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Los comunistas extranjeros corren peligro[1]

 

 

2 de enero de 1936

 

 

 

En la resolución del último plenario del Comité Central del PCUS (23 de diciembre de 1935) acerca de la verificación de los documentos partidarios, creden­ciales, etcétera, encontramos la extraña indicación de que, debido a la negligencia de los organismos partida­rios pertinentes, las agencias de espionaje extranje­ras puedan infiltrar agentes en el Partido Comunista, disfrazados de exiliados políticos y comunistas extran­jeros.

Este parágrafo de la resolución nos exige la mayor atención y desconfianza. Desde luego que no se puede excluir que algunos espías se coloquen la máscara stali­nista y, dada la total burocratización de la vida partida­ria, lo hagan con todo éxito. Pero nos preguntamos por qué el Comité Central resolvió destacarlo en la resolu­ción. En general, los verdaderos problemas de espiona­je no se tratan abiertamente. Bastaría un memorandum secreto a los organismos partidarios. Pero el hecho de considerar necesario el anunciar públicamente en forma tan espectacular que existe infiltración de espías extranjeros, demuestra que se trata de una maniobra destinada a resolver un problema completamente dis­tinto y mucho más profundo.

En los últimos años, cientos de comunistas extran­jeros fueron atraídos a la Unión Soviética mediante engaños, y allí arrestados, confinados en campos de concentración, o incomunicados, o deportados. Se ejecutó a decenas de ellos. Se trató de vincular el asesi­nato de un grupo importante de militantes de la Oposi­ción extranjeros al asunto de Kirov. Ahora tratan de crear un pretexto más general y duradero para el exter­minio de extranjeros de espíritu crítico. Es muy proba­ble que los autores de la amalgama (en primer lugar la pareja Stalin-Iagoda) estén muy preocupados por las revelaciones del camarada yugoslavo Ciliga después de su liberación[2]. Tienen razón. Por eso tratan de dar a los agentes extranjeros de la GPU (incluyendo a los señores editores stalinistas) una fórmula prefabricada para engañar a la opinión pública. Dado que no se puede involucrar al mundo entero en el asesinato de Kirov, se pueden arrojar sospechas sobre los demás, acusándolos de espías.

No les servirá. Los obreros exigirán la creación de a comisión internacional imparcial para investigar los asesinatos, acusaciones y persecución de los comu­nistas extranjeros. Esta consigna adquiere ahora gran importancia para purificar al movimiento obrero del veneno de la amalgama stalinista.



[1] Los comunistas extranjeros corren peligro. Con autorización de la Biblioteca de la Universidad de Harvard. Traducido del alemán [al inglés] para esta obra por Maria Roth. Los dirigentes de la LCI de varios países recibieron copias.

[2] Anton Ciliga: dirigente del PC yugoslavo encarcelado por Stalin, pudo abandonar la URSS en 1935. Antes de romper con el marxismo hizo una serie de revelaciones sobre las condiciones en las cárceles soviéticas.



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