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Carta circular número uno[1]

 

 

21 de junio de 1930

 

 

 

A todas las secciones de la Oposición de Izquierda Internacional

Estimados camaradas:

 

Las líneas de comunicación entre las secciones nacionales de la Oposición de Izquierda comunista siguen siendo extremadamente endebles. Todavía no se ha publicado el Boletín Internacional. Sin embargo, siguen acumulándose importantes problemas tácticos que exigen resolución. La correspondencia individual con los camaradas es cada vez menos adecuada para este propósito. En este momento no veo otro recurso que el de dirigirme a todas las secciones nacionales a través de esta carta, en la que respondo a una serie de preguntas que se me han planteado en varias cartas y además planteo yo mismo algunas que, en mi opinión, merecen que se las discuta en forma colectiva.

1. La Oposición está perdiendo mucho tiempo. Esto se ve muy claramente sobre todo en la formación de la Oposición Internacional. No quiero acusar a nadie. Quiero hablar de nuestros errores por comisión y por omisión, de los que todos somos responsables y que es imprescindible corregir.

Las bases formales para la unificación internacional de la Oposición fueron propuestas hace casi un año. Sin embargo, hasta el día de hoy esta unificación no se ha llevado a cabo. En abril se realizó una conferencia preli­minar en París. Pero han transcurrido dos meses y medio sin que se manifiesten los resultados concretos de esta conferencia.

Se resolvió publicar un boletín de información. Has­ta el momento, no ha aparecido el primer numero. ¿Qué explicación tiene esto? Por supuesto, somos muy débi­les. Pero éste no es el problema principal. ¿Qué decir del tiempo y las fuerzas que la Oposición malgasta para superar esta dispersión de fuerzas, para responder pre­guntas individuales por medio de la correspondencia privada, para corregir los errores que resultan de la falta de información? Todas estas fuerzas serían mas que suficientes para publicar un boletín internacional semanal. Y ni siquiera menciono el hecho de que existen numerosas fuerzas a las que ignoramos y no utilizamos para nada.

En mi opinión, esta demora de meses -de casi un año- en la formación de una organización internacio­nal se debe principalmente a la falta de comprensión que demuestran muchos camaradas sobre las relacio­nes entre las organizaciones proletarias nacionales e internacionales. La lucha contra el centralismo burocrá­tico ha hecho renacer en ciertos elementos de la Oposi­ción una concepción no marxista de las relaciones entre las secciones nacionales y la organización internacional. Según ésta, las secciones nacionales constituyen los ci­mientos y las paredes, y la organización internacional es el techo que se debe agregar al final. Quien expresó este punto de vista con la mayor ingenuidad fue el grupo vienés Mahnruf,[2] que se negó a ingresar a organización internacional alguna hasta tanto sus propios esfuerzos no le permitieran seguir creciendo a nivel na­cional. ¿En base a qué programa, con qué métodos, con qué bandera aspira este grupo a crecer a nivel nacio­nal? Nadie, aparentemente ni siquiera ellos, lo sabe. Seguramente imaginan que los obreros deberán confiar en un grupo desconocido, carente de principios y que sólo después dicho grupo se ocupará de lo internacional y, con ello, también de lo nacional, porque lo uno sería absurdo sin lo otro.

El grupo italiano Prometeo está muy cerca de esta posición. Entre algunos camaradas franceses y belgas surgió una fuerte corriente de oposición a la organiza­ción internacional “prematura”. Además, esta oposi­ción planteó las mismas posiciones erróneas expuestas más arriba. Es cierto que no siempre se expresó abier­tamente, de manera teórica, este punto de vista. En general, asume la forma de una oposición silenciosa, semiconsciente, expresada en continuas postergacio­nes, en la no realización de las tareas y en una grave pérdida de tiempo. Es necesario poner fin a esta si­tuación.

