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Artículo en Arbeiderbladet[1]

 

 

Publicado el 26 de julio de 1935

 

 

 

En la Revolución Bolchevique Rusa de 1917, en los años de la guerra civil que siguió hasta 1920 y en los siguientes, decisivos para el régimen soviético, hubo dos grandes dirigentes, sólo dos que realmente merez­can este nombre de dirigentes: Lenin y Trotsky. Hubo muchos otros jefes y oficiales, uno de los cuales -Sta­lin- se ha erigido en dictador único del estado soviéti­co (cosa que Lenin nunca fue y Trotsky nunca quiso ser), pero Lenin y Trotsky fueron dirigentes revolucio­narios de tipo especial.

En la actualidad, Trotsky esta convaleciendo en la casa del editor Konrad Knudsen, cerca de Honefoss;[2] llegó a Noruega hace poco, tras el permiso del gobierno laborista. Un cronista de Arbeiderbladet, acompañado de algunos miembros del partido, visitó al antiguo gran dirigente de la revolución.

 

Está enfermo pero no quebrado; tiene en preparación una gran biografía de Lenin

 

Trotsky está aun un poco débil y la semana pasada sufrió una recaída. Pero no esta quebrado; su vitalidad es asombrosa, teniendo en cuenta todo lo que ha sufri­do; es un hombre que de ninguna manera ha dicho su última palabra y que tiene mayores esperanzas de re­cuperar su salud gracias a su estadía en Noruega. Den­tro de pocas semanas, el médico de cabecera de Trotsky vendrá a Noruega desde París, y junto con un médico noruego examinaran cuidadosamente al paciente y planificarán el próximo tratamiento. Se espera que con el tiempo esto le devolverá la salud.

Conversar con Trotsky es una experiencia memora­ble. Puede haber distintas apreciaciones de sus actos y posiciones, pero entre aquellas personas cuyos conocimientos las autorizan a formular una opinión, habrá pocas que nieguen que es uno de los grandes personajes de la historia. Ha sido un gran hombre de acción pero es también un notable pensador. Sus libros son profundos y, a la vez, de estilo brillante. Desde hace tiempo Tiden Norsk Forlag viene negociando la publi­cación de algunos libros de Trotsky en noruego y posi­blemente se obtenga un acuerdo. Su obra en tres tomos sobre la Revolución Rusa ya es un clásico, publicado en grandes ediciones en numerosos países. En la actuali­dad, cuando las circunstancias se lo permiten, Trotsky prepara una larga biografía de Lenin. Hablamos de ello.

"En mi manuscrito Lenin ha alcanzado los veintitrés años de edad -dice Trotsky-. Ya terminé una terce­ra parte y he reunido, que todavía no he empezado a trabajar, el material para los dos tercios restantes. La obra será editada en uno o dos tomos, y tendrá por lo menos seiscientas paginas".

 

El conflicto ítalo-etíope podría ser el prólogo de una nueva guerra mundial

 

La conversación se deriva hacia los acontecimientos históricos mundiales, que Trotsky sigue de cerca, pero, tratándose de declaraciones para la prensa, actúa muy cautelosamente debido a las cláusulas de su visa. Sin embargo, puede expresarse en torno a cuestiones gene­rales de carácter histórico o socialista, y en el transcurso de la conversación pudimos obtener declaraciones de gran interés.

La primera se refiere al peligro de guerra en rela­ción con la campaña de Italia en Etiopía. ¿Conduce hacia una nueva guerra mundial?

"Es muy difícil predecir -dice Trotsky- pero yo diría que sí, dado que la inminente guerra entre Etiopía e Italia tiene la misma relación con una nueva guerra mundial, que la guerra de los Balcanes en 1912 con la Guerra Mundial de 1914-1918. Antes de que pueda estallar una nueva gran guerra las potencias ten­drán que tomar una posición y, en este sentido, la guerra ítalo-etíope definirá posiciones y mostrará coali­ciones. Es imposible predecir si la gran guerra estalla­rá en tres, cuatro o cinco anos. Debemos prepararnos para un lapso breve, no prolongado."

 

¿Habrá guerra entre la Unión Soviética y Japón próxi­mamente?

