelga general, no solo no conmovió al aparato de la burocracia reaccionaria sino que, por el contrario, lo reforzó y comprometió por largo tiempo el futuro del comunismo en Gran Bretaña.

11. Uno de los orígenes sicológicos del oportunismo es una especie de impaciencia superficial, una falta de confianza en el crecimiento gradual de la influencia del partido, el deseo de ganar a las masas mediante maniobras organizativas o mediante la diplomacia personal. De ahí surge la política de las combinaciones de trastienda, la política del silencio, del encubrimiento, de los renuncios, del adaptarse a consignas ajenas, y finalmente el pasarse totalmente a las posiciones del oportunismo. La subordinación del Partido Comunista al Kuomintang en China, la creación de partidos obreros y campesinos en la India, la subordinación del partido británico al Movimiento de la Minoría, etcétera, son todos fenómenos en que vemos la misma combinación burocrática de métodos que comienza con una impaciencia revolucionaria superficial y termina en una traición oportunista[4]. 

Es precisamente por esto que en los últimos años insistimos constantemente en la enorme importancia educativa que tienen los ejemplos antes citados de la estrategia de la Comintern. Se los debería estudiar y compararlos con cada nueva experiencia, no sólo para condenar los errores y crímenes históricos cuando ya se consumaron sino para aprender a detectar errores similares en una situación nueva desde el comienzo, mientras todavía es posible corregirlos.

12. Hay que decirlo claramente: los errores de algunos oposicionistas franceses, miembros de la liga, en la cuestión sindical muestran signos alarmantes de semejanza con el lamentable experimento británico. Sólamente que los errores franceses son de menor escala, y no se desarrollaron sobre la base de un movimiento de masas. Eso permite que ciertos camaradas los pasen por alto o subestimen su importancia principista. Sin embargo, si la Liga deja que en el futuro su trabajo sindical se lleve a cabo así, con los métodos formulados por la mayoría de su antigua dirección, las ideas y las banderas de la Oposición de Izquierda quedarán comprometidas en Francia por mucho tiempo.

Hubiera sido criminal cerrar los ojos ante esto. No habiendo tenido éxito en el intento de rectificar estos errores en su etapa inicial por medio de advertencias y consejos privados, sólo nos queda denunciar los errores y a sus autores públicamente, para poder rectificar la política por medio del esfuerzo colectivo.

13. En efecto, a partir de abril de 1930 la Liga abandonó el trabajo independiente en los sindicatos en provecho de la Oposición Unitaria, que, a su vez, intenta tener su propia plataforma, dirección y política. Dentro de estas limitaciones tenemos una notoria analogía con el experimento del Movimiento de la Minoría en Inglaterra. Pero es importante destacar que hay ciertas características de las condiciones francesas que hacen, ya desde un comienzo, más peligroso este experimento. En Inglaterra el Movimiento de la Minoría estaba de conjunto más a la izquierda que la dirección oficial de los sindicatos.

¿Puede decirse lo mismo de la Oposición Unitaria? No. En sus filas hay elementos que tienden obviamente a la Oposición de Derecha, o sea al reformismo. Todavía no tenemos claro cuál es su peso relativo.

La fuerza principal de la Oposición Unitaria es la Federación Docente. En Francia los docentes jugaron siempre un papel importante en el socialismo, en el sindicalismo y en el comunismo. Entre ellos encontraremos seguramente muchos amigos. Pero sin embargo no se trata de una federación obrera.

Debido a su composición social, la Federación Docente puede proveer muy buenos agitadores, periodistas y revolucionarios en el plano individual, pero no puede convertirse en la base de un movimiento sindical. Todos sus documentos revelan escasa claridad de pensamiento político. El Congreso de Marsella de la Federación demostró que sus miembros oscilan en un triángulo entre la línea oficial, la Oposición de Izquierda y la Oposición de Derecha. Le prestaríamos un flaco servicio a la Federación, y también al conjunto del movimiento obrero, si ocultáramos sus errores, sus vacilaciones, su falta de precisión. Desgraciadamente ésta era la política de la redacción de La Veríté[5] (una política de silencio) hasta hace pocos días. Y no es casual.