2. Es imposible dejar de mencionar aquí que la conferencia preliminar de abril no consideró necesario publicar una declaración de principios (declaración, manifiesto o resolución). Ninguna conferencia nacional hubiera actuado de esa manera. ¿Cómo no explicarles a los obreros por qué se realizó la conferencia? Pero en el caso de esta conferencia internacional, los camaradas no tuvieron inconveniente en tomar esta decisión, ba­sándose en razones de índole puramente técnica, y es perfectamente obvio que se cometió un gravísimo error. Un documento internacional de la conferencia, por modesto que fuese, habría sido un arma colosal en manos de cada sección nacional. Se la habría podido pu­blicar o distribuir en forma impresa en las asambleas obreras, etcétera. Es incorrecto explicar la decisión de no publicar ese manifiesto con argumentos de tipo cir­cunstancial, técnico. Las razones técnicas y circunstan­ciales no habrían sido decisivas de haberse prestado la suficiente atención al aspecto principista del problema.

3. La conferencia resolvió publicar un boletín, en lo posible quincenal. Sin embargo, como ya dijimos, han pasado dos meses y medio y no ha aparecido un solo número.[3]

La sola carencia de fuerzas no sirve para explicar este hecho. En general, un boletín exige muy pocas fuerzas adicionales. La creación de un órgano teórico y político internacional supera, por el momento, nuestros medios. Pero no se trata de eso. El Boletín Internacional debería ser un órgano de amplia información y dis­cusión internacionales. Las tres cuartas partes de la correspondencia sobre problemas tácticos y teóricos que intercambian los grupos nacionales y los camaradas a nivel individual, tendrían cabida en el boletín. Las actas de las secciones nacionales constituirían su contenido principal. Para realizar esta tarea, bastaría con crear una oficina técnica editorial. Y contamos con las fuerzas necesarias, sobre todo en París, donde, además de la organización francesa, hay grupos españoles, húnga­ros, italianos, judíos e indochinos. Allí también residen camaradas de otras nacionalidades. A partir de estos grupos, se podría crear perfectamente un consejo edi­torial internacional para el boletín, que trabajaría bajo la dirección general del Secretariado Internacional. Las faltas y errores de un consejo editorial joven, inevita­bles al comienzo, se corregirían con el tiempo. En todo caso, si nos hubiéramos abocado a esta tarea seis meses atrás, hoy contaríamos seguramente con un buen bole­tín semanal que sería el eje de toda la vida intelectual de la Oposición Internacional. La forma organizativa indicada más arriba no sólo garantizará su aparición re­gular; también le permitirá al consejo editorial ser independiente, lo que es indispensable sobre todo cuando se trata de una publicación internacional informativa y de discusión.

Escribimos con frecuencia (y con toda razón) que la Comintern deja pasar las situaciones revolucionarias. En el caso de la Oposición, dejar pasar el tiempo es un pecado de la misma índole, aunque en menor escala. Para no dejar pasar las situaciones revolucionarias en el futuro, es necesario no dejar pasar las situaciones cotidianas. No dejemos para el futuro indeterminado lo que debemos hacer hoy.

4. Recientemente se produjeron graves disputas en la sección alemana, que culminaron con la renuncia de los camaradas Neumann, Joko y Grylewicz a sus puestos de dirección. Esta actitud, igual que las actitudes que la precedieron, reviste realmente el carácter de una auténtica intriga literaria y burocrática clásica. Los ca­maradas mencionados no aclararon las razones princi­pistas que motivaron su renuncia. Todos los esfuerzos tendientes a corregir esta actitud errónea fueron vanos. Estos camaradas, naturalmente, se pondrán ahora a buscar las razones “principistas” que motivaron su actitud, o sea que seguirán la misma senda que Paz, quien empezó provocando peleas literarias, las adornó con un galimatías teórico y terminó desertando.

Desde luego, debemos apoyar a la actual dirección de la Oposición Unificada de Alemania y concentrar nuestros esfuerzos para ayudarla a realizar trabajos responsables. Pero con esto no basta. Tenemos que extraer de lo ocurrido las conclusiones generales, tanto principistas como prácticas.

