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En las columnas de Pravda[1]

 

 

Publicado en mayo de 1936

 

 

 

Con sus nuevos balances del llamado "control de credenciales partidarias", Pravda está convencida de que la purga de trastienda es superior a la purga abier­ta. Resulta que "muchos de los enemigos disfrazados pudieron engañar al comité de purga, e inclusive colarse con todo éxito". Esto significa, con otras palabras, que muchos de los sospechosos contaban con la simpatía de sus organizaciones y que los comités, elegidos desde arriba, no encontraron pretexto para expulsarlos. Pero en el control de trastienda "el estudio del personal partidario resultó mucho más profundo y multila­teral que en las purgas" (Pravda, 22 de marzo). No nos extrañemos; en este caso, la tarea fue tomada por la GPU.

Pravda nos dice al pasar que en una fábrica de Cheliabinsk "hay 103 comunistas contra 318 expulsa­dos en alguno u otro momento". En otras palabras, el número de expulsados triplica el de los que quedan. La fábrica de Cheliabinsk no es una excepción. ¡Ilustra perfectamente la situación de este desgraciado "parti­do" gobernante!

Pravda denuncia al secretario del Comité Distrital de Uspensk, de la región Azov-Mar Negro. "En las se­siones del comité distrital, sus mociones -presenta va­rias sobre cada problema- no encuentran objeción por­que no tolera las objeciones." ¡Qué horrible! ¡Qué es­candalosa violación de la democracia! Saltikov escribió una historia de la ciudad de Glupov (la Ciudad de los Tontos), donde retrató las costumbres de la autocra­cia zarista. El artículo sobre el Comité Distrital de Us­pensk parece una sátira involuntaria al régimen. El se­cretario de Uspensk se llama Saut. Pero si uno pusiera URSS en lugar de Uspensk y Stalin en lugar de Saut, el resto del artículo podría ser igual.

Molotov ha logrado arreglar su situación. Todos sa­ben que, desde que se declaró finalizado el "tercer período", Molotov estaba en semidesgracia. Es cierto que su nombre aparecía entre los de los dirigentes por de­recho divino, pero no siempre. Solía aparecer después de Kaganovich y Voroshilov, muchas veces sin inicia­les. En el ritual soviético éstas poseen una importan­cia suprema. Cada vez que una delegación visitaba a Molotov, sólo se le permitía recibirla teniendo a Rudzu­tak a su izquierda y a Chubar a su derecha[2]. Molotov, por su parte, aunque cantaba las loas al Líder, sólo lo hacía en dos o tres ocasiones a lo largo de todo un discurso lo cual, en la atmósfera del Kremlin, debía parecer poco menos que un llamado al derrocamiento de Stalin. Pero, con ayuda de Dios, desde fines del año pasado se observa una notable mejoría. Molotov arre­gló su situación. En las últimas semanas pronunció una serie de panegíricos sobre Stalin, tan buenos que el propio Mikoian se puso verde de envidia. Ahora Mo­lotov se ha hecho acreedor a sus iníciales. Figura en segundo lugar con el título, "entrañable camarada de armas".

No hay mal que por bien no venga. Pero debemos reconocer que no le resultó fácil. Al fin y al cabo, Molotov conoce a Stalin desde hace demasiado tiempo como para ubicarlo en el mismo plano con Lenin, como lo hizo en su denigrante discurso ante los delegados de la Georgia Soviética. Pero, después de todo, no nos corresponde preocuparnos por la dignidad humana de Molotov. Tenemos otras preocupaciones.

En el programa escolar de Kremenchug, a iniciativa de un propagandista llamado Poteliako, se realizó una discusión acerca de la "posibilidad de construir el comunismo en un solo país", durante la cual el tal Poteliako "presentó argumentos trotskistas". A pesar de las protestas de varios comunistas (y evidentemente del corresponsal de Pravda) "Poteliako permanece en su puesto y sigue dictando clase"

Sin embargo, después de la nota del corresponsal de Pravda, podemos pensar con fundamento que Poteliako no solo perdió su puesto de profesor, sino que recibió toda la inspiración necesaria del conocido teórico Iagoda.

Novoseletski, ganador del premio al "mejor periodista" en el Instituto Comunista del Periodismo de Ucrania, al ocupar su nuevo puesto publicó un "ar­tículo trotskista contrarrevolucionario". Fue expulsado del partido (y arrestado, claro está). Este episodio es un claro testimonio del resurgimiento de la audacia de la Oposición. Lo comprobamos con satisfacción.

Pravda explica la necesidad de mantener en alto la vigilancia respecto de los "trotskistas", y pinta una imagen que vale la pena reproducir: "el enemigo de clase en la agonía de su lecho de muerte (parecería que hay agonías que no son de lecho de muerte), se niega a rendirse. Recurre a toda suerte de trampas y ardides sucios, sobre todo cuando se relaja la vigilancia." Ve­mos, pues, que el enemigo de clase no era de temer cuando defendía sus privilegios con las armas en la mano y en la plenitud de sus fuerzas. ¡No! Es más de temer ahora, "en la agonía de su lecho de muerte". En una ocasión similar, Su Serenísima Excelencia el príncipe Potemkin le dijo al plumífero Fonvizin: "Más vale que te mueras ahora, Denis, jamás escribi­rás nada mejor."

El 30 de diciembre de 1935 Pravda informó con in­dignación que los revolucionarios son torturados en las cárceles yugoslavas. Pravda se olvida de informar que los revolucionarios yugoslavos también son torturados en las cárceles de Stalin.

De una conversación con un dignatario soviético (no de Pravda [La Verdad] pero, sin embargo, es ver­dad):

¿Por qué lo adula usted tan desvergonzadamente?

¿Qué otra cosa se puede hacer? ¡Le gusta tanto!



[1] En las columnas de Pravda. New Militant, 16 de mayo de 1936. Firmado "A".

[2] Jan E. Rudzutak (1887-l938): uno de los primeros partidarios de Stalin, fue presidente de la comisión de Control del PCUS desde 1932 hasta que el tercer juicio de Moscú lo condenó a muerte. V.B. Chubar (1891-1941), presidente del consejo de Comisarios del Pueblo de Ucrania, integró el Comité Central en los años veinte y desapareció en 1938.



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