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La ignoracia no es un instrumento de la revolución

A propósito de un artículo escandaloso en “Trinchera aprista”

Artículo fechado el 30 de enero de 1939. Traducido del francés de la versión publicada en Oeuvres, Tomo 20, pág. 74, editada por el Instituto León Trotsky de Francia. Publicado en Clave Nro. 5, primera época, febrero de 1939. El texto fue firmado por Diego Rivera pero escrito por Trotsky. También publicado en Escritos, Tomo X, pág. 164, Ed. Pluma.

En el número 3 de nuestra revista, habíamos publicado un artículo de Diego Rivera, dedicado a una carta programática de Haya de la Torre. El artículo del camarada Rivera, como todos nuestros lectores pudieron darse cuenta, trataba sobre problemas de gran importancia y estaba escrito en un tono extremadamente sereno. Sin embargo, uno de los periodistas del A.P.R.A., un tal Guillermo Vegas León2, respondió a través de un artículo al que no podemos menos que calificar de imprudente y vil. El Sr. Vegas León, con la excusa de responder a las principales cuestiones que se habían expuesto, utiliza la insinuación personal y se cree en el derecho de atacar a Diego Rivera como hombre y como artista.

¿Es necesario defender a Rivera contra ataques estúpidos y sucios? Vegas León, con un desprecio cómico en cada línea, llama al camarada Rivera “el pintor”, como si ese mote fuera en sí mismo una temible condena. Vegas León, para agregar al peso de su ironía la ironía de un filisteo impotente, hubiera tenido que hablar de un “gran pintor”: si está mal ser pintor, es incomparablemente peor ser un maestro del talento. A la manera de Lombardo Toledano y de otros “socialistas” burgueses, Vegas León acusa a Rivera de vender sus pinturas a la burguesía. ¿Pero quién, en la sociedad capitalista, puede comprar pinturas sino la burguesía? La enorme mayoría de los artistas, dependientes de la burguesía por las condiciones sociales, están unidos a ella ideológicamente. Rivera constituye un caso excepcional porque mantiene su independencia moral total con respecto a la burguesía. Es por esta razón que merece ser respetado por todo obrero socialista y por todo demócrata sincero. Pero Vegas León no pertenece a ninguna de estas dos categorías.

Vegas León se indigna porque Rivera considera a Haya de la Torre como un demócrata y ve allí un insulto y una calumnia. Haya de la Torre “no es un demócrata3 sino un revolucionario”, exclama. Es totalmente imposible comprender lo que significa esta contraposición. Por un lado, el demócrata puede oponerse al partidario de la monarquía o a la dictadura fascista; por el otro, y aunque de forma diferente, puede oponerse al socialista. Pero oponer el demócrata al socialista tiene la misma significación que oponer un pelirrojo a un abogado. El demócrata, en Francia o en Estados Unidos, no puede, naturalmente, ser un revolucionario; está a favor del mantenimiento del sistema existente, es un conservador. Pero el demócrata de un país atrasado, que se encuentra doblemente oprimido por el imperialismo y por la dictadura policial, como es el caso de Perú, sólo puede ser un revolucionario si es un demócrata serio y consecuente. Esta es precisamente la idea que desarrolla Rivera. Hace críticas a Haya de la Torre por su posición de defensor de la democracia y no por no aparecer como revolucionario en su carta programática. Rivera toma esta posición de forma condicional e intenta, con éxito para nosotros, demostrar que Haya de la Torre se muestra como un demócrata inconsecuente. A esto es a lo que Vegas León hubiera debido responder.

Haya de la Torre llama a los Estados Unidos “el guardián de nuestra libertad” y promete dirigirse él mismo al guardián en caso de peligro de fascismo (¿Benavides4 no es acaso un peligro?) “para pedirle su ayuda”. El camarada Rivera condena con justeza la idealización del imperialismo norteamericano. ¿Cuál es la respuesta de Vegas León? Responde por medio de injurias, invoca citas de Lenin, cita declaraciones de de la Torre... y más insultos. Pero de este modo no explica por qué el dirigente aprista, en lugar de denunciar el verdadero rol de este país, creyó posible, en la víspera de la Conferencia de Lima, presentar a los Estados Unidos -como hizo Lombardo Toledano en Futuro- como una gallina filántropica que protege a sus pollitos latinoamericanos (incluido el tierno pollito Benavides) del usurero del otro lado del océano. Tal deformación de la realidad es doblemente inadmisible cuando es escrita por un demócrata de un país oprimido.

