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La Cuarta Internacional y la Unión Soviética[1]

 

 

8 de julio de 1936

 

 

 

1. La resolución del Séptimo Congreso Mundial de la Comintern según la cual el socialismo ha triunfado "definitiva e irrevocablemente en la URSS" -¡a pe­sar del bajo nivel de productividad del trabajo en com­paración con los países capitalistas adelantados e in­dependientemente del curso de los acontecimientos en el resto del mundo!- es una mentira grosera y pe­ligrosa. La afirmación de que la Unión Soviética abarca "la sexta parte de la superficie de la tierra" tiene poca importancia, desde el momento que la habita tan solo el 8,5 por ciento de la humanidad. Se trata, como siem­pre, de la lucha entre dos sistemas irreconciliables: el socialismo y el capitalismo. Esta lucha no ha sido ni puede ser resuelta dentro de los confines de la URSS. Solo se resolverá "definitiva e irrevocablemente" en el terreno mundial.

2. La gran masa de los medios de producción indus­triales en la Unión Soviética ha crecido enormemente y permanece en manos del estado; en la agricultura, en manos de los koljoses, entre la propiedad estatal y privada. Pero la propiedad estatal todavía no es socialista, porque la premisa de ésta es la extinción del esta­do como guardián de la propiedad, la disminución de la desigualdad y la desaparición gradual del concepto de propiedad, inclusive en la moral y en las costumbres de la sociedad. El verdadero proceso en la URSS ha seguido en los últimos años la dirección contraria. Crece la desigualdad y, con ella, la coerción estatal. Si las condiciones internas e internacionales son favo­rables, se podrá efectuar la transición de la actual pro­piedad estatal al socialismo; sin embargo, si las condi­ciones resultan desfavorables, podría volverse al capi­talismo.

3. Todo estado obrero, en el primer período, trata­rá de desarrollar las fuerzas productivas reteniendo para ello el sistema del trabajo asalariado o, como dice Marx, "las normas de distribución burguesas". El pro­blema es resuelto, en última instancia, por la tendencia general del proceso. Si los países adelantados se vieran arrastrados a la revolución y si la riqueza social aumen­tara con gran rapidez, la desigualdad social también disminuiría velozmente y el estado no tendría nada que "cuidar". Dado el aislamiento y el atraso de la tierra soviética, las normas de distribución burguesas tuvie­ron un carácter grosero y superficial (enormes diferen­cias salariales, bonificaciones, títulos, órdenes y otras cosas por el estilo), y engendraron tendencias retró­gradas que amenazan al sistema de propiedad estatal.

4. La baja productividad con gran inversión de capi­tal, con enormes gastos militares y el gran despilfarro de un aparato desenfrenado se refleja en que las masas carecen de los más importantes artículos de consumo personal. Las conquistas económicas, demasiado mo­destas como para elevar notablemente el nivel material y cultural de la población en su conjunto, ya resultan suficientes para dar surgimiento a un amplio estrato privilegiado. El segundo plan quinquenal no mitigó los antagonismos sociales, los acentuó enormemente. La desigualdad crece a saltos. Los himnos de alabanza a la "vida feliz" se cantan únicamente en las cumbres, mientras los estratos inferiores mantienen un silencio forzoso.

5. Al aprovechar los múltiples antagonismos socia­les (entre la ciudad y el campo, el trabajo intelectual y el manual, las granjas individuales y koljoses y las par­celitas privadas de los koljosianos, los stajanovistas y el resto de las masas trabajadoras), la burocracia soviética se ha independizado de los trabajadores. Como cualquier otra burocracia, regula a los antagonismos en 4efensa de los intereses de los más fuertes, los mejor ubicados, los privilegiados Como cualquier otra burocracia, toma para sí un parte importante del ingreso nacional, convirtiéndose en el más privilegiado de los estratos privilegiados.

6. En términos de condiciones de vida personal, la sociedad soviética muestra hasta el día de hoy una enorme jerarquización: desde los niños vagabundos, las prostitutas, los lumpenproletarios... hasta los "diez mil" de la cúpula, que llevan una vida similar a la del magnate capitalista de Europa Occidental. A diferencia de lo que dice el Séptimo Congreso de la Comintern, el socialismo todavía no ha triunfado: ni en las condicio­nes económicas objetivas de la URSS (el criterio de la productividad del trabajo), ni en la conciencia de las masas productoras (el criterio del consumo individual).

