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Entrevista a Christian Castillo:"El desafío de un marxismo revolucionario renovado"

Christian Castillo, Coordinador General del CEIP «León Trotsky», fue electo en la votación para Director de la carrera de Sociología, que es parte de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires1. Actualmente, se está impulsando la movilización para que el Consejo Directivo de la Facultad reconozca los resultados de la elección. Presentamos una breve entrevista a Christian, interrogándolo sobre el peso de las ideas marxistas en la universidad de Bs. As. y otros temas.

 

Resulta inusual que un marxista revolucionario, reconocido además por su militancia como dirigente trotskista, resulte electo para la dirección de una carrera universitaria. ¿Cómo explicás esto? ¿Se debe a que existe una amplia difusión del marxismo en la facultad?

C.C.: Obviamente lo que está ocurriendo en Sociología, que es la carrera con mayor tradición de movilización y combatividad en el país, tiene que ver con los cambios en Argentina luego de las «jornadas revolucionarias» del 19 y 20 de diciembre. Muestra las aspiraciones de los estudiantes a una carrera y una universidad que estén vinculadas a los procesos de lucha y movilización encarnados por las asambleas populares, los piqueteros y las fábricas ocupadas. Expresa también un cuestionamiento a cierto tipo de intelectual que fue dominante en los últimos años que, o bien realizaba su actividad en clave «profesionalista», desde una especie de «torre de marfil», o bien actuaba como consejero o asesor ideológico de las posturas de la «centro-izquierda» local, al estilo de Anthony Giddens con Tony Blair en el New Labour británico. Esta intelectualidad, dominante en las ciencias sociales universitarias locales, estuvo políticamente vinculada a la centroizquierda y postuló las bondades de la «nueva experiencia de un gobierno de coalición» que expresaba la «Alianza»2. Desde lo teórico postuló el eclecticismo y el pragmatismo como virtud y atacó, a tono con los posmodernos, al marxismo como «totalizante». La expulsión del gobierno de De la Rúa, producto de la movilización popular, marcó un verdadero fracaso intelectual de todos los que apostaron al ala «progresista» de los políticos «transformistas» y postularon con supuesta «rigurosidad académica» el fin de toda posibilidad de cambio «desde abajo». Las ciencias sociales no tienen ninguna «neutralidad objetiva» respecto a la lucha de clases y a los conflictos políticos que cruzan la sociedad. Como decía Lenin, en una sociedad que tiene como base la esclavitud asalariada, pretender la existencia de una ciencia social «imparcial» es tan absurdo como esperar imparcialidad por parte de los empresarios respecto a si deben aumentar los salarios disminuyendo las ganancias capitalistas...

Pero, volviendo a la pregunta anterior, ¿cuál es la presencia del marxismo en la carrera de Sociología?

CC: Aunque en la Facultad de Ciencias Sociales la presencia de docentes que tenemos vinculación militante con la lucha de clases y nos reivindicamos marxistas es mayor que en otros ámbitos universitarios, somos una pequeña minoría. El estudio del marxismo está limitado a unas pocas materias y, en general, se ve en forma fragmentada. Se lee algo de Marx por aquí, algo de Gramsci por allá, o algún trabajo de los teóricos de la «Escuela de Frankfurt», pero no mucho más. Lenin, Rosa Luxemburgo o Trotsky, por hablar de algunos de los clásicos del siglo XX, los debates del marxismo con la sociología en la posguerra o la producción marxista contemporánea están completamente ausentes. En la década del ’90, al calor de la implementación de las políticas neoliberales, predominó en las ciencias sociales un cierto sentido común de que el marxismo era una teoría pasada de moda, que no revestía más utilidad para comprender el mundo contemporáneo ni para pensar cómo transformarlo. La idea dominante era que el dominio del «mercado» era inevitable y que no había alternativa a la explotación capitalista. Para ir en contra de esta tendencia hemos impulsado, desde 1998, la Cátedra Libre «Karl Marx», que siempre tuvo una buena respuesta en cuanto a cantidad de participantes. Este año, por ejemplo, el tema estuvo centrado en cuestionar los postulados centrales planteados por Toni Negri en «Imperio» y otros trabajos.
La ciencia social «oficial» ha quedado a contramano con los cambios que se están produciendo en el mundo y en América Latina en particular. Mientras que su «agenda» en los últimos años fue la «gobernabilidad de las democracias», los trabajadores y los pueblos cuestionan abiertamente las políticas del FMI y a los distintos gobiernos y partidos que han sido cómplices de las políticas imperialistas. Esto está provocando que muchos de los temas fundamentales del marxismo estén en el centro de los debates teóricos y políticos, como ya en cierto modo había ocurrido con la idea del «internacionalismo» al surgir la juventud anticapitalista en los países imperialistas. Es que la propia práctica de los sectores más avanzados de las clases subalternas están basándose en ideas que los «científicos sociales» juzgaban completamente descabelladas, como la implementación del control obrero de la producción en las fábricas ocupadas como la cerámica Zanón en Neuquén o la textil Brukman en la Ciudad de Buenos Aires. O como ocurre con el cuestionamiento a aspectos centrales de la democracia burguesa que expresa el surgimiento de las asambleas populares y su reclamo de democracia directa. Sin embargo, esto no implica una revitalización automática de la teoría marxista en cuanto tal, que viene de una crisis muy aguda, quizás la mayor de toda su historia. De ahí que lo que haya tenido más difusión hayan sido ciertas «visiones críticas» del «capitalismo neoliberal», en general más bien superficiales y que buscan alguna salida reformista, como lo es la literatura en la que se ha basado el «movimiento antiglobalización» o el pensamiento autonomista. El gran desafío es desarrollar un marxismo revolucionario renovado a la altura de la práctica que, en cierto sentido, ya está teniendo el movimiento de masas. Para ello es imprescindible contar con una nueva generación de intelectuales revolucionarios, cuya actividad teórica esté íntimamente ligada a la lucha de la clase trabajadora por la revolución obrera y socialista.