Los marxistas revolucionarios pueden llegar a acuerdos prácticos con los demócratas, pero precisamente con aquellos que son revolucionarios, es decir, con aquellos que se apoyan en las masas y no en la gallina protectora. El A.P.R.A. no es, ante los ojos de los marxistas, una organización socialista, porque no es una organización de clase del proletariado revolucionario. El A.P.R.A. es una organización de la democracia burguesa en un país atrasado semicolonial. Por su tipo social, sus objetivos históricos, y en gran medida por su ideología, se encuentra dentro de la misma categoría que los populistas rusos (social-revolucionarios) y la Kuomintang china. Los populistas rusos tenían más fraseología y doctrina “socialista“ que el A.P.R.A. Sin embargo esto no les ha impedido jugar el rol de demócratas pequeño burgueses, peor aún, de demócratas pequeño burgueses “atrasados” que no tienen la fuerza para realizar las tareas puramente democráticas a pesar del espíritu de sacrificio y de heroísmo de sus mejores combatientes. Los “social revolucionarios” habían publicado un programa agrario revolucionario, pero, como los partidos pequeño burgueses, estaban prisioneros de la burguesía liberal - esta bondadosa gallina que protege a sus pequeños- y traicionaron a los campesinos en el momento decisivo durante la revolución de 1917. No hay que olvidar este ejemplo histórico. Un demócrata que proyecta confianza en los “guardianes” imperialistas no puede más que crear amargas desilusiones a los pueblos oprimidos.

El camarada Rivera afirma tanto en sus tesis como en su artículo, que los pueblos oprimidos no pueden obtener su emancipación completa y definitiva si no es a través del derrocamiento revolucionario del imperialismo y que esta tarea será realizada por el proletariado mundial aliado con los pueblos coloniales. Vegas León lanza un torrente de injuriosas objeciones y algunos argumentos del mismo estilo contra esta idea. Dejando las injurias de lado, deberíamos tratar de determinar la base de su argumentación. El proletariado de los países imperialistas, dice, no tiene el menor interés por la lucha de los países coloniales, y en consecuencia estos últimos deben llevar adelante su propia política. Considerar que la suerte de los países atrasados depende, aunque sea mínimamente, de la lucha del proletariado de los países avanzados, es... “derrotismo”. No vamos a analizar lo absurdo de esta idea: Vegas León da un ejemplo para probar la validez de su argumento. México expropió las empresas petroleras, ¿no es esto un paso hacia la emancipación de este país de su dependencia con el imperialismo? Esta medida ha sido adoptada sin embargo, sin la menor participación del proletariado americano o inglés. Este ejemplo reciente demuestra, según Vegas León, que los pueblos semi coloniales o coloniales pueden esperar su emancipación completa independientemente de la actitud del proletariado internacional.

Todo este razonamiento demuestra que el periodista del A.P.R.A. no comprende el ABC de esta cuestión que tiene una importancia fundamental para su partido, que es la relación recíproca entre los países imperialistas y los semicoloniales. Es absolutamente cierto que México ha dado un paso adelante hacia la emancipación económica expropiando las empresas petroleras. Pero Vegas León cierra los ojos ante el hecho de que México, como vendedor de productos petroleros, ha caído ahora -y esto es inevitable- en la dependencia con otros países imperialistas. ¿Qué forma asumirá o podrá asumir esta nueva dependencia? La historia, sobre este punto, no ha dicho su última palabra.