Ya se dijo más de una vez que los elementos que in­gresaron en la Oposición en el pasado no eran únicamente marxistas revolucionarios que se acercaron por razones principistas, sino que entraron también ele­mentos individualistas, pequeñoburgueses y lúmpenes, incapaces de tolerar la disciplina y realizar el trabajo co­lectivo. Podría hacerse toda una lista de ejemplos. Por otra parte, debido a que durante algunos años la Opo­sición ha llevado una vida puramente literaria, cultivó en sus filas círculos cerrados y una arrogancia literaria cuyos cultores se caracterizan por no prestar atención a las organizaciones obreras. El hecho de estar continuamente en la oposición puede servir y sirve de caldo de cultivo al engreimiento y los aires de grandeza y atrae a esa clase de gente que siempre utiliza los términos “masas”, “proletariado”, “masas”, pero jamás presta atención a los representantes individuales de las masas, ni siquiera a los que integran las propias filas, ni tratan de acercarlos y trabajar con ellos con base en una verdadera democracia partidaria.

Al mismo tiempo, la prensa de la Oposición tiene una tendencia a elevarse por encima de la Oposición y dejarse guiar exclusivamente por las posiciones de unos pocos redactores. Se trata de una situación peligrosa a la que es necesario combatir desde el comienzo, porque constituye una de las fuentes más peligrosas de buro­cratismo. Los medios para ejercer un control firme so­bre la prensa y los medios para reeducar a los periodis­tas de la Oposición en el espíritu del colectivismo pro­letario difícilmente podrían ser, hoy, los mismos en to­dos los países. Pero si se comprende claramente que el problema existe y se busca cómo combatirlo, se puede tomar medidas.

Por ejemplo, formar comités obreros de prensa. Es­tos comités deberían reunirse periódicamente, tener acceso a la correspondencia dirigida a los redactores, escuchar y analizar todos los comentarios que reciben los editores y éstos, cuando el comité lo solicite, deberían publicar las resoluciones del comité. Si éstos están bien organizados, pueden convertirse en una herra­mienta indispensable para la reeducación proletaria de los editores así como para la educación teórica de los obreros que los integran. Creo que los periódicos de la Oposición habrían hecho bien en muchos casos si, antes de publicar sus artículos, se los hubieran leído a los obreros “de base”, no para instruir a los obreros sino para aprender de ellos cómo escribir para los obreros. Por eso hay que escuchar atentamente sus preguntas, sus comentarios, cómo desarrollan sus ideas, los ejem­plos que utilizan, etcétera.

5. En la práctica, el problema de importancia primordial - la relación entre la Oposición de Izquierda comunista y el partido oficial - no admite siempre y en todos los casos una respuesta clara y precisa. Ningún militante de la Oposición defiende una orientación tendiente a crear un segundo partido.[4] Pero no basta con rechazar una posición incorrecta. Es necesario bregar activamente para lograr una correcta; es decir, plantear una línea clara y acertada para la re­generación del partido oficial.

Los partidos comunistas son producto de aconteci­mientos tales como la guerra mundial, la traición de la socialdemocracia, la Revolución Rusa y la crisis revolucionaria de la sociedad capitalista de posguerra. Son cuatro factores monumentales, cuya combinación posi­bilitó la rápida formación y desarrollo de la Comintern.

Es cierto que el impacto de los factores arriba men­cionados ha disminuido. Pero creer que dichos factores, junto con las tradiciones, vínculos y organizaciones de masas a los que dieron lugar, pueden cambiar sin que se produzcan nuevos acontecimientos de igual magnitud, bajo el efecto de discursos y artículos, es de­mostrar un funesto subjetivismo literario, una falta to­tal de comprensión de la dialéctica del desarrollo polí­tico de la clase, al estilo de Souvarine.