En este contexto, ¿cómo valorás la actividad del CEIP?

CC: Con un gran esfuerzo y recursos financieros muy limitados, el CEIP ha buscado en estos años mantener vivo y difundir el legado teórico y político dejado por Trotsky y sus seguidores, partiendo de la casi desaparición de la literatura marxista revolucionaria en lengua española. Está planteado multiplicar estos esfuerzos. El pensamiento de Trotsky tiene una enorme actualidad. El vivió una época en la cual logró sintetizar la teoría de las revoluciones de la primera mitad del siglo XX y luego se enfrentó a un período altamente convulsivo, como probablemente vamos a enfrentar nosotros. Hay que superar toda tentación a repetir estérilmente la letra de sus trabajos y esforzarnos por pensar con nuestras propias cabezas los enormes desafíos teóricos y políticos que tenemos por delante.
La misma bancarrota del stalinismo a nivel mundial fortalece la necesidad, y la posibilidad, de encontrar una continuidad con el pensamiento de Trotsky. Mandel compiló a principios de los ’90 distintos artículos de Trotsky en un interesante libro llamado «Trotsky como alternativa», donde mostraba cómo había en Trotsky un pensamiento de una riqueza inigualable en una innumerable cantidad de campos. Yo creo que esa enorme cantidad de problemas teóricos y políticos que abarca el pensamiento de Trotsky, verdaderamente no tiene igual en otros pensadores. Desde la teoría de la revolución hasta el análisis de fenómenos nuevos como la burocratización del estado obrero, la política durante las guerras mundiales, el análisis de procesos revolucionarios en países muy distintos, semicoloniales o centrales, su concepción del desarrollo desigual y combinado como aplicación de un marxismo no mecanicista, la visión sobre el problema nacional, todo un conjunto de temas donde el pensamiento de Trotsky está en una escala superior a otros pensadores revolucionarios. Pudo tomar lo mejor de la tradición bolchevique y luego enriquecerla con su propia experiencia personal ante acontecimientos y fenómenos políticos que fueron muy novedosos y que plantearon un gran desafío teórico al pensamiento marxista.
Quienes nos reivindicamos trotskistas tenemos una gran responsabilidad en tratar de que las obras de Trotsky y otros clásicos revolucionarios estén a disposición de las nuevas generaciones, así como realizar nuevas investigaciones, como ya dije, no sólo de la obra de Trotsky, sino de la experiencia en la lucha práctica real llevada adelante por los trotskistas en el pasado. Creo que es una fuente de enorme aprendizaje para todos los que participamos hoy de la lucha revolucionaria. Tenemos enormes lecciones para aprender, tanto de los aciertos como de los errores, de los revolucionarios de otras generaciones. En ese sentido, tanto las publicaciones de las obras de Trotsky, como la investigación sobre la experiencia de revolucionarios que se hicieron luchando, en general, contra la corriente, son un enorme aporte que, en la medida de las posibilidades, está realizando el CEIP.

1 La elección fue el resultado de un proceso de movilización por democratizar la carrera, ya que se hizo bajo el principio de un voto igualitario entre estudiantes, docentes y graduados, cuestionando el actual sistema de elección indirecta por «claustros», que da el monopolio de la decisión a los profesores titulares y adjuntos. En la elección hubo 1221 votantes, de los cuales 545 (47 %) votaron a «Tesis XI» (alianza entre En Clave ROJA-PTS y Sociólogos Para Qué?), la lista que llevaba a Castillo como candidato. Segunda con 311 votos (26%) resultó la lista del Partido Obrero, que postulaba a Pablo Rieznik.
2 La «Alianza» fue la coalición entre el Frepaso y la Unión Cívica Radical, que llevó al poder a Fernando De la Rúa en 1999.



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