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Las perspectivas en Polonia[1]

 

 

18 de julio de 1935

 

 

 

A los bolcheviques-leninistas polacos

 

Estimados camaradas:

 

Recibí del SI el material polaco y también una carta dirigida a mí, con una lista de preguntas formuladas con precisión. Las discusiones entre los camaradas po­lacos se desarrollan en dos terrenos, vinculados entre sí pero diferentes; por un lado, los principios y criterios generales del movimiento obrero y sus tendencias; por el otro, la evaluación de las oportunidades con que cuentan nuestros camaradas polacos para su trabajo.

En cuanto a la pregunta general, creo que los acon­tecimientos del último período ya la han respondido en gran medida. ¿Acaso hemos abandonado la evaluación leninista del reformismo y el centrismo? ¿Acaso de­bemos revisarla? ¿Debemos abandonar la idea de la Cuarta Internacional?

Quien sostenga esta posición no tiene nada que ha­cer en nuestras filas. Para caracterizar nuestra política, basta citar los siguientes hechos: a) las unificaciones en Estados Unidos y en Holanda;[2] b) el entrismo de nuestras secciones en los partidos socialdemócratas francés y belga; c) una vigorosa campaña contra el SAP y otros de su calaña; d) la publicación del manifiesto por la Cuarta Internacional. Sólo teniendo en cuenta es­tos hechos uno puede comprender su interrelación recíproca y formarse un cuadro exacto de la línea es­tratégica de los bolcheviques-leninistas. Podemos permitirnos el entrismo en los partidos oportunistas porque tenemos cuadros preparados; porque tenemos una actitud implacable hacia los oscurantistas profe­sionales tipo SAP; porque desarrollamos todo nuestro trabajo, bien como organización independiente, o bien, temporalmente, como fracción dentro de los partidos oportunistas, pero siempre bajo la bandera de la Cuarta internacional, vale decir, sin la menor conciliación con las concepciones y métodos de la Segunda y Tercera internacionales. Quien destruya esta forma de organi­zación, que no inventamos sino que nos fue impuesta por la situación de conjunto; quien aísle la táctica de la estrategia y convierta una norma circunstancial en una fórmula universal, corre el riesgo de perecer en el pan­tano del oportunismo o en el desierto del sectarismo.

Es erróneo decir que no debemos entrar en un par­tido socialdemócrata a menos que se nos acepte como fracción estatutaria, se nos permita publicar nuestra prensa, etcétera. No cabe duda que sería extraordinario contar con ello.

Pero fuera de Francia, cuyo PS posee una estructu­ra y tradición muy particulares, jamás encontramos ta­les condiciones, tampoco son decisivas. El ejemplo belga demuestra que el entrismo está condicionado por factores políticos, no estatutarios. No se trata de entrar a determinado partido al son de pífanos y atabales, sino de lograr auténticas oportunidades para desarro­llar el trabajo revolucionario dentro del partido. Dentro de los partidos stalinistas nuestros amigos deben tra­bajar en la clandestinidad absoluta. Lo mismo es igualmente lícito en los partidos reformistas. Para nosotros no se trata de desarrollar una política decorosa, sino una política revolucionaria.

En Bélgica tuvimos algunos temores dado que nues­tra sección se vio obligada a dejar de publicar su pren­sa y, sin la menor "garantía" de respeto a sus dere­chos, entrar al PS, partido que para colmo compartía el poder gubernamental. Pero los hechos demostra­ron que nuestros camaradas belgas tenían razón. En la actualidad desempeñan un papel muy importante en el ala izquierda del partido, lo que se revela con toda cla­ridad en la expulsión del doctor Marteau, agente sta­linista, de la dirección del periódico de oposición L’Action Socialiste. Es imposible exagerar la importan­cia de este hecho. Por consiguiente, la dirección revo­lucionaria sólo puede desarrollarse en el seno de este partido y de los sindicatos vinculados a él. Se trataba de determinar si este proceso tomaría un rumbo stalinista o leninista. Ahora podemos decir con toda certeza que las perspectivas stalinistas se han deteriorado consi­derablemente mientras que las nuestras han mejorado en la misma medida. Es muy importante resaltar que el stalinista Marteau sólo cuenta con apoyo en Bruse­las, donde tiene que vérselas con Vereecken y su gru­po. Eso demuestra incontrovertiblemente que el grupo Vereecken no ejerce la menor influencia sobre el ala izquierda del POB.[3]

Es posible que suframos aun muchos contragolpes, tanto en Bélgica como en Francia. Pero se ha dado un paso importante. En última instancia, el veredicto de la práctica ha puesto punto final a la discusión en torno a la justeza del viraje organizativo.