7. Sin embargo, es un hecho de importancia capital que las relaciones sociales en la URSS, incluidos los privilegios de la aristocracia soviética, se basan en últi­ma instancia en la propiedad estatal y koljosiana, ad­quirida mediante la expropiación de la burguesía y esto, a diferencia de la propiedad capitalista, abre la posibilidad para el desarrollo de la industria y de la cul­tura. El abismo histórico, abierto por la Revolución de Octubre, separa la economía planificada estatal sovié­tica de la "estatización" capitalista, es decir, la inter­vención del estado para salvar la propiedad privada y "regular" el sistema económico perimido, frenando el desarrollo de las fuerzas productivas y rebajando el nivel de vida del pueblo. La identificación de la econo­mía soviética con la fascista (Italia, Alemania), tan fre­cuente entre los economistas liberales, es fruto de la ig­norancia, o de la falta de escrúpulos. La victoria de la burocracia bonapartista de la URSS sobre la vanguardia proletaria no equivale de ninguna manera a la victoria de la contrarrevolución capitalista, aunque es cierto que le abre el camino.

8. Señalar (como hacen los anarquistas y los ultraizquierdistas de todos los colores) que el proletariado debe tener la misma actitud hacia la Unión Soviética que hacia los estados imperialistas, es afirmar que a la clase obrera no le interesa que la indus­tria estatizada y la agricultura colectivizada en la Unión Soviética se mantengan y desarrollen, o bien que una guerra civil arroje la economía a la descomposición y al capitalismo fascista. Esta posición es digna de los "amigos" idealistas desilusionados de la Unión Sovié­tica, de los diletantes y charlatanes políticos de corte liberal o anarquista, pero de ninguna manera de los re­volucionarios marxistas, que jamás pierden de vista el factor fundamental de la historia: el desarrollo de la producción.

9. Ya hemos dicho que la estratificación social de la sociedad soviética se produce sobre todo en el te­rreno de la distribución, y parcialmente, sobre todo en la agricultura, en el de la producción. Pero no existe un muro infranqueable entre la distribución y la produc­ción. Al fomentar la avidez de individuos y grupos hasta el punto de hacerles perder todo control, la buro­cracia desacredita la concepción de la propiedad social. El crecimiento de los privilegios económicos da lugar a una duda legítima entre las masas: ¿a quién servirá el sistema en última instancia? Las "normas de distribución burguesas", que ya han excedido ampliamente los límites tolerables, amenazan con desbaratar la disciplina social de la economía planificada y, con ella, la propiedad estatal y koljosiana.

10. Las distintas vías posibles hacia la restauración del sistema burgués se revelan con toda claridad en el problema de la familia. Dado que el bajo nivel material y cultural del país y la supresión de la iniciativa de las masas no le han permitido a la burocracia cumplir las tareas de sustento y crianza social, comienza ahora a restablecer y ensalzar a la familia pequeño burguesa y su estrecha economía privada, caldo de cultivo de la imbecilidad social en todas sus variantes. Pero la fami­lia plantea directamente el problema del derecho de herencia. La propia burocracia, que trata de basarse políticamente en la familia conservadora, siente que su dominación es defectuosa e incompleta, porque no esta en situación de legar sus privilegios materiales a sus sucesores. Por su parte, el derecho de herencia conduce a la mayor extensión de los limites de la propiedad pri­vada. Esta es una de las posibles vías de restauración del capitalismo. En todos los terrenos de la vida social la burocracia pone en peligro todo lo que el sistema soviético tiene de progresivo. No es el guardián de la "propiedad socialista"; se ha convertido en su sepul­turero.

11. El significado político de la nueva constitución se contradice con su interpretación oficial en forma directa. La "constitución stalinista" no es un avance "del socialismo a la sociedad comunista" como dicen descaradamente las autoridades, sino un retroceso de la dictadura del proletariado hacia un régimen político burgués.

El desarrollo de la sociedad socialista debería expre­sarse en el terreno político mediante la extinción del estado. El grado de extinción es la medida más fiel de as conquistas del desarrollo socialista. El primer paso de la extinción del estado debería ser la liquidación total de la burocracia elevada por encima de la socie­dad. Pero, en los hechos, la nueva constitución da fuer­za de ley al proceso diametralmente opuesto. No pue­de ser de otra manera. El aumento de los privilegios necesita un policía para supervisarlo.