14. Pero, ¿es que quieren romper la Oposición Unitaria? El que plantee esta cuestión así está diciendo que los comunistas como comunistas no pueden participar del trabajo de la Oposición Unitaria. Si éste fuera el caso, significaría simplemente que se trata de una organización de enemigos encubiertos del comunismo. Por suerte no es así. La OU, de conjunto, no es ni comunista ni anticomunista, porque es heterogénea. En nuestra actividad práctica debemos tener en cuenta esta heterogeneidad. Debemos prestarles la máxima atención a los grupos que evolucionan hacia el marxismo. Pero con una condición: que cuando aparezcamos ante los obreros en los sindicatos actuemos en nombre de la Liga Comunista sin admitir ninguna censura de nuestros actos que no sea la de la propia Liga (o la de todo el partido cuando se restablezca la unidad de las filas comunistas).

15. En las filas de la Oposición Unitaria hay sin duda elementos que simpatizan con la Oposición de Izquierda sin ser miembros de la Liga: debe reunírselos bajo nuestras banderas.

Hay elementos indefinidos, que tratan con todas sus fuerzas de permanecer así, transformando esto en una “plataforma”. Con estos elementos podemos hacer arreglos tácticos sobre bases definidas, manteniendo una total libertad de crítica mutua También hay, indudablemente, elementos ajenos, que se encuentran allí accidentalmente o que entraron como agentes de reclutamiento del reformismo. Pueden usar nuestra falta de claridad para lograr la descomposición de la OU. Cuanto más rápido se los descubra y se los elimine mejor será para la causa.

16. ¿Pero no estamos a favor de colaborar con todos los obreros en los sindicatos, sin tener en cuenta sus posiciones políticas y filosóficas? Claro que sí, pero la OU no es una organización sindical: es una fracción política que tiene por objeto trabajar sobre el movimiento sindical. Dejemos para Monatte y sus amigos los popistas el actuar disfrazados. Los revolucionarios actuamos abiertamente ante los obreros. En la OU podemos trabajar solamente con los que marchan a nuestro lado, en la misma dirección, aun cuando no sigan hasta el fin de la ruta.

17. Ciertos camaradas insisten sobre todo en que los comunistas deben pelear por su influencia en los sindicatos con ideas y no por medios mecánicos. Generalmente se convierte este planteamiento, que puede parecer irrebatible, en un lugar común carente de significado. La burocracia centrista también declara con frecuencia, y con bastante sinceridad, que su tarea es influir con ideas y no ejercer una presión mecánica. En un análisis de fondo, la cuestión se reduce a la orientación política y económica, a las consignas y al programa de acción. Si la orientación es correcta, si las consignas corresponden a las necesidades del momento, las masas de los sindicatos no se sienten “forzadas”. En cambio si la orientación es errónea, si se proclama una política de ascenso revolucionario en un momento de reflujo político y viceversa, es inevitable que las masas lo tomen como una presión mecánica que se está ejerciendo sobre ellas. Por lo tanto la cuestión se reduce a si las premisas teóricas de la Oposición de Izquierda son lo suficientemente serias y profundas, si sus cuadros están preparados para evaluar correctamente la situación y para plantear las consignas que corresponden. Todo esto se debe comprobar en la práctica. Es inadmisible entonces que silenciemos o subestimemos los pecados y errores de nuestros aliados temporales así como los nuestros.

18. Por increíble que parezca, ciertos aliados de la Liga protestan contra la intención de uno u otro de subordinar la OU a la Liga.

Se basan, sin darse cuenta, en el mismo argumento lamentable que usa Monatte contra todo el comunismo.

Significa en la práctica que algunos camaradas que trabajan en los sindicatos quieren para sí mismos una total independencia de la Liga. Creen que mediante sus maniobras, sus consejos y su habilidad personal lograrán resultados que no puede obtener la Liga mediante su trabajo colectivo. Otros camaradas, que querrían tener la misma independencia en la prensa, aplauden estas tendencias. Se plantea entonces la siguiente duda: ¿por qué entraron estos camaradas en la Liga si no le tienen confianza? 19. ¿Cómo se plantean realmente las cosas respecto a la “subordinación” de la Oposición Unitaria? La pregunta misma es falsa. Sólo sus propios miembros están subordinados a la Liga. Siendo que la mayoría de la Oposición Unitaria no está en la Liga, se trata de una cuestión de compromisos, de persuasión o de frente común, y no de subordinación por cierto.

