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Carta al plenario del comité central

 

León Trotsky

15 de enero de 1925

 

Extraido de León Trotsky, the Challenge of The Left Opposition (1923-1925), Pathfinder, New York, 1988 (Tercera edición) y traducido especialmente para esta edición por Analí Trevín. 

Nota: Luego de movilizar contra él a las células del partido dentro del ejército, el triunvirato llamó a una sesión plenaria del Comité Central para tratar la “cuestión Trotsky”. Trotsky no asistió al plenario, sino que le envió una carta en la cual explicaba su silencio y se defendía de las denuncias que circulaban en su contra. El texto oficial de la carta de Trotsky y la resolución del Comité Central por la cual se lo separaba de su puesto como comisario de guerra fueron publicados en inglés en Inprecorr, el 7 de febrero de 1925. La traducción, editada ligeramente por cuestiones de estilo, se emplea aquí.[1]

 

 

 

Queridos camaradas:

El primer punto del temario del próximo plenario del Comité Central es la cuestión de las resoluciones por parte de organizaciones locales sobre la “conducta” de Trotsky. Debido a mi estado de salud, no podré participar del trabajo del plenario, pero creo que podré contribuir al esclarecimiento de esta cuestión por medio de las siguientes observaciones:

1. Consideraba y aún considero que puedo plantear en esta discusión una cantidad significativa de referencias de principio y de hecho sobre la acusación que se me hace: que mi objetivo es el de “revisar el leninismo” o “minimizar” el rol de Lenin. Me he abstenido de hacerlo, sin embargo, no sólo por mi estado de salud, sino también porque en el contexto de esta discusión, toda declaración hecha sobre este asunto, sea cual fuere su contenido, carácter y tono, sólo serviría como impulso para intensificar la controversia, para transformarla desde una controversia unilateral a una controversia bilateral, otorgándole un carácter más agudo.

Aún ahora, al medir todo el progreso de la discusión, y a pesar del hecho de que durante ella, muchas acusaciones falsas y hasta monstruosas se han planteado en mi contra, considero que mi silencio fue correcto desde el punto de vista de los intereses generales del partido.

2. Sin embargo, bajo ninguna circunstancia admitiré la acusación de que estoy abogando por una política especial (“trotskismo”) y de que procuro revisar el leninismo. La convicción que se me adjudica – la alegación de que no me acerqué al bolchevismo sino que el bolchevismo se acercó a mí – es sencillamente monstruosa. En mis “Lecciones de Octubre”, afirmé francamente que el bolchevismo se preparó para su rol en la Revolución por medio de una lucha irreconciliable no sólo contra los narodnikis y los mencheviques, sino también contra los “conciliadores”, es decir, la tendencia de la cual yo formaba parte. En ningún momento durante los últimos ocho años se me ha ocurrido considerar ninguna cuestión desde el punto de vista del “trotskismo”, el cual he considerado y considero aún que se ha liquidado políticamente hace mucho tiempo. Más allá de que tuviera o no razón con respecto a cualquier otro asunto que se planteara ante el partido, siempre he intentado resolverlos de acuerdo con las experiencias teóricas y prácticas generales de nuestro partido. Durante todo este tiempo, nadie me ha dicho en ningún momento que alguno de mis pensamientos o alguna propuesta hecha por mí indicaran una tendencia especial, es decir, el “trotskismo”. De modo muy inesperado por mí, esta expresión surgió durante el transcurso de la discusión sobre mi libro, 1917.

3. En relación con esto, la cuestión de la apreciación del campesinado es de la mayor importancia política. Niego absolutamente que la fórmula de la “revolución permanente”, que se aplica enteramente al pasado, me haya llevado de modo alguno a la adopción de una actitud negligente hacia el campesinado en las condiciones de la Revolución Soviética. Si en algún momento he tenido ocasión desde la Revolución de Octubre, por razones personales, para remontarme a la fórmula de la “revolución permanente”, fue sólo en referencia a la historia del partido, es decir, al pasado, y no se relacionaba con la cuestión de las tareas políticas del presente. En mi opinión, el intento por construir una contradicción irreconciliable sobre este punto no se justifica ni por los ocho años de experiencia de la revolución, que hemos atravesado juntos, ni por las tareas del futuro.

Rechazo en igual medida las declaraciones y referencias a mi actitud “pesimista” hacia nuestro trabajo de construcción socialista frente al retraso en el avance de la revolución en el oeste. A pesar de todas las dificultades que surgen del hecho de estar rodeados por el capitalismo, los recursos económicos y políticos de la dictadura de los soviets son muy grandes. Es una idea que he desarrollado y argumentado repetidas veces a pedido del partido, en especial en los congresos internacionales, y considero que esta idea preserva toda su fuerza para el presente período de desarrollo histórico.

