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La política de Lenin

Carta a Harold R. Isaacs, 25 de febrero de 1937

 

Extracto de una carta dirigida al periodista norteamericano Harold R. Isaacs. En esta época, éste se encontraba próximo a la política de los militantes del Movimiento por la IVª Internacional, y mantenía correspondencia regular con Trotsky, al que había conocido en 1935. La primera edición de su libro «La tragedia de la revolución china» apareció en 1938 con prefacio de Trotsky. Posteriormente se hizo anticomunista, suprimiendo este prefacio de las ediciones posteriores, que, por otra parte, modificó considerablemente. El público francés no dispone más que de la edición transformada, editada por Gallimard. Este extracto de la carta de Trotsky a Harold R. Isaacs ha sido publicado con la autorización de Pathfinder Press; nos ha sido proporcionada por N. Allen y G. Breitman.

 

Algunos camaradas, desorientados por la terrible lucha que se está desarrollando en España, y sobre todo por la situación extremadamente difícil por la que está pasando el P.O.U.M., tienen tendencia a adaptarse pasivamente a la dirección de este partido: la aprueban a pesar de algunas reticencias secundarias[1].

Esta actitud me parece errónea, e incluso peligrosa. No hay que manifestar simpatía por una organización revolucionaria que atraviesa una situación difícil, cerrando los ojos sobre sus errores y los peligros que éstos suscitan. No se puede restablecer la situación mas que por medio de un enderezamiento determinado, enérgico y heroico del ala izquierda del proletariado. También es necesario un reagrupamiento inmediato. Hay que desencadenar una campaña implacable contra la alianza con la burguesía y por el programa socialista. Hay que denunciar a las direcciones estalinistas, socialistas y anarquistas, precisamente por su alianza con la burguesía. No se trata de redactar artículos que acabarán más o menos confinados en las columnas de La Batalla. No. De lo que se trata es de dirigir a las masas contra sus dirigentes, que están a punto de conducir a la revolución a un desastre.

La política de la dirección del P.O.U.M., es una política de adaptación, de espera, de vacilación, es decir, la más peligrosa de las políticas durante una guerra civil, que no admite ningún compromiso. Más valdría que hubiese en el P.O.U.M. 10.000 camaradas dispuestos a movilizar a las masas contra la traición, que 40.000 que sufriesen la política de los otros en lugar de llevar la suya. Los 40.000 miembros del P.O.U.M. -si esta cifra es exacta-[2] no pueden asegurar con sus propias fuerzas la victoria del proletariado si su partido continúa con una política vacilante. Pero 20.000 o incluso 10.000 con una política clara, decidida, agresiva, pueden ganarse a las masas en un corto plazo, de la misma forma que se las ganaron los bolcheviques en ocho meses.

La actual política del P.O.U.M. es la de Martov,[3] no la de Lenin. Para vencer, lo que hace falta es la política de Lenin[4]



[1] Particularmente éste es el caso de Sneevliet y del R.S.A.P. holandés, que se solidarizaron claramente con la política del P.O.U.M. desde el verano de 1936. Igualmente era -a pesar de que lo niegue- la de la mayoría del partido socialista revolucionario belga de Georges Vereecken. Sobre esta cuestión de la política del P.O.U.M. tuvo lugar un debate extremadamente apretado en la sesión del comité central del P.S.R. belga, del 28 y 29 de noviembre de 1936, en Gilly, entre Vereecken, ponente de una de las posiciones y Erwin Wolf (N. Braun), miembro del S.I., de la otra (Boletín interno del P.S.R. belga, n.º 1, 1936, actas taquigráficas del debate, archivo personal).

[2] Según el informe de Andrés Nin ante el comité central del P.O.U.M. de diciembre de 1936, el partido contaba en estas fechas con 30.000 miembros, de los cuales únicamente 2.200 en la propia Barcelona (Boletín interior del P.O.U.M., nº 1, enero de 1937, P. 3). Esta cifra constituye, sin duda, el máximo de los efectivos del P.O.U.M. durante la guerra civil.

[3] Trotsky retomará varias veces esta comparación entre la política de Nin y la de Martov. La propia comparación indignaba a los partidarios de Nin, en la medida en que Martov fue menchevique, lo cual constituye una injuria para cualquiera que se reclame del bolchevismo. De hecho la personalidad de Martov -al que Lenin defendió de la represión e hizo autorizar su salida del país- no es la del «traidor a la revolución». Compañero en los primeros tiempos de Lenin en San Petesburgo, posteriormente en la redacción de Iskra, fue dirigente de los «mencheviques internacionalistas» decididos opositores de la Santa Alianza. Durante la guerra civil fue de los que se opuso a colocarse del lado de los blancos, intervendría en el 7º congreso de los soviets, en diciembre de 1919, saludando la victoria del ejército rojo, diciendo «nuestro ejército» (ver la respuesta de Lenin en este debate, Obras, t. XXX, pp. 229 y SS.).

[4] En el dossier Wolf, que se encuentra en los archivos Vereecken, figura la copia de una carta dirigida por Van Heijenoort a Navílle, fechada el 27 de febrero de 1937. Comienza así: «Querido Naville, aquí te mando algunas opiniones de mi tío, en conversaciones que he tenido con él a propósito de España», y el resto del texto es la reproducción integra de éste. Se puede suponer que Van, para resumir el pensamiento de Trotsky, recurriese al documento redactado por éste para Harold R. Isaacs.

 



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