En realidad los que se oponen a la supuesta subordinación de la Oposición Unitaria a la Liga están exigiendo en los hechos una subordinación de la Liga a la OU. Precisamente ésa es la situación hasta ahora. En su trabajo sindical, o sea en el más importante, la Liga está subordinada a la Oposición Unitaria, en provecho de la cual ha renunciado a toda independencia. Los marxistas no pueden ni deben tolerar una política semejante. Ni un día más.

20. Algunos camaradas de la dirección, que hasta ayer llevaron a cabo una política de capitulación, declaran hoy estar “totalmente de acuerdo” con la necesidad de transformar la OU en un bloque. En realidad quieren limitarse a un cambio de nombre. Cuanto más rápido “acuerdan” con la crítica marxista, más se empeñan en realidad en una lucha por mantener todo como estaba. Simplemente quieren utilizar la fraseología de la crítica marxista para disimular la vieja política. Estos métodos no son nuevos, pero la antigüedad no los hace más atractivos.

El veneno de la duplicidad y la falsedad corrompería por largo tiempo, si no para siempre, a una organización revolucionaria si ésta se permitiera ocultar una política oportunista tras una máscara de fraseología revolucionaria. Esperamos firmemente que la Liga no lo permita.

Prinkipo, 4 de enero de 1931 

 



[1] Kuomintang. Partido nacionalista burgués fundado por Sun Yat- sen, líder de la Primera Revolución China (1911). En la Segunda Revolución China (1925-1927), la línea de Stalin obligó a los comunistas chinos a disolver su partido para entrar al Kuomintang, al que se admitió en la Comintern como partido simpatizante en 1926. Después de haber usado al Kuomintang para limitar y frenar la revolución, Chiang Kai-shek pudo, en marzo de 1927, lanzar una de las peores masacres de la historia moderna contra los obreros y campesinos comunistas y revolucionarios. 
[2] Purcell, Hicks, Cook. Funcionarios sindicales de “izquierda" de Gran Bretaña. A. A. Purcell y George Hicks estaban en el Consejo General del Congreso Sindical. A. J. Cook era secretario de la federación minera. 
[3] Stalin... y Cía. Nikolai Bujarin (1888-1938), dirigente bolchevique, encabezó a la Comintern de 1926 a 1929, “confesó” en el tercer Juicio de Moscú y fue ejecutado en 1938. (Ver nota 18.) A. Losovski encabezó la Internacional Sindical Roja.. 
[4] Los camaradas dirigentes de los EE.UU. nos informan que en la Liga Americana algunos camaradas –seguramente sólo a titulo individual– están a favor del bloque con los lovestonistas (. Lovestonistas. Partidarios de Jay Lovestone, dirigente del Partido Comunista de los Estados Unidos que llevó a cabo la expulsión de los trotskistas en 1928. Stalin lo depuso sumariamente en 1929, como parte de la purga internacional de la Oposición de Derecha encabezada por Bujarin. Los lovestonistas se mantuvieren como organización independiente hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, cuando se desbandaron. Lovestone se convirtió en experto anticomunista de la burocracia sindical y en “eminencia gris” de la política exterior ultraderechista del presidente de la AFL-CIO George Neany), en nombre del trabajo de masas. Es difícil imaginar un proyecto más ridículo, más inadecuado, más estéril que éste. ¿Conoce esta gente por lo menos algo de la historia del Partido Bolchevique? ¿Han leído las obras de Lenin? ¿Conocen la correspondencia de Marx y Engels? Afortunadamente, la gran mayoría de la Liga Americana no tiene nada en común con estas ideas (L.T.)
[5] La Verité. Periódico de la Liga Comunista, la organización trotskista francesa. 



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