El hecho de que los partidos recientemente unifi­cados de Norteamérica y Holanda todavía no hayan ob­tenido grandes éxitos, parece desilusionar, inclusive descorazonar, a ciertos camaradas: el partido holandés incluso perdió votos en las ultimas elecciones. En este caso, como en todos los demás, el análisis marxista es la única garantía contra las esperanzas exageradas y la desazón injustificada. Los dos partidos no son or­ganizaciones nuevas; sus orígenes se encuentran en or­ganizaciones viejas. La clase obrera casi no los conoce como partidos autónomos. Después de las grandes desilusiones históricas, la vanguardia proletaria no depo­sita espontáneamente sus esperanzas en agrupaciones desconocidas. Sólo un programa de acción sumamente claro, sólo la agitación concentrada, sólo la participa­ción activa en los combates y en la vida interna de las organizaciones de masas pueden arraigar a los partidos nuevos en la conciencia de la vanguardia proletaria. Esto aún no ha sido logrado en Holanda y Estados Uni­dos. Podemos decir con certeza que nuestros avances en Francia y Bélgica son relativamente más importan­tes que los de Holanda y Estados Unidos. Extraer con­clusiones generales de este hecho sería erróneo o, cuando menos prematuro. Toda obra necesita tiempo para madurar. Debemos estudiar muy cuidadosamente los procesos de distintos países, establecer sus simili­tudes, estudiar las condiciones y sólo entonces extraer las conclusiones necesarias. En todo caso, no debemos perder tiempo y empezar de una buena vez.

En cuanto a los problemas concretos de Polonia, me resulta muy difícil -a pesar de los importantes docu­mentos que nos enviaron los amigos polacos- llegar a alguna conclusión. En todos los documentos campea un tono que podría calificarse de pesimista: se dice que la clase obrera no está en condiciones de pelear; que el fascismo podría desarrollarse sin encontrar resistencia, etcétera. ¿Es así realmente? En estos casos, no hay error más grande que el de subestimar las posibilidades de combatir.

¿Qué representa el PSP [Partido Socialista Pola­co]?[4] ¿Cuántos obreros militan en sus filas? ¿Cuál es su influencia política en general y en los sindicatos en particular? ¿Cómo se desarrolla la vida interna del partido? Lo que dicen los documentos y cartas al res­pecto es demasiado general. Podemos suponer que nuestro grupo -en virtud de todo su pasado- se mantiene demasiado aislado del PSP, sólo mantiene rela­ciones superficiales y circunstanciales con el mismo y, en consecuencia, no sigue de cerca su vida interna. En tales condiciones, el asunto se presenta como una ecua­ción con demasiadas incógnitas.

Hipotéticamente puede suponerse que, aun en el caso en que el régimen actual obtenga un triunfo total y no encuentre resistencia y que, asimismo, el PSP desaparezca sin oponer resistencia, la presión de los acontecimientos obligará a la fracción revolucionaria a romper con el PSP; dicho de otra manera, los elementos revolucionarios del viejo partido sólo sobrevivirán en la clandestinidad. También en este caso seria muy im­portante acercarse oportunamente al ala proletaria del partido.

Si el régimen ha de volverse totalitario, los intentos de concertar un frente único se volverán más enérgicos y es muy posible que se obtengan resultados concretos a través de una eventual escisión en el PSP. De manera que el ala izquierda de este partido también puede abrir la vía para que nuestros camaradas se acerquen a los stalinistas capaces de evolucionar. Además, parece totalmente evidente que bajo estas condiciones, refu­giarse en el Bund equivaldría a volverle la espalda a todas las oportunidades de desarrollo mayor.[5] Pero, por otra parte no se puede ayudar a los obreros judíos a salir del callejón sin salida del Bund hacia un terreno más amplio si el trabajo revolucionario no se ve corona­do por el éxito en el seno del proletariado polaco.[6]

Entonces, parece que durante un cierto período nuestros camaradas deben dejar de discutir entre ellos sobre cuestiones generales y, sin expulsar ni desplazar a nadie empeñar todas sus energías en la formación de vínculos con el ala izquierda, en particular con los ele­mentos proletarios del PSP y los sindicatos, reuniendo todo el material pertinente para que esta investigación les permita tomar decisiones concretas; esto también puede servir como medio de propaganda de nuestras ideas.

 

Trotsky

 

 

 

28 de julio de 1935

 

 

 

Estimados camaradas:

 

Quiero completar mi primera carta con algunas ob­servaciones. Cuanto más lo pienso más errónea me pa­rece la afirmación de que si no se producen grandes acontecimientos revolucionarios en otros países, el pro­letariado polaco sería incapaz de luchar. En Polonia no se ha producido ninguna catástrofe que paralice a la clase obrera por muchos años. Hay mucha desilusión, pero bajo la superficie duerme aun intacto el poderío del proletariado. Posiblemente sea necesario un fuerte golpe desde el exterior; pero ese golpe también puede ser desencadenado por acontecimientos polacos. Pri­mero: la situación del campesinado parece insoporta­ble. La cuestión agraria aún no está resuelta.[7] Se­gundo: la cuestión nacional. Tercero: los roces entre los partidos burgueses; boicot de las elecciones, etcétera.