 

"¿Cuál es, exactamente, la posición de la Unión Soviética?"

"La Unión Soviética enfrenta sus propios peligros en el Lejano Oriente. El impulso expansionista del mili­tarismo japonés es muy grande; y la actual política de Tokio es poco predecible. A pesar de que la Unión So­viética realmente desea la paz, podría estallar una guerra entre ésta y el Japón dentro de un año. Posiblemente este último logre algunos éxitos iniciales en esa guerra. Pero la perderá inexorablemente, aunque no sean sino en virtud de la situación interna del país. La diplomacia de la Unión Soviética constituye indirec­tamente un punto de apoyo para Italia, que se recuesta sobre Francia y la Unión Soviética. En el terreno inter­nacional, el gobierno de la Unión Soviética se ha convertido en una potencia conservadora. Es partidaria del statu quo, enemiga del cambio. Pero no ha levantado un dedo para defender el statu quo en Etiopía. Es una ironía de la historia."

 

El trabajo y las vicisitudes de Trotsky

 

Trotsky no quiso explayarse más al respecto, aun­que resultaba evidente que tenía posiciones definidas respecto a toda una serie de cuestiones. Desviamos la conversación hacia la historia de la Revolución Rusa y hacia su intervención en ésta y mencionamos, entre otras cosas, el mito que algunos tratan de difundir de que en realidad el Ejército Rojo triunfó, no debido a Trotsky, sino a pesar de la dirección de Trotsky. El son­ríe y dice:

"A ciertos personajes de la cúpula soviética les pasa lo mismo que al hombre que se enriquece en Nor­teamérica: tiene que inventarse un árbol genealógico. Cuando un nuevo estamento burocrático llega al poder, crea su propia genealogía y prehistoria. Distorsiona el pasado para que le resulte favorable.

"Fui miembro del Buró Político entre 1917 y 1927.[3] A principios de 1928 fui exiliado al Asia Central en virtud de una medida administrativa; allí permanecí durante un año, hasta que a principios de 1929 fui deportado a Turquía. Residí allí hasta 1933, cuando el efímero gobierno de Daladier me otorgó una visa para Francia, donde residí durante dos años".[4]

 

De todas maneras el mundo avanza

 

Señalamos que la mayoría de los bolcheviques de la vieja guardia están muertos o se encuentran en el exi­lio,[5] y Trotsky dice:

"Quienes hicieron la revolución no obtuvieron bene­ficios de la misma. Sin embargo, ha habido un pequeño avance en el mundo. La diferencia radica en que antes, como en la Revolución Francesa, se decapitaba a los lí­deres de la revolución; ahora se los envía al exilio en Siberia y en otros lugares. La nueva burocracia de la Unión Soviética está integrada por elementos nuevos, algunos de ellos viejos enemigos de la Revolución de Octubre. Me resulta difícil expresarme a este respecto; pero a principios de año, se produjo en Londres una escena verdaderamente shakespeareana: los representantes del movimiento obrero inglés concurrieron a la embajada soviética interesados por el encarcelamiento de Zinoviev y Kamenev.[6] Y allí el embajador sovié­tico Maiski, que antes había sido ministro del go­bierno de Kolchak,[7] les explicó que en realidad ¡los dos viejos dirigentes bolcheviques eran contra­rrevolucionarios!"

 

Acerca del socialismo, la planificación y el control

 

Trotsky no quiso hablar de la situación actual de la URSS, pero se refirió a algunas cuestiones de gran in­terés.

"El pueblo trabajador debe participar en la admi­nistración de la economía si realmente queremos el socialismo, es decir, la producción y toda la actividad económica en beneficio del pueblo" -dice Trotsky-. "No se debe permitir que los burócratas tomen unilate­ralmente todas las decisiones y el pueblo se limite a obedecer: en ese caso, los planes no serán corregidos por aquellos a quienes dichos planes supuestamente deben servir. Bajo el capitalismo, la corrección la reali­za -mejor dicho, la realizaba- la competencia. Bajo el socialismo eso sólo lo puede ejercer el control obrero y campesino. En caso contrario se desarrollan despro­porciones que pueden provocar consecuencias lamen­tables.’’