12. De acuerdo con la nueva constitución, la coer­ción estatal no sólo no disminuye sino que, por el con­trario, adquiere un carácter más concentrado, franco y cínico. Se destruyen los soviets. Las instituciones lo­cales y centrales, es decir, "municipales" y "parlamentarias", basadas en el sistema plebiscitario, no tienen nada que ver con los soviets, los organismos de combate de las masas trabajadoras. Por otra parte, carecen completamente de peso. La nueva constitución coloca, oficial y públicamente, todo el poder y el control de todos los aspectos de la vida económica y cultural en manos del "partido" stalinista, independiente tanto del pueblo como de sus afiliados, y que representa la máquina política de la casta dominante.

13. Digamos de paso que la constitución liquida de jure la posición dominante del proletariado en el es­tado, posición liquidada de facto hace mucho tiempo. Declara, de ahora en adelante, que la dictadura es "aclasista" y "popular", lo cual, desde el punto de vista marxista, es totalmente absurdo. La dictadura del "pueblo" sobre sí mismo debería haber significado la disolución del estado en la sociedad, es decir, la muerte del estado. En realidad, la nueva constitución sanciona la dictadura de los estratos privilegiados de la sociedad soviética sobre las masas productoras. De esta manera la burocracia elimina la posibilidad de la extinción pací­fica del estado y crea las vías "legales" para la contra­rrevolución económica, es decir, la restauración del capitalismo mediante un "golpe blanco". La burocracia ya crea el terreno para esta posibilidad con la pro­mulgación del engaño sobre la "victoria del socialis­mo". Nos corresponde llamar a la clase obrera a oponer sus fuerzas a las presiones de la burocracia, en defensa de las grandes conquistas de Octubre.

14. A diferencia de lo que sostiene la mentira oficial, la nueva constitución, lejos de extender la "democracia" soviética, sanciona su liquidación total. Cada uno de sus artículos proclama que los amos de la situación no entregarán voluntariamente sus posiciones al pueblo. El carácter aristocrático y absolutista de la nueva constitución se expresa con mayor claridad en la nueva cruzada anunciada el día mismo de su publica­ción: la cruzada por el "exterminio de los enemigos del pueblo, las ratas y alimañas trotskistas" (Pravda, 5 de junio de 1936). La burocracia es perfectamente cons­ciente del origen del peligro mortal que la acecha y dirige el terror bonapartista contra los representantes de la vanguardia proletaria.

15. Le ha robado a la clase obrera de la URSS la última posibilidad de reforma legal del estado. La lucha contra la burocracia se convierte necesariamente en una lucha revolucionaria. Fiel a las tradiciones del mar­xismo, la Cuarta Internacional rechaza decisivamente el terror individual, junto con todos los métodos del aven­turerismo político. Sólo se puede aplastar a la burocra­cia mediante la movilización de las masas, conscientes de su objetivo, contra los usurpadores, parásitos y opre­sores.

Si el retorno del capitalismo a la URSS requiere una contrarrevolución social -eliminación de la propiedad estatal de los medios de producción y de la tierra y res­tauración de la propiedad privada-, el desarrollo futu­ro del socialismo requiere inexorablemente una revolu­ción política, es decir, el derrocamiento violento del régimen político de la burocracia degenerada, así como la preservación de las relaciones de propiedad instaura­das por la Revolución de Octubre. La vanguardia prole­taria de la URSS, basada en las masas trabajadoras de todo el país y en el movimiento revolucionario de todo el mundo, deberá derribar a la burocracia por la fuerza, restablecer la democracia soviética, eliminar los enormes privilegios y garantizar el genuino avance hacia la igualdad socialista.

16. Con respecto a la guerra, como a todas las demás cuestiones, los partidos de la Cuarta Internacio­nal no se basan en consideraciones y simpatías de tipo formal e idealista, sino solamente en criterios marxis­tas. Por ejemplo: apoyan a Etiopía a pesar de que allí existe la esclavitud y un régimen político bárbaro, porque en primer lugar la formación del estado nacional independiente es un paso histórico progresivo para un país capitalista y, en segundo lugar, porque la derrota de Italia significaría el inicio del derrumbe de una sociedad capitalista decadente.