Indudablemente la mala dirección ha debilitado y sigue debilitando al partido comunista. Pero la inter­minable crisis de la sociedad capitalista y la política traidora de la socialdemocracia empujarán cada vez más a los obreros hacia la bandera comunista. Sólo la caída de la república soviética, que sería la mayor de las catástrofes para todo el proletariado mundial, podría crear una situación fundamentalmente nueva. La Comintern quedaría reducida a polvo y los revolucionarios proletarios tendrían que volver a empezar en muchos casos. Pero nuestro objetivo, a pesar de lo que dicen los mentirosos a sueldo de la burocracia, no es provocar la caída del poder soviético sino luchar por su regenera­ción, fortalecimiento y defensa. Y lo mismo se aplica al partido comunista oficial.

Por lo que puedo comprobar, nuestros camaradas alemanes tienen una posición perfectamente correcta al respecto: para ellos, el Partido Comunista oficial es su partido. Durante las elecciones ( por ejemplo, en Sajonia ) realizan una enérgica campaña por la fórmula partidaria. Al mismo tiempo, con base en esta colabora­ción, libran una lucha implacable contra la dirección y su política.

El camarada Roman Well[5] me escribe que algunos camaradas franceses reconocen que esta táctica es co­rrecta para Alemania, pero la consideran inaplicable en Francia, porque el Partido Comunista Francés es más débil y está en continua decadencia. Considero que esta forma de plantear la cuestión es falsa y políticamente peligrosa. En Francia, todas las dimensiones de la or­ganización fueron y son menores que en Alemania, pe­ro ello no constituye una diferencia fundamental. El Partido Comunista Francés obtuvo más de un millón de votos en las elecciones legislativas (basándose exclu­sivamente en el sufragio masculino); durante la repre­sión los obreros hicieron colectas muy grandes para l’Humanité; el periódico tiene una circulación de cien mil ejemplares, etcétera. Cerrar los ojos ante esos he­chos y minimizar su importancia es autoengañarse, na­da más. La orientación de la Oposición francesa en re­lación al Partido Comunista puede y debe ser la misma que la orientación de la Oposición en Alemania. El otro camino es el de Souvarine. Una línea política no conoce posiciones intermedias. El camino intermedio sólo con­ducirla a la confusión.

Los éxitos, indiscutiblemente grandes, que ha lo­grado la Oposición francesa habrían sido mayores aun, habrían impactado mucho más a los obreros franceses, si durante la gran represión dirigida contra el partido la Oposición se hubiera solidarizado con éste de manera más firme, decidida y agresiva contra el gobierno y ante las masas. No lo hicimos y fue un grave error. Lo mismo es cierto de las campañas electorales. No basta con sen­tar el principio de renunciar a los candidatos propios. Es necesario demostrar a los obreros comunistas que hacemos todo lo que está a nuestro alcance por asegu­rar la victoria de los candidatos oficiales, es decir, que actuamos como si fueran nuestros propios candidatos.

El camarada checoslovaco Zvon cita el manifiesto de la Oposición alemana a los obreros (Deberían ayudar­nos a corregir el rumbo del partido[...]) y opina que los camaradas checoslovacos emplearán otro tono: “Los obreros nos conocen poco -escribe-, no tienen por qué confiar en nosotros y por eso nosotros no tenemos derecho a exigirles que nos apoyen como si fuéramos ‘salvadores’.” Desde luego, la esencia del problema no reside en tal o cual formulación. Ya dije que la orien­tación de los camaradas alemanes hacia el partido pare­ce justa. Pero la formulación del camarada checoslovaco incluye una consideración política y psicológica fundamental. Decir a los obreros comunistas, en nombre de un grupo joven que hasta el momento no es bien conocido (lo que es cierto para toda la Oposición): “He­mos asumido la tarea de construir un buen partido para ustedes; sígannos”, revela una falta de comprensión, tanto de la situación objetiva como de la psicología de los obreros revolucionarios. Los obreros franceses, que han aprendido de su pasado, tienden menos que nadie a dejarse arrastrar ingenuamente por el mesianismo li­terario, y tienen razón. La posición correcta podría for­mularse de la siguiente manera: “Camaradas obreros, queremos ayudarles, es decir, combatir codo a codo con ustedes en la base, emplear nuestras fuerzas conjuntas para corregir errores, barrer a los dirigentes inservibles y regenerar el partido.” Respecto de este proble­ma, no hay posición más perjudicial que la posición equívoca, evasiva y reticente.

