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Argumentos complementarios y sugerencias para artículos[1]

 

 

21 de julio de 1934

 

 

 

Si hoy el Partido Comunista abriese las puertas a nuestros compañeros, ¿los irreconciliables estarían de acuerdo en entrar? ¿Sí o no? Sería hacerles una gran injusticia el suponer que se negarían. De esto surge que algunos de nuestros camaradas ven una diferencia fundamental entre el Partido Comunista y el Socialista, despreciando así nuestro análisis que ha demostrado que estamos ante dos tipos de centrismo: uno, que evoluciona hacia la izquierda; otro, sumido en el estancamiento o que, incluso, se orienta hacia la derecha.

Es en este preciso momento que los acontecimientos van dando una vívida confirmación de este análisis. Abandonando toda crítica, la dirección stalinista declara que su objetivo es la unidad orgánica. Pero, en realidad, lo que está demostrando es que no hay diferencia fundamental entre el PC y el PS. Los camaradas dispuestos a unirse al PC pero que amenazan escindirse si nos unificarnos con el PS revelan no sólo que todavía son prisioneros de su propio pasado y de la terminología tradicional, sino también que no ven la evolución real de ambos partidos y sus actuales condiciones.

En principio, todos los miembros de la Liga deberían estar preparados a unirse con la organización de Saint-Dénis. Por otra parte, los compañeros que han tratado con esa organización reconocen unánimemente el nivel extremadamente bajo de desarrollo ideológico de sus miembros. En su actuación, Doriot evidencia que no está más cerca del marxismo que Marceau Pivert o, incluso, el propio Ziromski. Sólo que la organización de Saint-Dénis es más conservadora y aun más empapada de prejuicios paralizantes que, por ejemplo, el Partido Socialista de la zona de París. ¿Qué argumentos se pueden esgrimir, por un lado, para esta defensa platónica de stalinistas en desgracia como Doriot y, por el otro, para esta aversión hacia una organización socialista que está evolucionando rápidamente en un sentido revolucionario?

Algunos camaradas nos amenazan con la escisión. ¿Qué harían en ese caso? Aún no es posible entrar al PC sin repudiar nuestro programa, cuya corrección es hoy más clara que nunca. Pero negándose a entrar al PS por principio, los irreconciliables, los intransigentes, tendrán que repudiar sus principios para, de todos modos y en última instancia, fusionarse con los socialistas. ¿Cuál es la lógica de todo esto?

Cada día que pasa trae una nueva confirmación de que la política del así llamado frente único, con sus fanfarrias y su hueca publicidad, no cumple otro propósito que el de ocultar a la clase obrera los peligros reales, las tareas reales, y los medios reales para llevarlas a cabo. Es más necesario que nunca plantear las cuestiones concretas de la lucha y sus tácticas.

Es imprescindible preguntar a stalinistas y socialistas si aun tienen la esperanza de que Doumergue, Sarraut y Tardieu desarmen a los fascistas y disuelvan sus bandas. ¿Sí o no? Y si no están adheridos a esa esperanza idiota, ¿qué planean hacer contra los fascistas, que seguramente harán rápidos progresos después del verano? La cuestión de la milicia obrera debe plantearse de la manera más aguda, agresiva y precisa. Es necesario lanzar octavillas con planes para la organización de las milicias obreras. Es necesario publicar el artículo de H. en La Verité sobre la manifestación del 8 de julio e iniciar en el periódico una nueva columna destacada, que tenga que ver con estas cuestiones. Al mismo tiempo, en cada número, es necesario utilizar breves extractos de nuestro programa de acción como consignas políticas.

Todas las secciones [de la Internacional] deben ser ampliamente informadas de la discusión que se da en la Liga francesa. Los camaradas que dicen que el "entrismo" en el PS es parte de una política mundial que indica la liquidación de nuestra organización internacional están completamente equivocados. El entrar al PS -como al ILP en Gran Bretaña- es algo determinado por una situación nacional en particular. No es una cuestión de principios, sino de oportunidad. Pero, si dejamos pasar esta oportunidad, corremos el riesgo, por años y años, de convertir a nuestros principios en algo sin sentido. No hay, ni puede haber, ningún precepto mecánico que obligue a todas las secciones nacionales a entrar a los partidos socialistas. Sería totalmente absurdo tratar de imponer tal política. De todos modos, en otros países se pueden dar situaciones más o menos análogas y todas las secciones deben tener la oportunidad de seguir paso a paso la evolución del debate en la Liga francesa.

 

Van [León Trotsky]

 



[1] Argumentos complementarios y sugerencias para artículos. Con autorización de la Biblioteca de la Universidad de Harvard. Firmado "Van". Traducido del francés [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Robert Cantrick. Este documento fue agregado a las minutas del Comité Central de la Liga francesa.



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