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Acto por la "liberación" de Auschwitz: ´"una ironía de mal gusto"

 

Por Gabriela Liszt

“Las Naciones Unidas, todas las organizaciones que preparan actos para la ocasión, la mayor parte de la prensa mundial hablan en estos días de la ‘Liberación’ de Auschwitz, para mí se trata de una ironía de mal gusto...” Esto dice Jack Fuchs, sobreviviente de Auschwitz, frente a la supuesta “liberación” por parte del Ejército Rojo, el 27 de enero de 1945, de los prisioneros de uno de los más siniestros campos de exterminio, donde murieron en cámaras de gas más de un millón de personas. Al acto realizado en el mismo campo, ubicado en Polonia, concurrieron como representantes de los “liberadores”, el presidente de Francia, Jacques Chirac, el ruso V. Putin y el vicepresidente de EE.UU., D. Cheney. Sin embargo, Fuchs afirma que: “Auschwitz del ’41 al ’45 fue ignorado por los aliados. Los campeones de la libertad, de la democracia y el progreso humano, los líderes del antinazismo estaban ocupados en asuntos de más vasto alcance: se trataba de ganar la guerra. De conquistar hegemonía política, económica y militar en ese escenario europeo devastado por la misma lógica de la guerra. Y en la guerra, como se sabe, las personas no cuentan, no tienen valor. Los aviones aliados sobrevolaron los campos desde 1944: jamás bombardearon una sola cámara de gas, los hornos crematorios jamás fueron concebidos como objetivos militares de guerra….” Fuchs afirma que las primeras víctimas del gas en Auschwitz fueron oficiales y soldados del Ejército Rojo. Numerosos testimonios llegaron a los oídos tanto de los Aliados como del Vaticano. “¿Cómo podía pasar inadvertido que desde el otoño de 1941 hasta noviembre del ’44 Auschwitz había producido un millón seiscientas mil víctimas? (...) No, no fue ningún secreto. No podía serlo. Porque los grandes movimientos de transporte, la enorme energía desplegada en esa máquina de muerte era enteramente visible. Los gobiernos aliados sabían muy bien lo que pasaba. Lo mismo en el frente inglés-americano que en el frente soviético… Los aliados permitieron que durante toda la guerra la matanza se ejecutara sin obstáculos.”1

Estos testimonios son un duro golpe a la falsa visión que dieron y pretenden dar los imperialismos vencedores de que ellos fueron y son los “defensores de la democracia”2, visión también defendida por la socialdemocracia y el stalinismo, y muestra que la Segunda Guerra Mundial, lejos de un enfrentamiento de regímenes (democracia contra fascismo) era una lucha interimperialista por la hegemonía y el reparto del mundo. Aunque los trotskistas eran una pequeña minoría, esta es la posición que sostuvieron, antes y durante la guerra.

Racismo y genocidio: dos herramientas del imperialismo

El objetivo del imperialismo alemán –un imperialismo en ascenso pero sin colonias y enchalecado por las otras potencias- era conquistar Europa occidental y del Este (y de máxima, la URSS) y para ello debía disciplinar a su propio movimiento obrero. Según E. Traverso3, Hitler amalgamó y radicalizó en un solo movimiento tres elementos hasta entonces dispersos: anticomunismo, expansionismo imperialista y antisemitismo. Todos eran funcionales a sus objetivos. No obstante, el racismo no fue sólo distintivo de la ideología nazi. EE.UU. lo aplicó durante la Segunda Guerra, junto al que ya ejercía por décadas sobre la minoría negra o los indígenas, con los norteamericano-japoneses residentes en su territorio: cien mil de ellos padecieron sus campos de concentración. La familia Bush acaba de ser demandada por dos ex trabajadores forzados del campo de Auschwitz, por el financiamiento del abuelo de Bush hasta 1942 de un gran industrial alemán nazi del carbón y el acero. Gran Bretaña y Francia fueron las maestras del racismo en el siglo XIX y XX en sus colonias como la India, Argelia o Indochina. El racismo estuvo en la génesis del imperialismo debido a que era preciso justificar la expoliación y opresión en las colonias bajo un manto de distinción entre una “raza superior” y una “raza inferior”. La época de declinación del capitalismo, inaugurada en la Primera Guerra Mundial, con sus crisis, guerras y revoluciones dio lugar al nazismo, como máxima expresión del bonapartismo, que llevó esta ideología al extremo. Pero sólo pudo hacerlo gracias a la colaboración de la mayoría de las burguesías europeas que (independientemente de su “raza”) administraron las ocupaciones nazis y reprimieron a los trabajadores europeos, los únicos que podían llevar hasta el final la lucha por derrotar a los nazis.

Los campos de exterminio no fueron producto de “mentes retrógradas”. Para Traverso, “Las atrocidades en masa, tecnológicamente perfeccionadas y burocráticamente organizadas, pertenecen únicamente a nuestra civilización industrial avanzada. Auschwitz e Hiroshima no constituyen “regresiones”: son crímenes irremediable y exclusivamente modernos.”4 Símbolo de esta modernidad fue “el gran trust químico IG Farben [que] no solamente utilizó mano de obra esclava en Auschwitz, sino que también produjo el gas Zyklotron B, que servía para exterminar las víctimas de los campos de concentración nazis.”5 Las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, con las que murieron un cuarto de millón de personas, tuvieron objetivos políticos imperialistas6. En febrero de 1945, EE.UU. y Gran Bretaña bombardearon con fósforo a un millón de personas en Dresden (Alemania) haciéndolos arder a 1600º, sin ningún objetivo militar. El genocidio en masa no puede estar ausente en un sistema de explotación de una minoría sobre una mayoría. Dicho de otra forma, para terminar con los genocidios, es necesario terminar con la barbarie capitalista y para ello es necesario la revolución socialista internacional.

Entre los millones que perecieron en los campos de concentración se encontraban un puñado de trotskistas. Algunos de ellos lograron sobrevivir y conformaron una célula en el campo de concentración de Buchenwald con miembros de Francia, Bélgica y Austria y dieron una heroica muestra de internacionalismo en su declaración del 20 de abril de 1945, llamando a la clase obrera alemana a luchar para terminar definitivamente con los restos del estado fascista, expropiando a la burguesía alemana, así como contra la política “aliada” de desmembramiento, por la revolución proletaria en Alemania y por la revolución mundial. Estas son las lecciones dignas de ser recordadas en el 60° aniversario del término de la Segunda Guerra Mundial.

 

1 Página 12, 28/1/05.
2 Como también hicieron con el reciente acto de conmemoración del desembarco aliado en Normandía en agosto de 1944 que “liberó” a Francia de los nazis.
3 Intelectual de origen italiano. Prof. de Ciencias Políticas de la Universidad de Picardie-Amiens.
4 Barbarie y modernidad en el siglo XX, Michael Lowy.
5 Ídem.
6 “... el genocidio... fue llevado adelante por EE.UU. sin otro objetivo, dado que la victoria contra el Eje ya estaba asegurada, que el de una demostración de relación de fuerzas dirigida especialmente a la URSS...”, Guerra y revolución, una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial, ed. CEIP “León Trotsky”, Bs. As., 2004, pág. 29.



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