 

Grandes avances técnicos en la Unión Soviética, pero ésta todavía no es una sociedad sin clases

 

Por lo que respecta a la Unión Soviética, considera que ha logrado grandes avances técnicos, pero el nivel de vida del pueblo no se ha mantenido a la par de di­chos avances. Aun no existe allí una sociedad sin cla­ses, y últimamente se ha alejado del objetivo socialista. La diferenciación social ha aumentado en lugar de disminuir. El papel desempeñado por la burocracia sigue creciendo. Ha creado una nueva nobleza. Desde el punto de vista económico, es un problema de produc­tividad del trabajo. El triunfo definitivo del socialismo se producirá cuando la productividad del trabajo sea mayor que bajo el capitalismo. Así fue como el capita­lismo derrotó al feudalismo. Pero todavía la producti­vidad del trabajo es más alta en Estados Unidos y en Europa que en la Unión Soviética.

Trotsky no quiso decir nada más al respecto y se negó a hablar de la situación actual de la Unión Soviéti­ca. Pero al final de la entrevista hizo un gran elogio de la naturaleza y de la hospitalidad noruega, además de agradecer la cálida hospitalidad de la familia Knud­sen.

"En el poco tiempo que he estado en Noruega -dice Trotsky- he sido totalmente cautivado por el panorama, las bellezas naturales y el pueblo. No sé si la llamada raza ’aria’ desciende directamente de los noruegos, pero debo decir que esos cuerpos altos y fuertes y esos rostros que trasuntan tanta dignidad pro­ducen la mejor de las impresiones. La naturaleza -al menos en la pequeña parte del país que he conocido hasta el momento- es fascinante y sedante. A cualquiera que busque descanso y recreación, que quiera dedicarse al trabajo intelectual intenso o al deporte, yo le recomiendo de todo corazón que venga a Noruega."



[1] Artículo en Arbeiderbladet. Arbeiderbladet, Oslo, 26 de julio de 1935. Traducido del noruego para la primera edición [en Inglés] de está obra por David Thorstad. El autor del artículo es O. Kolbjornsen, direc­tor del periódico; también estaban presentes, y formularon preguntas, Martin Tranmael, dirigente del Partido Laborista noruego, y el ministro de justicla Trygve Lie. Trotsky se refirió a está entrevista en diciem­bre de 1936, ante un tribunal noruego, para confirmar su versión sobre las condiciones impuestas por el gobierno noruego para su visa (véase "En el tribunal a puertas cerradas"). Arbeiderbladet era el órgano de prensa del Partido Laborista noruego.

[2] Konrad Knudsen: director de un periódico socialista noruego, alojó a Trotsky durante su estadía en Noruega.

[3] El Buró Político: organismo de máxima autoridad del PC ruso, aunque teóricamente estaba subordinado al comité central.

[4] Edouard Daladier (1884-1970): miembro del Partido Radical Socialista, fue primer ministro de Francia desde 1933 hasta 1934, pero re­nunció después de un intento de golpe de estado fascista. Fue ministro de guerra de León Blum, luego primer ministro nuevamente y firmó el Pacto de Munich con Hitler en septiembre de 1938.

[5] Los viejos bolcheviques: miembros de la "Vieja Guardia", los que ingresaron al partido antes de 1917.

[6] León Kamenev (1883-1936): apoyó junto con Zinoviev la campaña de Stalin contra Trotsky en 1923, pero formó un bloque con éste en 1926. Expulsado del partido en 1927, capituló; fue readmitido, pero expul­sado nuevamente en 1932. Aunque volvió a capitular, en enero de 1935 fue acusado de complicidad en el asesinato de Kirov y arrestado. El primer gran juicio de Moscú lo condenó a muerte y fue ejecutado.

[7] Ivan Maiski (1884-1975): destacado menchevique de derecha, fue adversario de la Revolución de Octubre. Fue embajador soviético en In­glaterra a fines de la década del veinte, después de haber sido ministro del gobierno antisoviético siberiano de Alexandre V. Kolchak (1874-1920), comandante de uno de los frentes contrarrevolucionarios orien­tales en la guerra civil rusa.



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