La vanguardia proletaria del mundo entero apoyará a la URRS en guerra, a pesar de la burocracia parasi­taria y del negus sin corona que domina el Kremlin, porque el régimen social de la URSS, a pesar de sus deformaciones y úlceras, representa un gigantesco avance histórico en comparación con el capitalismo putrefacto. La derrota de un país imperialista en la próxima guerra provocará el derrumbe no sólo de su forma estatal, sino también de sus cimientos capitalistas y, por consi­guiente, la propiedad estatal remplazará a la privada. La derrota de la Unión Soviética significaría no sólo el derrumbe de la burocracia soviética, sino también el remplazo de la propiedad estatal y colectiva por el caos capitalista. Dadas las circunstancias, la elección de la línea política es me ineludible.

Sin embargo, el apoyo resuelto e intrépido de la vanguardia proletaria mundial a la URSS en guerra no significa que el proletariado debe aliarse con los aliados imperialistas de la URSS. "El proletariado de un país capitalista aliado de la URSS debe mantener total y absolutamente su intransigente hostilidad hacia el gobierno imperialista de su propio país" (La guerra y la Cuarta Inter­nacional, tesis del Secretariado Internacional de la Liga Comunista Internacional, Bolchevi­ques Leninistas, párrafo 44).

"La intransigente oposición proletaria al aliado imperialista de la URSS debe basarse en la política clasista internacional y en los objetivos imperialistas de ese gobierno, en el carácter traicionero de la ’alianza’, en su especulación con un vuelco capitalista en la URSS, etcétera. Por lo tanto, la política de un partido proletario, tanto en un país imperialista ’aliado’ como en uno enemigo, debe orientarse hacia el derrocamien­to revolucionario de la burguesía y la conquista del poder. Solo de esa manera se creará una verdadera alianza con la URSS y se salvará del desastre al primer estado obrero" (ídem, párrafo 45)[2].

17. Los temores de los "ultraizquierdistas" de que la victoria de la URSS redunde en la mayor consolida­ción de las posiciones de la burocracia bonapartista derivan de una concepción equivocada, tanto de las relaciones internacionales como del proceso interno de la URSS. Los imperialistas de todos los bandos no se reconciliarán con la Unión Soviética hasta tanto se haya restablecido la propiedad privada de los medios de pro­ducción. Cualquiera sea la alineación de los estados al comienzo de la guerra, en el transcurso de la misma los imperialistas sabrán llegar a un acuerdo y lograr un realineamiento recíproco, siempre a expensas de la URSS. La URSS podrá evitar la derrota en la guerra sólo bajo una condición: que reciba ayuda de la revolu­ción en Oriente u Occidente. Pero la revolución internacional -lo único que puede salvar la URSS- significará a la vez el golpe mortal para la burocracia soviética.

18. ¿Es la URSS un estado obrero? La URSS es un estado basado en las relaciones de propiedad creadas por la revolución proletaria, administrado por una buro­cracia obrera en beneficio de los intereses de nuevos estratos privilegiados. A pesar de las colosales diferencias de escala, se puede calificar a la URSS de estado obrero en el mismo sentido que se puede calificar de organización obrera a un sindicato dirigido y traiciona­do por los oportunistas, agentes del capital. Así como los revolucionarios defienden a todo sindicato, aun a los más reformistas, del enemigo de clase y a la vez luchan intransigentemente contra los dirigentes traidores, los partidos de la Cuarta Internacional defienden a la URSS de los golpes del imperialismo, sin abandonar por un solo instante la lucha contra el aparato stalinista reac­cionario. Tanto en la guerra como en la paz, se reservan plena libertad para criticar a la casta soviética dominan­te y plena libertad para luchar contra todos los acuerdos de ésta con los imperialistas a expensas de los intereses de la URSS y de la revolución internacional.



[1] La Cuarta Internacional y la Unión Soviética. Tesis, resoluciones y manifiestos del primer congreso internacional pro Cuarta Internacional. Sin firma.

[2] Véase La guerra y la Cuarta Internacional en: León Trotsky, Escritos 1933-34. (Bogotá: Editorial Pluma, 1976. Tomo v, volumen 2, pp. 451 y ss [N. del E. colombiano]).



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