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El ejemplo de España

22 de mayo de 1937

 

 
Sacado de una carta -al III Congreso de la juventud socialista revolucionaria de Francia
T. 4152. Révolution, junio de 1937. La juventud socialista revolucionaria, creada en junio de 1935 a partir de la Alianza de las juventudes socialistas del Sena y de sus militantes excluidos en junio de 1935 de las juventudes de la S.F.i.O., había firmado la «Carta abierta por la IVª Internacional», tomando parte importante en la fundación del P.O.I. Sus dirigentes Fred Zeller, Marcel Hic, Yvan Craipeau, eran miembros de este partido.

 

El ejemplo de España muestra la inagotable reserva de heroísmo y de devoción que ha puesto en práctica el proletariado. A lo largo de seis años de revolución, los obreros españoles habrían podido vencer, no una vez, sino diez. Les faltaba un partido que hubiera podido utilizar su heroísmo y satisfacer las necesidades objetivas de la historia. De derrota en derrota... Pero hay que saber sacar las lecciones de estas derrotas. En España se ve como los dirigentes anarquistas, que no comprenden el concepto de dictadura del proletariado, capitulan en el momento crítico. No son sino liberales exaltados. Se ve, por otra parte, en la práctica, como el P.O.U.M. no es sino el centrismo de izquierda. El centrismo en una tendencia intermedia entre el reformismo y la Revolución. Pero una situación revolucionaria no admite posturas intermedias. De ahí el trágico y lamentable fin del P.O.U.M[1]. Abrazó la pasión revolucionaria de las masas en sus discursos, en sus fórmulas y en sus artículos, pero, por su indecisión, sus equívocos, sus vacilaciones, su falta de programa claro, se privo él mismo de dar a las masas esa firme dirección revolucionaria sin la cual la victoria es imposible.
En nuestras propias filas se puede encontrar cierto número de revolucionarios vacilantes o sentimentales que, por simpatía hacia la revolución española, estaban dispuestos a cerrar los ojos ante los errores trágicos y criminales de la dirección[2]. Camaradas, hay que recordar claramente: nuestra política no es esta. Debemos decir abiertamente lo que pasa, debemos llamar a las cosas por su nombre. La clase obrera tiene necesidad de toda la verdad, por dolorosa que esta pueda ser.



[1] Trotsky se anticipa: No sólo este partido no había sido prohibido, sino que incluso su prensa continuaba apareciendo. Un Militante B.-L. presente en Barcelona en esta época, nos ha revelado la visita a los dirigentes del P.O.U.M.: Juan Andrade consideraba la situación como muy inquietante y esperaba un violento ataque a corto plazo, pero Julián Gorkín era más optimista, consideraba probable a corto plazo... ¡la vuelta del P.O.U.M. al gobierno de la Generalitat! En realidad, el 16 de junio los dirigentes del P.O.U.M. serán arrestados, y el propio partido colocado en la ilegalidad. Sin embargo, a pesar de su incontestable falta de preparación para pruebas de este tipo, el P.O.U.M. no desaparecerá. Su órgano, La Batalla y Juventud Obrera, órgano de la J.C.I., aparecerán regularmente en la clandestinidad durante largos meses.

[2] La apreciación del P.O.U.M., en opinión de Trotsky, constituye un criterio revelador. No desaprovecha ninguna ocasión para volver a colocar esta cuestión sobre el tapete. De hecho, en el seno del P.O.I., se habían revelado ciertas simpatías por las tesis de Vereecken y de Sneevliet, a los que se uniría Serge durante la conferencia de Amsterdam del Buró ampliado de Movimiento por la IVª Internacional; el portavoz de estas simpatías en la conferencia de enero de 1937, había sido un veterano de la Oposición de izquierda, el antiguo animador del «grupo judío» Rosansky, llamado Emile. La misma confusión reinaba en las filas de la J.S.R



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