Por otro lado, ¿podemos afirmar que la acción concreta -la expropiación de las empresas petroleras- está asegurada de forma definitiva? Lamentablemente, es imposible decirlo. Una presión militar o puramente económica del extranjero, con una relación de fuerzas internacional desfavorable para México, es decir, de derrotas y retrocesos del proletariado mundial, pueden obligar a este país a dar un paso atrás. Sería pura fanfarronada hueca negar tal posibilidad. Sólo lamentables utópicos pueden describir el futuro de México y el de cualquier otro país colonial o semicolonial como un porvenir de acumulación de constantes reformas y conquistas hasta que eso lleve a la emancipación completa y definitiva. De la misma forma, los socialdemócratas, esos clásicos oportunistas, esperaron durante mucho tiempo lograr transformar la sociedad capitalista a través de continuas reformas sociales y llegar así a la emancipación completa del proletariado entero. En realidad, la vía de las reformas sociales sólo es posible en un momento dado, cuando las clases dominantes, atemorizadas por el peligro, desencadenan una contraofensiva. La lucha no puede estar surcada más que por la revolución y la contrarrevolución. La acumulación de reformas democráticas en numerosos países no han tenido como resultado el socialismo sino el fascismo, que liquidó todas las conquistas sociales y políticas del pasado. La misma ley dialéctica se aplica a la lucha por la liberación de los pueblos oprimidos. Algunas conquistas precisas que ayudarán a su lucha por la independencia, pueden ser arrancadas de forma relativamente pacífica en ciertas condiciones favorables. Pero esto no significa en absoluto que tales conquistas parciales van a proseguir sin interrupción hasta la realización de la independencia completa. Después de haber hecho ciertas concesiones secundarias en la India, el imperialismo británico está decidido, no sólo a poner fin a las reformas, sino a torcer el camino en otro sentido. La India no puede ser liberada sino a través de la lucha común y abiertamente revolucionaria de los obreros y los campesinos y del proletariado inglés.

Este es uno de los aspectos del problema. Pero de todas formas hay otro más. ¿Por qué el gobierno mexicano ha logrado llevar adelante la expropiación, al menos por el momento? Antes todo gracias al antagonismo entre Estados Unidos e Inglaterra. No había que temer la intervención activa, inmediata de Gran Bretaña. Pero esta es una cuestión menor. El gobierno mexicano igualmente consideró como poco probable una intervención militar de su vecino del Norte en el momento en que declaró la expropiación, ¿sobre qué bases descansaban sus cálculos? Sobre la orientación actual de la Casa Blanca: el “New Deal” en las cuestiones nacionales estaba acompañado de la política de “buen vecino” en las relaciones exteriores.

Vegas León no comprende, evidentemente, que la política actual de la Casa Blanca está determinada por la crisis profunda del capitalismo norteamericano y el crecimiento de tendencias radicales en la clase obrera. Estas tendencias nuevas hasta ahora encontraron su expresión más clara bajo la forma de CIO. Vegas León se lamenta que la CIO5 se desinterese por la suerte de Perú. Esto quiere decir probablemente que la tesorería de la CIO se negó a financiar el APRA. De nuestra parte no tenemos la menor inclinación a cerrar los ojos frente al hecho de la que la conciencia política de los dirigentes de la CIO no es superior a la de la izquierda del partido conservador de Roosevelt y, podemos agregar, que es en cierto aspectos inferior a ese miserable nivel. Sin embargo, la existencia de la CIO refleja un salto enorme en el pensamiento y el sentimiento de los obreros norteamericanos.

La fracción influyente de la burguesía norteamericana de la que Rooselvelt es representante, dice (o decía ayer): “Es imposible gobernar con viejos métodos; hace falta llegar a un acuerdo. Hace falta hacer concesiones parciales para preservar lo esencial, la propiedad privada de los medios de producción”. Tal es precisamente el significado del New Deal. Roosevelt extiende esta política a las relaciones internacionales y ante todo a América Latina: ceder en cuestiones secundarias a fin de no perder en las cuestiones importantes.

Son precisamente estas relaciones políticas internacionales las que han hecho posible la expropiación del petróleo en México sin intervención militar o bloqueo económico. En otros términos, un paso pacífico en el camino de la emancipación económica ha sido posible gracias a una política más activa y más ofensiva de parte de las grandes capas del proletariado norteamericano. Como podemos darnos cuenta, la cuestión no es saber si Lewis y compañía “simpatizan” o no con el APRA y el pueblo peruano. Esos señores no ven más allá de sus narices y no simpatizan más que consigo mismos.

Además, la cuestión no es saber en qué medida los obreros americanos comprenden hoy que su lucha por su emancipación debe estar ligada a la de los pueblos oprimidos. Aunque la situación, vista desde este ángulo, puede parecer bastante lamentable, es indiscutible y sobre todo muy importante, que la intensificación de la lucha de clases en Estados Unidos ha facilitado enormemente la expropiación de las empresas petroleras por el gobierno mexicano. Vegas León, como típico pequeño burgués que es, no puede por nada del mundo comprender esta lógica interna de la lucha de clases, la relación mutua de los factores internos y externos.