6. Nuestra prensa informa, quizás menos de lo que debería, sobre la vida interna de la Oposición. Desde luego, no todo se puede decir abiertamente; por eso es tan importante el intercambio de informes a través del Boletín Internacional. Hasta el momento es muy poco lo que sabemos acerca de la participación de la Oposi­ción en las manifestaciones de masas del 10 de mayo, los errores cometidos, los éxitos registrados. Las expe­riencias de los camaradas en las campañas electorales también merecen explicaciones más detalladas y críticas.

Lo que necesitamos es la autocrítica honesta y a la vez crítica a escala internacional. La Liga Comunista de Francia realizó una movilización audaz: una manifestación callejera contra la sangrienta represión en Indochina. Por lo que pudo saberse, la ejecución de esta acción suscitó diferencias entre los camaradas franceses. La cuestión es lo suficientemente importante como para que el conjunto de la Oposición Internacional esté informada de la experiencia y los desacuerdos de los camaradas franceses. Es la única manera en que el ala izquierda se puede educar y templar.

7. La Oposición necesita un régimen interno demo­crático. Los cuadros no podrán educarse si el conjunto de la Oposición no debate todos los problemas, sin te­mor a la “falta de preparación”, a las insuficiencias teóricas, etcétera. Los revolucionarios crecen a medida que sus tareas adquieren mayor envergadura. Los pro­blemas de táctica revolucionaria general, como los pro­blemas internos de la Oposición, deberían ser propie­dad de todos los militantes de la organización. La ex­periencia demuestra con suficiente claridad que las decisiones tomadas en los pasillos y las deliberaciones realizadas en círculos cerrados no rinden fruto, no conducen a nada. Las bases de la Oposición deben estar informadas de todas las cuestiones, incluso de las que están en disputa: sólo así podrá cambiarse inmediata­mente la situación, introducir claridad, obligar a cada militante a según sus pensamientos hasta sus últimas conclusiones y, así, avanzar.

Contra la arrogancia literaria, contra la política de los círculos estrechos, por la verdadera democracia dentro de la Oposición: estas son nuestras consignas principales.

 

Con saludos comunistas,

 

L. Trotsky



[1] Carta circular número uno. De los archivos de la Liga Comunista Internacional. Traducido del francés [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] Russel Block. En su correspondencia privada con Naville y otras personas, Trotsky había fustigado al Secretariado Internacional por su falta de seriedad. Esta carta, dirigida a las secciones y militantes de la Oposición de Izquierda, debía servir de acicate para que el Secretariado llevara a cabo esas resoluciones de la reunión del 6 de abril. Poco después apareció el primer número del Boletín Internacional.

[2] El grupo Mahnruf, conocido así por su periódico Der Neuer Mahnruf [El nuevo llamado], se llamaba oficialmente “Oposición Comunista de Austria”.

[3] Posiblemente el primero aparezca en breve. Pero esto, desde luego, no cambia nada, porque no existe le menor garantía de que en el futuro se plantee correctamente el problema. [Nota de León Trotsky]

[4] Aquí debo mencionar que hace un año planteé en forma condicional que las oposiciones belga y estadounidense podrían evolucionar hacia su constitución en partidos. En ambos casos formulé un pronóstico errado, debido a la falta de información. [Nota de León Trotsky.]

[5] Roman Well y Senin: seudónimos de los hermanos Sobolevicius, que ocuparon puestos en la dirección de la Oposición alemana hasta fines de 1932, cuando provocaron la ruptura pro stalinista (véase Escritos 1932-33). Well se radicó en Estados Unidos con el nombre de doctor Robert Soblen. En 1962 fue acusado ante la justicia de ser agente del espionaje soviético y se suicidó.



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