Cuarto: la disputa -casi inevitable- en el campo acé­falo de Pilsudski.[8] Para diagnosticar estos procesos oportunamente, uno no debe permitir que los pronósticos pesimistas lo adormezcan. Semejante estado de ánimo es muy peligroso en un estado mayor revolu­cionario.

En mi primera carta mencioné el ejemplo de Fran­cia y Bélgica. Debo citar un tercer ejemplo, el de Suiza. ¡Nuestro grupo publica un periódico independiente! ¡Trotz Alledem! [A pesar de todo] Sin embargo, la ma­yoría del grupo milita al mismo tiempo dentro del PS, reúne a la oposición de izquierda e intenta con éxito tomar la dirección. Ustedes comprenden la diferencia: en Francia, entrismo con organización propia y prensa; en Bélgica se abandona la prensa en favor de un tra­bajo fraccional interno sistemático; en Suiza, trabajo fraccional interno combinado con un periódico indepen­diente fuera del partido.

El PSP es un partido legal. Nuestra participación en su vida interna y en sus actividades (cualquiera sea la forma) coincide en gran medida con una combinación del trabajo legal con el ilegal. Si lograran crear una fracción dentro del PSP (y una fracción complementaria en el Bund) tendrían que complementar ese trabajo con la publicación de periódicos legales e ilegales.

Todo esto es puramente hipotético. Insisto en mi primera propuesta: dediquen algunos meses a la inves­tigación y al acercamiento, y sólo entonces tomen una decisión definitiva.



[1] Las perspectivas en Polonia. Bulletin Intérieur de la LCI N° 3, septiembre de 1935. Traducido del francés [al inglés] para la primera edición [norteamericana] de esta obra por Fred Buchman.

[2] En 1933-35 la LCI trató de vincularse a distintos sectores que se des­plazaban hacia la izquierda en el seno de diversas organizaciones cen­tristas. La fusión de la sección norteamericana con el AWP de Muste en 1934, y de la sección holandesa con el OSP en 1935, condujo a la for­mación del WPUS y del RSAP.

[3] El POB (Partido Laborista Belga): sección belga de la Segunda Internacional. Después de la segunda Guerra Mundial tomó el nombre Partido Socialista belga. Georges Vereecken (n. 1896): dirigió el grupo que rompió con la sección belga de la LCI a principios de 1935, cuando ésta voto el entrismo al POB. La reunificación se produjo en 1936, pero Vereecken volvió a separarse en 1938, en protesta por la fundación de la cuarta Internacional. Durante la posguerra, en dos ocasiones se acercó a la sección belga de la CI. Escribió un libro, publicado en Inglaterra bajo el título de The GPU in the Trotskist Movement [La GPU en el movimiento trotskista] (Londres, New Park Publications, 1976) donde quiso demostrar que los provocadores stalinistas fueron los responsables de la mayor parte de sus diferencias con Trotsky y la CI en los años 30. (Aunque en ese libro su nombre aparece escrito "Vereeken", los editores de la presente obra retienen la grafía utiliza­da por Trotsky y por el movimiento en los años treinta.)

[4] El Partido Socialista Polaco (PPS): organización nacionalista fundada por Pilsudski y otros en 1892. En 1906 se escindió un ala izquierda que en 1918 se unificó con los socialdemócratas de Polonia y Lituania para formar el PC. Después del golpe de estado de 1926 el PPS estaba en la oposición a Pilsudski, pero no libró una lucha activa contra su régimen. Los bolcheviques-leninistas polacos entraron al PPS en noviem­bre de 1935.

[5] La Bund judía (Federación General de los Obreros Judíos de Lituania, Polonia y Rusia): formaba parte del Partido Obrero Social Demócrata Ruso hasta 1903, cuando se opuso a la concepción leninista del partido multinacional democráticamente centralizado. Cuando el partido rechazó la exigencia del Bund de constituir una estructura partidaria federativa en la que éste estaría a cargo de las relaciones con los obreros judíos, se separó y convirtió en organización independiente. En 1917 se alió con los mencheviques contra la revolución bolchevique. En los años treinta la Bund polaca era un grupo centrista.

[6] Esto naturalmente no excluye la posibilidad de que tal o cual grupo de camaradas entre en el Bund. Pero este análisis tiene que ver con nuestra orientación general. [Nota del autor].

[7] Por otra parte, el problema agrario parece preocupar enormemente a los círculos gubernamentales. ¿No les parece que nuestra organización podría distribuir un manifiesto para que la clase obrera tome el pro­blema? [Nota de León Trotsky.]

[8] Jozef Pilsudski (1867-1935): nacionalista polaco, organizó un ejérci­to propio para combatir a Rusia en la Primera Guerra Mundial y dirigió las fuerzas contrarrevolucionarias intervencionistas en la guerra civil rusa. Sus tropas entraron en Varsovia en mayo de 1926, y fue dictador del país hasta su muerte.



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