4. No he hablado ni una vez sobre las cuestiones controvertidas decididas por el XIII Congreso del partido, ni en el Comité Central ni en el Consejo de Trabajo y Defensa, y ciertamente no he hecho nunca propuesta alguna por fuera de las instituciones de la dirección del partido y de los soviets que hubieran replanteado de modo directo o indirecto las cuestiones que ya habían sido decididas. Luego del XIII Congreso, surgieron problemas nuevos – para ser más claro, se definieron – de carácter económico, soviético e internacional. La resolución de estos problemas planteaba un problema excepcional. El intento de presentar cualquier tipo de “plataforma”, en un sentido opuesto al trabajo del Comité Central en la resolución de estos problemas, era absolutamente ajeno a mis pensamientos; para aquellos camaradas que estuvieron presentes en las reuniones del Politburó, el plenario del Comité Central, el Consejo de Trabajo y Defensa, o el Comité Militar Revolucionario de la U.R.S.S., esta afirmación no requiere de prueba alguna. Las cuestiones controvertidas resueltas en el XIII Congreso que fueron replanteadas en el transcurso de la última discusión no sólo carecían de relación con mi trabajo, sino que también, según mi conocimiento, carecían de relación con las cuestiones prácticas de la política partidaria.

5. En la medida en que mi prefacio para mi libro, 1917 [2], ha servido como terreno formal para la reciente discusión, considero necesario, en primer lugar, repudiar la acusación de que publiqué mi libro, según se ha dicho, a las espaldas del Comité Central. De hecho, mi libro fue publicado (mientras recibía tratamiento en el Cáucaso) bajo los mismos términos y condiciones que todos los demás libros, sean míos o de otros miembros del Comité Central, o de otros miembros del partido en general. Por cierto, le compete al Comité Central establecer alguna forma de control sobre las publicaciones del partido, pero no he trasgredido de ningún modo y en ninguna medida las formas de control que se han establecido hasta ahora, y por supuesto, no tuve ninguna razón para transgredirlas.

6. “Lecciones de Octubre” representa un desarrollo mayor de las ideas que he expresado a menudo en el pasado y en especial durante el último año. Enumeraré aquí sólo los siguientes discursos y artículos: “Camino a la revolución Europea” (Tiflis, 11 de abril de 1924); “Perspectivas y tareas en Oriente” (21 de abril); “El Día del Trabajador en Oriente y Occidente” (29 de abril); “Ante un nuevo giro” (la presentación a Los primeros cinco años de la Internacional Comunista); “¿Qué etapa estamos atravesando?” (21 de junio); “Problemas de la guerra civil” (29 de julio).

Todos los discursos enumerados arriba fueron en respuesta a la derrota de la revolución alemana en el otoño de 1923, y se publicaron en Pravda, Izvestia y otras publicaciones. Ni un sólo miembro del Comité Central como tampoco del Politburó me ha señalado ningún problema con estos discursos, ni me ha hecho el editor de Pravda comentario alguno sobre estos discursos, como tampoco ningún intento por señalarme algún aspecto de los discursos con el que estuviera en desacuerdo.

Por supuesto, nunca he considerado como “plataforma” mi análisis de Octubre en relación con los acontecimientos en Alemania, y nunca creí que sería considerado por nadie como “plataforma” - algo que nunca fue y nunca podría ser.

7. Debido al hecho de que los cargos que se me adjudican mencionan un número de libros, incluso muchos que han sido publicados en varias ediciones, considero necesario afirmar que no sólo nunca indicó el Politburó en su conjunto que alguno de mis artículos o libros podrían ser interpretados como una “revisión del leninismo”, sino que tampoco me lo indicó ningún miembro del Comité Central. Esto se aplica especialmente a mi 1905, que fue publicado durante la vida del Camarada Lenin, se publicó varias veces, fue recomendado cálidamente por la prensa del partido, fue traducido por el Cominterm a idiomas extranjeros, y se está utilizando en este momento como la principal evidencia para la acusación de revisión del leninismo.

8. Mi propósito al presentar estas observaciones, tal como afirmé al comienzo de esta carta, es uno sólo: principalmente el de asistir al plenario en la resolución de la cuestión que se plantea como el primer punto del temario.

Con respecto a la declaración, repetida durante la discusión, de que procuro asegurarme “una posición especial” dentro del partido, que me rechazo la disciplina, que me niego a realizar trabajos encargados por el Comité Central, etc., declaro categóricamente, sin entrar en una investigación del valor de estas declaraciones, que estoy preparado para realizar cualquier trabajo que me confíe el Comité Central en cualquier puesto y bajo cualquier forma de control partidario.

No existe ninguna necesidad en particular, por ende, de señalar que luego de la reciente discusión, los intereses de nuestra causa exigirían mi pronta separación de las tareas de presidente del Comité Militar Revolucionario.

En conclusión, creo necesario agregar que no partiré de Moscú antes del plenario, para que, en el caso de que fuera necesario, me sea posible responder a cualquier pregunta o dar cualquier explicación requerida.

L. Trotsky

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[1] Nota del editor de la versión en inglés

[2] Se refiere a la edición de sus Obras de 1917, cuyo prólogo es el ensayo conocido como Lecciones de Octubre. (N. de E.).



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