Sería radicalmente falso deducir de lo anterior, que la política de Estados Unidos va a continuar desarrollándose en el futuro en el mismo sentido, sin interrupción, abriendo de esta forma posibilidades siempre mayores para la emancipación pacífica de los pueblos latinoamericanos. Al contrario, se puede predecir con toda seguridad que la política del New Deal y del “buen vecino”, que no resolvieron ninguna cuestión ni lograron satisfacer a nadie, van a sublevar las aspiraciones y el espíritu combativo del proletariado norteamericano y de los pueblos latinoamericanos. La intensificación de la lucha de clases ha engendrado el New Deal, haciendo nacer y predominar en las filas de la burguesía las tendencias más reaccionarias, las más agresivas y fascistas. La política del “buen vecino“ será inevitablemente reemplazada, y probablemente en un futuro próximo, por la de puño amenazante que bien puede ser lanzada contra México. Sólo charlatanes del género de Lombardo Toledano o Vegas León pueden permanecer ciegos ante estas perspectivas. Un año antes o después esta pregunta se hará de forma mucho más aguda: ¿quién será el amo del continente: los imperialistas de Estados Unidos o las masas trabajadoras que habitan en todas las naciones de América?

Esta cuestión no puede, por su misma esencia, ser resuelta más que por un conflicto de fuerzas abiertas, es decir, por la revolución o, más exactamente, por una serie de revoluciones. En estas luchas contra el imperialismo participarán, por un lado, el proletariado americano, interesado en su propia defensa, y por el otro, los pueblos latinoamericanos que luchan por su emancipación y que precisamente por esta razón, apoyarán la lucha del proletariado americano.

Se puede deducir claramente de lo que se ha dicho que estamos lejos de recomendar al pueblo latinoamericano que espere pasivamente la revolución en Estados Unidos o a los obreros norteamericanos que se crucen de brazos hasta el momento en que llegará la victoria. Quien espera pasivamente no obtiene nada. Es necesario continuar luchando sin descanso, extender y profundizar la lucha en armonía con las condiciones históricas realmente existentes. Pero, al mismo tiempo, hay que comprender las relaciones recíprocas entre estas dos corrientes principales de la lucha contemporánea contra el imperialismo. Será la fusión de ambas en una etapa dada lo que asegurará definitivamente la victoria.

Naturalmente, esto no quiere decir que Lewis y Green se transformarán en eminentes abogados representantes de la Federación Socialista del continente americano. No, permanecerán hasta el final en el campo imperialista. Esto no significa tampoco que todo el proletariado va a aprender a ver que su propia emancipación depende de la lucha de los pueblos latinoamericanos. Ni que todo el pueblo latinoamericano va a comprender que existen intereses comunes entre él y la clase obrera americana. Pero el hecho de que se persiga una lucha paralela significa que existe entre ellos una alianza objetiva; podría no ser una alianza formal, quizás, pero en realidad se trata de una alianza muy activa. Cuanto más rápido, la vanguardia proletaria americana, en América del Norte, del Centro y del Sur, comprenda la necesidad de una colaboración revolucionaria más estrecha en la lucha contra el enemigo común, más tangible y fructífera será esta alianza. Clarificar, ilustrar, organizar esta lucha - en esto consiste una de las tareas más importantes de la IV Internacional.

El ejemplo que acabamos de desarrollar demuestra suficientemente el nivel general teórico y político de Vegas León. ¿Vale la pena después de esto detenernos en todas sus afirmaciones? Solo consideraremos dos de las más importantes.

