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El caso Diego Rivera (IX)

Carta a Charles Curtiss

 

 

14 de febrero de 1939

 

 

 

Estimado camarada Curtiss:

Debo solicitarle su intervención en una cuestión que puede parecer de carácter personal pero que tiene importancia política general.

Como los demás camaradas, usted sabe con qué generosidad Diego Rivera y su familia nos ayudaron durante nuestra instalación y residencia en México[1]. Acepté esa ayuda, especialmente la vivienda, porque provenía de una persona a la que consideraba no sólo un devoto militante de la Cuarta Internacional sino también un amigo personal. Ahora, como usted sabe, la situación sufrió un cambio radical. Hice todo lo que pude para solucionar la crisis provocada por los intentos de Diego Rivera de promover milagros políticos junto a la Cuarta Internacional y contra ella. No tuve éxito. La intervención del Buró Panamericano también parece destinada al fracaso. Diego Rivera se negó incluso a rectificar acusaciones absolutamente falsas que hizo contra mí y a mis espaldas. No es necesario entrar de nuevo en detalles, pero me resulta moral y política­mente imposible aceptar la hospitalidad de una persona que no se conduce como un amigo sino como un ponzo­ñoso adversario.

Ahora estamos buscando una nueva casa. Desgra­ciadamente, las experiencias de los dos últimos años nos han mostrado que resulta muy difícil, si no impo­sible, encontrar una casa más o menos conveniente desde el punto de vista de la seguridad. De todos modos, estamos obligados a vivir aquí hasta que encon­tremos otra. A través del camarada Van le propuse a Diego Rivera pagarle un alquiler mensual, pero lo rehusó categóricamente. Se negó a una colaboración común. Se negó a rectificar sus falsas y hostiles afir­maciones. Sin embargo, desea imponerme su “generosidad”, aprovechando las condiciones especiales que me impiden mudarme libremente de una casa a otra. Me niego a calificar esta actitud.

Adjunto doscientos pesos (un modesto alquiler mensual) y le pido que visite a Diego Rivera y le explique nuevamente que se coloca en una posición cada vez más falsa, y que en estas condiciones no puede negarse a aceptar el pago. Si a pesar de todo se niega, le ruego transmita este pago a la tesorería de Clave, haciéndola constar como la renta que Diego Rivera no ha aceptado. En ese caso, consideraré la actitud de Rivera como una presión moral para for­zarme a mudarme de su casa inmediatamente, al margen de que hayamos conseguido otra vivienda o no.

Fraternalmente suyo,

 

L. Trotsky

 

Posdata: La afirmación de que la casa pertenece a Frida Rivera y no a Diego Rivera no tiene sentido ni valor. Diego Rivera disponía libremente de la casa, hizo nuevas adquisiciones, reconstrucciones, etcétera. Esa afirmación es sólo un subterfugio para complicar una cuestión muy simple.



[1] Fue gracias a la intervención de Rivera que Cárdenas permitió la entrada de Trotsky a México. Trotsky y su esposa vivieron en la casa de Frida Kahlo desde su llegada a México hasta que Rivera rompió con la Cuarta Interna­cional. A principios de mayo de 1939 se fueron del hogar de los Rivera en la Avenida Londres a una casa en la Avenida Viena.



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