León nos atribuye la idea de que la URSS es un país imperialista. Naturalmente no encontramos nada parecido en el artículo de Rivera. Nosotros solamente dijimos que la burocracia soviética, en su lucha por mantener el poder, se transformó en el curso de los últimos años en un agente del imperialismo “democrático“. Con el fin de ganarse la simpatía de este último, está dispuesta a todo tipo de traiciones a expensas de la clase obrera y de los pueblos oprimidos. La actitud de los stalinistas en el pacifista congreso de México en septiembre de 1938 reveló totalmente sus traiciones a los pueblos coloniales y semicoloniales. Es precisamente por esta razón que los “apristas” de izquierda se opusieron activamente a la mayoría stalinista de ese congreso6 ¿Vegas León, estaba o no de acuerdo? Cuando ese señor dándose aires de importancia declara (¿contrariamente a nosotros?) que no es “un enemigo de la URSS”, nosotros no podemos más que alzar los hombros con desprecio, ¿qué significa la URSS para León, una noción geográfica o un fenómeno social? Si quiere estudiar la sociedad “soviética“, debe comprender que esta sociedad es profundamente contradictoria. Es imposible ser amigo del pueblo de la URSS sin ser un enemigo de la burocracia “soviética”. Todos los “pseudoamigos” del Kremlin, como L.D.Trotsky lo ha demostrado más de una vez, son pérfidos enemigos de la lucha por la emancipación llevada adelante por los obreros y los campesinos de la Rusia Soviética.

Vegas León nos acusa de “dividir las fuerzas de la España Republicana“ en lucha contra el fascismo; manifiesta, una vez más, su estupidez reaccionaria. Los marxistas revolucionarios han demostrado desde el comienzo mismo de la Revolución Española y, ante todo, desde del comienzo de la Guerra Civil que la victoria no es posible más que con un programa socialista: con la devolución inmediata de las tierras a los campesinos, con la expropiación de los bancos y los trusts, con la posibilidad para los trabajadores de liberarse de la explotación capitalista. La Revolución Española hubiese sido invencible en estas condiciones. Pero los abogados y los lacayos de los terratenientes, de los banqueros, de los capitalistas y del clero, responden: “¡No, ustedes rompen la unidad!” Todo movimiento revolucionario de obreros y campesinos ha sido implacablemente derrotado en nombre de la “unidad” de los explotados con los explotadores. Todos los socialistas revolucionarios y los verdaderos anarquistas fueron calumniados, encarcelados y exterminados. Más aún, el papel principal lo tuvo la GPU stalinista. “¡No, ustedes rompen la unidad!” -entre las víctimas y los verdugos-. Ahora se pueden ver los resultados de esta política traidora. Los obreros y los campesinos decepcionados han dado la espalda a los republicanos y se han sumergido en la desesperación, la apatía y la indiferencia. Es precisamente esto lo que ha asegurado la victoria de Franco. Los que repiten ahora, después de la caída de Barcelona, que los “trotskistas” predican la división de España republicana, demuestran solo con esto que son agentes de los terratenientes, de los banqueros, de los capitalistas y el clero. Esto es suficiente para obligarnos a decir abiertamente a los trabajadores peruanos: ¡No crean en individuos del tipo de Vegas León; son pequeños burgueses conservadores que no comprenden la lógica de la lucha de clases y son, en consecuencia, totalmente incapaces de dirigirlos en su lucha por la emancipación nacional y social y no pueden aportarles más que derrotas!

Pensamos que hemos dicho bastante. Los insultos y las insinuaciones de Vegas León no son argumentos. La ausencia de vergüenza no es excusa para la ignorancia. Y la ignorancia no es un instrumento de la revolución.

 

1. Artículo fechado el 30 de enero de 1939. Traducido del francés de la versión publicada en Oeuvres, Tomo 20, pág. 74, editada por el Instituto León Trotsky de Francia. Publicado en Clave Nro. 5, primera época, febrero de 1939. El texto fue firmado por Diego Rivera pero escrito por Trotsky. También publicado en Escritos, Tomo X, pág. 164, Ed. Pluma.

2. Guillermo Vegas León ya se había distinguido por una polémica bastante mediocre contra un artículo de Trotsky: escribía en Trinchera Aprista, órgano del APRA, pero empleando los argumentos del PC y de sus aliados.

3. Trotsky no discute con todas las posiciones de Haya de la Torre, sino sólo con el aspecto democrático.

4. Oscar Raimundo Benavides (1876-1945): oficial peruano que había servido en el ejército francés durante cinco años, fue presidente de la república de Perú desde 1933: el APRA fue proscripto y las libertades democráticas confiscadas.

5. CIO (Congress of Industrial Organization) fue la última en nacer y la más militantes de las centrales obreras americanas.

6. Dos de esos delegados, José B. Goyburu y F. León Vivero, se habían contactado con Trotsky y sus camaradas.



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